En medio de la polémica sobre si la CIA avisó o no en mayo a los Mossos de un atentado en las Ramblas y el feroz desmentido de la Generalitat y de su responsable policial, Josep Lluís Trapero, el Gobierno ha optado por mantener un clamoroso silencio con el que pretende que las autoridades catalanas se cuezan en su propio jugo y que, de paso, le mantiene a salvo de cualquier responsabilidad en los supuestos fallos de seguridad que se habrían cometido. Como se advertía aquí pocos días después de los atentados, cuando aún parecía corpórea esa fingida unidad entre administraciones, unos y otros habían empezado a jugar irresponsablemente con la tragedia, bien para demostrar que estábamos en presencia de un incipiente Estado, el catalán, que había demostrado su mayoría de edad con la rápida eliminación de la amenaza por parte de su policía, bien para hacer ver que el separatismo es una rémora ante fenómenos globales como el terrorismo yihadista. La unidad era tan mentirosa que se rompi...