miércoles, 18 de julio de 2018

LA XENÓFOBA Y POPULISTA PRESIDENTA DE CROACIA

Kolinda Grabar-Kitarovic celebrando un gol de la selección croata

"Kolinda Grabar-Kitarovic ha sido la otra sorpresa de una apoteósica selección croata en el Mundial. La presidenta lució la camiseta del equipo, se abrazó a jugadores propios y ajenos y celebró como una hincha más las victorias de Croacia. ¿Es una presidenta del pueblo, una populista, o una política de extrema derecha?"
La presidenta croata, para quien lo desconozca, se pagó de su bolsillo el viaje al Mundial de Rusia y las entradas para apoyar al equipo nacional. Y viajó en clase turista, como el común de los mortales. Se perdió incluso algún partido por cumbres como la de la OTAN, pero regresó hasta la final. Así generó titulares en todo el mundo, algunos muy sensacionalistas por sus abrazos con el presidente francés, Emmanuel Macron. En nuestro país el diario ABC la presentaba como “madre de familia y amante del deporte” (la primera, una de esas cualidades que brillan por su ausencia cuando se habla de los hombres). El diario AS hablaba de “la presidenta del fair play”. Pero hay otras facetas más allá de la deportiva y desde luego, más allá de la justa.
Aunque ahora se concede mucho valor al gesto poco ortodoxo de celebrar los goles fuera del protocolo, Grabar-Kitarovic, que también descontó de su salario los días que pasó en el Mundial, ha conseguido con estos gestos ganar popularidad. Una estrategia necesaria en un momento en que las encuestas le daban un punto bajo y cuando además el país celebra elecciones el año que viene.
No es casual el alarde de modestia. En 2010 se conoció que mientras desempeñaba el cargo de embajadora en Estados Unidos, utilizó el vehículo oficial para viajes privados y muchos de ellos los hizo su marido. Grabar-Kitarovic devolvió el dinero malgastado de su bolsillo, pero sólo cuando se conoció la noticia.
Como señalaba The Guardian, Grabar-Kitarovic despierta sentimientos encontrados en Croacia, un país de apenas 4 millones de habitantes. Para unos “es una madre patriótica que apoya fervientemente al equipo”, mientras para otros su presencia en el Mundial “fue un ejercicio de relaciones públicas descaradamente hiperpopulista”. Muchos en Zagreb se quejaban el día de la final de que no actuara de una manera más “presidenciable”, de acuerdo con un compañero periodista que cubrió el partido desde la plaza principal de la capital.
Las redes elogian estos días su “feminismo femenino” (los misóginos), su complicidad con el pueblo al vestir la camiseta deportiva de la selección, su desparpajo o su brillo en la fiesta de la masculinidad, como rezaba un titular de El País. Pero el partido de la presidenta, la ultraconservadora Unión Democrática Croata, ganó las elecciones en diciembre de 2014 con un programa con tintes racistas que atacaba directamente a los refugiados. En plena campaña propuso que se construyeran vallas como las de Hungría para evitar la entrada de los migrantes al país, en su huida desesperada a través de los Balcanes.
Grabar-Kitarovic también se opuso a las cuotas de reparto de migrantes que la Unión Europea acordó en 2015 para reubicar a 160.000 refugiados. De los 1.600 que le tocaban, Croacia aceptó sólo a 100, el 6% del total. Aunque su papel como jefa del Estado limita su acción a las relaciones internacionales, Grabar-Kitarovic es la encargada de nombrar al primer ministro que guía la política interior y exterior de Croacia. No decide las iniciativas legislativas del país, pero sí da su opinión en los medios cuando es preguntada, lo que evidentemente influye en el gobierno.
