domingo, 3 de julio de 2011

EL DURO ENTRENAMIENTO DE MARIANO



Se acercan las elecciones, por mucho que se empeñe en negarlo Zapatero, y la actividad se torna vertiginosa. En la sede de Génova el trajín de compañeros que aspiran a futuros cargos de relevancia es constante. Eso sí, todo se realiza con el mayor sigilo posible, procurando que nada estorbe la preparación de Mariano. A nuestro líder le esperan cuatro años de una dura presidencia, en la que deberá adoptar draconianas medidas, y los médicos y los asesores le han recomendado que no haga ni diga nada que pueda perjudicarle en el futuro.
Es muy importante, nos han dicho los expertos, que llegue al día de las elecciones en estado virginal. Puede seguir realizando, como ha hecho hasta ahora, la actividad física habitual, como el tinte de las mañanas o el cuidado de la barba. También es conveniente que no deje la práctica de sus deportes favoritos, básicamente el seguimiento desde el sofá de las largas retransmisiones del Tour de Francia.
Pero lo que más preocupa a nuestros expertos no es lo que pueda hacer, sino lo que pueda decir. Cualquier emisión de una idea fuera de lo establecido en la rigurosa dieta que sigue, desde que hace ocho años lo nombró Aznar candidato, podría provocar un empeoramiento general de su estado de salud política.
Es por este motivo que Mariano se está sometiendo estos días a un duro entrenamiento especialmente diseñado para evitar el mínimo escape ideario. En intervalos de cuatro horas, uno de nosotros, sin previo aviso, entra en su despacho y despertándolo de forma precipitada le suelta una pregunta a bocajarro sobre temas que un periodista no controlado, es decir, que no trabaje para uno de nuestros medios de comunicación, pudiera intentar colar en una entrevista. El temario ha sido elaborado de forma exhaustiva, e incluye temas que van desde la sanidad hasta la economía, pasando por educación o pensiones.
La verdad es que estamos entusiasmados con los resultados obtenidos. A día de hoy ninguno de nosotros ha conseguido sacarle el mínimo detalle de nuestro programa electoral, y eso que en la última semana hemos ampliado las sesiones a la noche. Ayer mismo me tocó a mí hacer guardia en su casa. A las cuatro en punto de la madrugada, como establecía el protocolo, entre precipitadamente en su habitación, encendí las luces y a grandes voces le inquirí: “¿Qué recortes piensa hacer en sanidad cuando esté en el Gobierno?”. Pero sólo recibí como respuesta un zapatillazo en plena cara de su santa esposa. Mariano, sin duda previendo el asalto, dormía plácidamente dentro del armario. Que listo es el jodido.

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