Vaya por delante mi respeto hacia aquellos que se consideran creyentes, recurriendo a la religión, sea ésta cual sea, para reforzar sus creencias, haciendo de sus enseñanzas un modo de vida. Ser consecuente con esas ideas moralmente elevadas, sean religiosas o políticas, trabajar por una sociedad más justa y procurar el bien común, son magnificas motivaciones que mueven al ser humano. Por tanto, que alguien se encomiende a sus santos y vírgenes para conseguir lo que cree justo, no me parece una idea descabellada, si quien lo hace cree firmemente en esos seres a los que dirige sus rezos. Allá cada uno con sus creencias. Podría encomendarse igualmente a cualquier otro dios más o menos menor o en función de lo cercano o lejano de su procedencia, a un pedazo de piedra o bien a un animal que represente a ese ser superior en el que muchos tienden a creer. Dicen los expertos que saben del tema que es necesario creer en algo, que los seres humanos no podemos vivir sin ese “ser superio...