Amnistía Internacional ha criticado en los últimos dos años las discriminaciones que ejerce Croacia: “las personas refugiadas y migrantes que entraron en el país de forma irregular fueron devueltas sin que tuvieran acceso a un proceso de solicitud de asilo efectivo”. La ONG croata Are You Syrious? que lleva años documentando el trasiego de refugiados a través de los Balcanes, denunció que entre enero y abril de 2017 Croacia denegó al menos 30 solicitudes de asilo, incluidas las de familias con niños “por motivos de seguridad”. Como las observaciones a las solicitudes se clasificaron de “confidenciales”, los migrantes no podían recurrir la decisión del Ministerio del Interior.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea señaló hace un año a Croacia que tenía que hacerse responsable de examinar las solicitudes de asilo de todos aquellos refugiados que cruzaron su frontera en masa durante 2015 y 2016. La mayoría eran afganos y sirios que entraron desde Serbia y se quedaron en el país por el rechazo de Eslovenia a aceptar su entrada, después de que Croacia los transportara hasta allí, como contó público en su momento. La intención de Croacia es que pidieran protección internacional en el país vecino, cosa que Eslovenia y Austria denunciaron ante el tribunal europeo.
El último ataque xenófobo contra los refugiados ha sido la Ley de Extranjería, reformada hace un año para prohibir la asistencia a necesidades básicas como la vivienda, la salud, el saneamiento o la alimentación a los inmigrantes en situación irregular. Se salvan sólo personas en “casos de emergencia médica o humanitaria o en situaciones de peligro mortal”, como señala Amnistía Internacional.
Prestar ayuda humanitaria a los refugiados estuvo también a punto de convertirse en un delito penado con multas de hasta 3.000 euros. La propuesta partía del gobierno presidido por Grabar-Karitovic, que quería castigar así a quien alojara a migrantes en situación irregular. Aunque la propuesta no ha salido adelante, la ley sí castiga ahora a quien ayude a entrar o a transitar a estas personas por el país.
Kolinda Grabar-Kiratovic, posando con la bandera del  régimen
pronazi y racista de los ustasha que gobernó Croacia durante la 2ª GM
Por si fuera poco, Grabar-Kitarovic se fotografió hace un par de años con la bandera de la Ustasha, una banda terrorista que se alió con los nazis en 1929 para perseguir a judíos, gitanos, bosnios y serbios musulmanes. Sus miembros buscaban la independencia de Croacia y la creación de un Estado supremacista en el que los croatas estuvieran por encima del resto de “razas”. Grabar-Kitarovic le quitó importancia diciendo que la bandera había ondeado en el Parlamento el día que consiguió la independencia.
El discurso antiinmigración empieza a campar a sus anchas por un país donde sus habitantes, que han visto el paso masivo de refugiados hacia Alemania -ninguno quiere quedarse en Croacia- son cada vez más negativos en cuanto al futuro del país. Sumado a la desconfianza hacia las instituciones, que han protagonizado diversos casos de corrupción en los últimos años. Entre ellos el del empresario Zdravko Mamic, declarado culpable de haber cobrado suculentas comisiones en el traspaso de futbolistas en Croacia, entre ellos el famoso Luka Modric, cuando fue transferido en 2008 del Dinamo de Zagreb al Tottenham. El jugador también fue condenado por falso testimonio en el caso del magnate. Mamic se escapó entonces a Bosnia, de donde no podrá ser extraditado a Croacia porque misteriosamente consiguió la nacionalidad.
La economía croata está lejos de mejorar después de la recesión y el país está a punto de perder la cifra de 4 millones de habitantes por la emigración económica, como señala el filósofo croata Srecko Horvat: “la mayoría jóvenes sin un trabajo que les proporcione un futuro”. En ese ambiente, el concepto de patriotismo se encarna en los deportistas de élite. Y saca a millones a la calle, aunque sea para olvidar que la realidad está muy lejos de la idealización de Grabar-Kitarovic.
Esperanza Escribano

