Estoy en el sofá releyendo a Brecht, aquel alemán que tuvo que exiliarse de su patria en 1933 por escribir y decir lo que pensaba, ya mandaba Hitler, aquel grandísimo demonio. Brecht se fue a Dinamarca, a Suecia, a Rusia. Pero también allá, aunque marxista, resultaba molesto por poner en solfa al Estado. Huyó a California, intentó vender guiones para Hollywood. Pero allí les parecíó demasiado rojo a los del Comité de Actividades Antiamericanas y tuvo que salir pitando para Suiza. Bertolt Brecht, Balada del consentimiento a este mundo : “Desde ese día dije que sí a todo: mejor cobarde que hombre muerto, me oí decir. Y sólo por no caer en esas manos, consentí en todo lo que no se puede consentir”. Suena el silbido del guasap. Es Mercedes Arancibia, decana de la prensa escrita española. Conoce muy bien Francia y otros países europeos: tras el 23-F la procesaron en un esperpéntico consejo de guerra por haber informado desde Valencia de las heroicidades golpistas de Milan...