Mariano Rajoy mirando sus manos... A Mariano Rajoy ya le llaman por ahí “el manco de Pontevedra”. Y no. No es porque el presidente dedique sus ratos locos a cantar por soleares en un tablao flamenco junto al “quisquilla de Huelva” y el “boquerón logroñés”. El mote tiene retranca. Ya saben, mensaje implícito. Que va con segundas vaya. La cosa viene por esa afición que tiene Mariano de poner la mano en el fuego por todos los crápulas de su cuchipandi que se han visto salpicados por casos de corrupción. A estas alturas la mano de Rajoy es como un lanzallamas. Ahí donde la posa, la credibilidad del individuo avalado por el gesto acaba reducida a cenizas. Más que una extremidad, la mano mariana es una alegoría de una zarza ardiente donde crepitan las reputaciones más trending-basura de los más célebres forajidos populares. Vamos con un ejemplo práctico: Cuando hace poco Rajoy extendió sus cinco dedos...