viernes, 13 de julio de 2018

ALFONSO XIII, OTRO BORBÓN CALAVERA Y VIVIDOR

Alfonso XIII

Alfonso XIII fue rey borbón, fumador y putero que hacía trampas en las apuestas de los galgos y tenía halitosis y el barman Emile del Hotel París de Montecarlo le puso su nombre a un cóctel hecho con ginebra y dubonet.
Alfonso XIII financió pelis porno con putas del barrio chino de Barcelona que eran medio pandorgas y bigotudas y fue buen tirador de pichón y de pájara. Por lo demás, era prognato, su labio inferior obedecía a la gravedad, le barruntaba el hocico y tendía a perder dientes. Lo que le gustaba era hacer bastardos con las suripantas, jugar mal al bridge y ponerse uniformes de coracero como si fuera el káiser Guillermo mandando tropas en una guerra bonita y colonial.
Alfonso XIII tuvo su guerra colonial en el moro, pero no le salió bonita porque se le llenó de muertos capaos y se la protestaron en casa y cuando los quintos morían en los blocaos del Rif él estaba en las playas de Deauville, jodiendo modistas. Apreció, sin embargo, que le dijeran el Africano, como a Escipión, igual porque le pareció postizo de reconquista en comparación con el Piernitas, que era como le llamaba el popular por enclenque. Su madre María Cristina, que te quiere gobernar, le decía Bubi, que tampoco es nombre de Miura.
Alfonso XIII intuyó, en cambio, la campechanía borbónica y pensó que reinar era bajar al castizo, comerse un cocido con un simple y contarle dos chistes verdes, pero juraba la constitución por la mañana y por la tarde consentía la dictadura de Primo de Rivera. Al rey Manuel II de Portugal le aconsejó salir en los ecos de sociedad y meterse a sus súbditos en el bolsillo porque “en nuestros reinos no se reina por la tradición, sino por la simpatía y los actos personales del soberano”.
Alfonso XIII fue simpático de oficio, pero sus actos personales eran los de un señorito un poco calavera que salía de noche al cañí a rendir una juerga de peleón y putas y esencialmente se conducía con el sentido de la superioridad natural de quien ha sido rey desde la niñez. Gregorio Marañón dijo que era un botarate educado entre faldas y sotanas y le vio hacer apuestas de mil duros por disparo en el tiro al pichón. Una tarde ganó sesenta mil pesetas porque no era mal tirador y en una cacería en Santa Cruz de Mudela, en Ciudad Real, cobró 450 perdices, 130 conejos y 40 liebres.
Alfonso XIII fue a buscarse novia al extranjero y le arreglaron una cita con la princesa Patricia de Connaught, que le rechazó por feo (según el historiador Juan Balansó) y porque le apestaba el pico a retrete por la halitosis y el rey se trajo a casa a Victoria Eugenia de Battenberg de trofeo de consolación, que era pechugona y rubia. La casó y le atinó siete aciertos que culminaron con irregular suerte y casi no perpetuó la estirpe porque le salieron dos hijos hemofílicos y uno sordo, pero enseguida le perdió el interés y se puso a merendar fuera de casa.
Dejó preñadas a dos institutrices de los infantes, una de ellas era escocesa y sabía tocar el piano, y tuvo dos hijos con la actriz Carmen Ruiz Moragas y otro con Mélanie de Vilmorin que cuando creció se hizo botánico. Carmen Ruiz Moragas debutó en el María Guerrero y estuvo casada seis meses con el torero Rodolfo Gaona, el Califa de León, y el rey le puso un chalet en la avenida del Valle. La leyenda quiere que cuando murió en 1936 de cáncer de útero, se untó los labios de canela y el rey se los besó como el príncipe necrófilo de la Bella Durmiente, pero para entonces ya estaba casada con el periodista comunista Juan Chabás y se había hecho republicana. El rey brioso adornó su lista de queridas con abundamiento y pudo presumir entretenimientos con Celia Gámez y con la Bella Otero, con la marquesa de Craymayel, con Beatriz de Sajonia-Coburgo, con la viuda del duque de Fernán-Núñez y con la bailarina Carmen de Faya, que en un concurso hípico en San Sebastián le regaló sus zapatos de raso en un arranque de fetichismo y él le devolvió flores.
Cuando se iba de putas usaba el nombre de Monsieur Lamy y le gustaban merinas y a medio lavar y encomendó al conde de Romanones la misión de encargarles a los hermanos Baños, propietarios de la productora Royal Films, el rodaje de pelis porno con rameras del barrio chino de Barcelona que salían enseñando los parruses selváticos y sin peinar y tocándole la flauta a un cura. El clero debió apreciarlas, en todo caso, porque tres de ellas (las películas, no las golfas) aparecieron sesenta años después en el monasterio de Moncada y hoy se conservan en la Filmoteca Valenciana.
En 1929 se mezcló en un asunto feo de galgos y mangantes y engordó la cartera con sus acciones de la sociedad la Liebre Mecánica, que recibía los réditos de las apuestas de las carreras de galgos organizadas por el Club Deportivo Galguero Español, una sociedad sin ánimo de lucro cuyos beneficios debían ir al fomento del galgo español y a la beneficencia en vez de al bolsillo de los jetas.
Cuando se proclamó la República en 1931, el rey quemó su colección de fotos de chavalas en cueros, dejó a la familia en la cama, recibiendo pedradas y guardada por veinticinco alabarderos, y se escapó del Palacio Real por una puerta de retaguardia que daba al Campo del Moro. Se montó en un Hispano Suiza y llegó a Cartagena, se embarcó en el “Príncipe Alfonso”, al mando del capitán Manuel Fernández Piña, y puso rumbo a Marsella, donde llegó a las tres de la mañana y se quejó de que estuviesen cerradas las casas de putas. Valle Inclán dijo que el pueblo le echó por ladrón.
Alfonso XIII junto al retrato de Carmen Ruiz, una de sus amantes
Alfonso XIII hizo un exilio decadente de hoteles, casinos, safaris en Sudán y viajes a Hollywood con Douglas Fairbanks, al que le pidió que le presentase a Fatty Arbuckle, su cómico favorito, y cuando le dijo que no era una compañía conveniente desde que se le había muerto una corista de una peritonitis provocada por la introducción de una botella de champán por la escotilla, le contestó que eso le podía haber pasado a cualquiera. Encontró que el exilio engordaba y la libertad le pareció una lata porque tenía que bajar a por el periódico. Se compró un Bugatti y lo guiaba a ciento veinte por hora y en Viena mató a un peatón y se apostaba cien libras por mano en las mesas de Deauville jugando al chemin, una variante del bacarrá.
Murió el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma, de una angina de pecho, atendido por el doctor Frugoni y por sor Inés, una monja navarra del valle de Echauri, abrazado al manto de la Virgen del Pilar y diciendo según unos: “¡Dios mío, España!”, y según otros pidiendo agua fría.
Baroja lo encontró esencialmente cursi y dijo que tenía los gustos de un señorito de la burguesía y que sus andanzas de colchón no tenían mérito porque eran facilísimas por su posición de sultán, y que “anduvo con una cupletista tonta que en Cuba, según dicen, estuvo liada hasta con los negros”. La inclusión de los negros cimarrones en la ecuación de don Pío igual le confundió y tenía en la cabeza al príncipe Alfonso de Borbón y Battenberg, el primogénito del rey, que renunció a sus derechos sucesorios para casarse con la cubana Edelmira Sampedro, que le decían la Puchunga, de la que se divorció para reincidir en el Caribe y volverse a casar con la modelo Marta Rocafort, natural de La Habana, con la que solo duró seis meses. Don Alfonso se consoló en Miami con una cigarrera de un boliche de alterne que se llamaba Mildred Gaydon y le decían la Alegre y a la que pidió casorio que no llegó a celebrar porque se mató, el pobre, estampándose en coche contra una cabina.
Martín Olmos

miércoles, 11 de julio de 2018

LA FORTUNA DE LOS FRANCO

Recepción de Franco a Juan Carlos de Borbón en el Pazo de Meirás

El dictador filtró para sí parte de las donaciones “a la causa nacional” en plena guerra civil y revendió 600 toneladas de café donado por Brasil a España en 1939. El general golpista tenía en agosto de 1940 una fortuna cercana a los 400 millones de euros y el “holding empresarial” de El Pardo acumuló sueldos, comisiones, regalos y gratificaciones para amasar su riqueza.
Franco era un corrupto que ejecutó mordidas desde la guerra civil. Un opresor que aflojó las cuentas públicas de España y estableció un entramado que desaguaba riqueza en su figura omnímoda. “Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos”, dijo el dictador en un discurso (Lugo, 1942). Es el lado oscuro, e ilegal, de una fortuna que engordó en plena dictadura al calor de la corrupción sistémica del régimen franquista.
El perfil latrocínico del militar arranca a lo grande: se hizo con casi 400 millones de euros tras la ‘cruzada’ contra la República. Queda en pañales la trama Gürtel y las cuentas en Suiza de Francisco Correa (18,6 millones) o Luis Bárcenas (47). Francisco Franco (El Ferrol, 4 de diciembre de 1892 – Madrid, 20 de noviembre de 1975) disfrutó cuatro décadas como Jefe de Estado para acumular donaciones, sueldos, regalos y comisiones.
Franco no perdió el tiempo. Arañó dinero recibido por los golpistas en pleno conflicto armado y revendió toneladas de café donadas por Brasil. A lo largo de su vida recibió innumerables “regalos”, caso del Pazo de Meirás o un todoterreno agasajo de Adolf Hitler. Todo era posible bajo su manto omnipotente. Como lo era la gratificación mensual de 10.000 pesetas que recibía de la compañía Telefónica.
Así nació la fortuna de Franco
“Franco se consideraba el Estado, España. Necesitaba dinero y se apropió de él”, cuenta el historiador Ángel Viñas. A cuatro décadas de la muerte del dictador, el autor publica el libro La otra cara del caudillo (Crítica, 2015), una obra que da “un paso más en el continuo proceso de desmitificación de Franco”.
Tenía un plan y robó, para cumplirlo, una idea al propio Hitler: el Führerprinzip o mandato dictatorial como “fuente de Derecho”. Usaba “leyes reservadas” y ocultas al Boletín Oficial del Estado, disposiciones secretas que explotó “desde los años de la guerra civil hasta 1957”. Una “curiosa y desconocida costumbre de Franco” que solo conocían “aquellos privilegiados que se ocuparon de llevarlas a la práctica”, describe Viñas.
Por ahí filtró a su interés parte de las donaciones “a la causa nacional”. Las mordidas al apoyo económico a la rebelión militar contra la República inauguran en octubre del 36 la cuenta corrupta que vive un episodio de oro al final de la guerra con las 600 toneladas de café entregado por el dictador brasileño Getúlio Vargas. “Un regalo al Estado español” que Franco pasó a la Comisaría de Abastecimientos y Transportes dependiente del Ministerio de Industria y Comercio “y cobró por adelantado su importe”, 7,5 millones de pesetas, que serían hoy unos 85,6 millones de euros.
Con una nómina en 1935 de 2.493 pesetas y de 50.000 como Jefe de Estado, la riqueza del militar llegó en agosto del año 40 a 34,3 millones de pesetas. Un capital “acumulado en diversas cuentas corrientes” que suponen cerca de 388 millones de euros. “Todo ‘ganado’ en cuatro años. No está mal para empezar”, subraya Viñas.
“Sin embargo, ha perdurado la convicción de que Franco era un hombre honesto y austero”, declara el hispanista Paul Preston. El dictador, “y su mujer”, recibían “regalos de varios tipos, desde medallas de oro a fincas y hasta automóviles de lujo”, enumera como “la punta de un iceberg colosal” que arranca en “su acceso particular a las suscripciones que se hicieron para sufragar el coste del esfuerzo bélico de los rebeldes militares”.
“La idea convencional del Franco sin afán de lucro ya no se sostiene”, aclara Preston. En su afán recaudatorio, el general golpista trazó negocios secretos y oscuros manejos de testaferros familiares. Era el “holding empresarial” forjado desde “la corte de El Pardo”, según desveló en Los Franco S.A. o Ricos por la guerra de España el periodista Mariano Sánchez Soler. Un patrimonio difícil de digerir a base de simples sueldos públicos.
Franco, corruptor y corrupto
El oficio continuó en plena dictadura. Franco “modificó su comportamiento” y había empresas que, “agradecidas por autorizaciones concedidas”, traspasaban “acciones gratuitamente”. El dictador, así, percibía “dividendos”, mordidas, porcentajes por negocios revueltos entre consejos de ministros y de administración. “La corrupción estaba en el ADN de la dictadura”, dice Viñas.
La imagen corrupta del general rebelde toma huella documental con la apertura a investigadores –año 2010– de los “papeles conservados” en la Fundación Nacional Francisco Franco. “Es claro que el Régimen de Franco institucionalizó el pillaje a través de los castigos a los derrotados que algo tenían”, continúa Paul Preston. El soporte legal, la Ley de Responsabilidades Políticas, era “en esencia un mecanismo para justificar la expropiación masiva de los vencidos”.
La corrupción servía como pauta de control y la afición cinegética del general golpista, como oficina ambulante: “importantes sumas de dinero cambiaron de manos mientras los aspirantes a los favores de Franco promocionaban cacerías a fin de conseguir acceso a la fuente de patronazgo”, dice el hispanista.
“No se sabe mucho más” de lo publicado hasta ahora, confirma el historiador Francisco Espinosa. “Aquí no se conservan los archivos de los presidentes ni mucho menos de los dictadores”. Porque el enriquecimiento ilícito no quedó en el autócrata. El contubernio ilícito envolvía al régimen y derramó siempre sobre la oligarquía franquista, desde 1936 hasta la Transición.
Franco, corruptor y corrupto, cosió a la clase dirigente en la confusión premeditada entre lo público y lo privado. Y ése carácter sistémico brotaba en cualquier aspecto de la vida, con el estraperlo como gran ejemplo cotidiano: el comercio prohibido con artículos intervenidos por el Estado o sujetos a racionamiento. Amén del tráfico de penicilina en el ámbito sanitario, el “trabajo esclavo” como inagotable fuente de recursos e incluso la “necesidad de recomendaciones para salvar la vida”, enumera el historiador José Luis Gutiérrez Molina.
El dictador lideraba la patria convertido en una suerte de gestor avanzado de puertas giratorias. Corrupción y desarrollo se dieron la mano para amasar patrimonios y consolidar el capitalismo español. Familias del régimen, cuenta Sánchez Soler, pobladas de “empresarios de fortuna, falangistas de clase media, funcionarios oportunistas, latifundistas de gatillo fácil, altos cargos a la búsqueda de multinacionales… unidos a la caza del dinero y entrenados en la autarquía de la posguerra para enriquecerse con el desarrollismo a partir de 1959”. Concluye Viñas: “si Franco se benefició personalmente de la victoria parece sensato que no pensara mal de quienes también lo hacían” bajo la tenaz sombra del franquismo.
JM Baquero. El Diario

jueves, 28 de junio de 2018

GOBIERNO SÁNCHEZ: QUE PODEMOS ESPERAR


Seis años de Rajoy han dejado margen para ciertos cambios de calado (y posibles con la actual correlación de fuerzas) que podrían iniciarse o proyectarse estos dos años. Apuntamos solo algunos para que el nuevo Gobierno merezca el apelativo de reformista.
Toma de posesión de Pedro Sánchez
A estas alturas, nadie puede esperar del PSOE un cambio de las estructuras del Estado que han llevado al Reino de España a una fuerte crisis política, económica y social. Solo queda media legislatura y, en términos estrictamente presupuestarios, faltan por debatirse los Presupuestos de 2019 y de 2020, tras la renuncia, en un primer momento (auténtico gesto fundacional del nuevo Ejecutivo), a plantear con sus socios en la moción de censura unas cuentas menos antisociales en 2018 que las heredadas del PP. Pero seis años de Rajoy y ocho años de recortes han dejado margen para ciertos cambios de calado (y posibles con la actual correlación de fuerzas) que podrían iniciarse o proyectarse estos dos años. Apuntamos solo algunos —dejando de lado la cuestión territorial— para que el nuevo Gobierno merezca el apelativo de reformista:
Economía: El Gobierno tiene por delante aún dos años de probable crecimiento económico. Debería aprovecharlos para poner las bases de un cambio en un sentido redistributivo que aguante la previsible recesión futura y permita recuperar los servicios públicos —gravemente dañados— en el medio plazo.
Los movimientos y partidos a su izquierda pueden presionar para cambios efectivos en materia de vivienda y desahucios (que requerirán, antes que de grandes inversiones, de medidas de enajenación de viviendas vacías).
Aún es posible cumplir los irracionales objetivos de déficit simplemente recuperando el poder de recaudación del impuesto de sociedades, que en el quinto año de recuperación económica recoge aproximadamente la mitad que en 2007. Será el momento, también, de pedir concreción en las promesas sobre nuevos impuestos a la banca para financiar las pensiones: el movimiento de pensionistas ha demostrado que debería haber fuerza para presionar. Es posible, también, aprovechar los bajos tipos de interés (situación que tampoco durará siempre) para amortizar de una vez el pago de la deuda pendiente por el rescate de 2012 (condicionado a un control real sobre Sareb, ‘el banco malo’ creado en 2012 para comprar los activos inmobiliarios invendibles de la banca, y Bankia): aplazarlo para un futuro será peor, y su amortización estratégica daría poder negociador frente a la Unión Europea.
Empleo: Toda acción debería ir orientada estratégicamente a recomponer el poder de negociación de los trabajadores, a crearlo allí donde no existe (en los amplísimos espacios oscuros de la überización laboral y en los sectores más feminizados, como el trabajo doméstico y de cuidados) y a recuperarlo allí donde sí hay presencia sindical, empezando por la Administración del Estado. Sin esta orientación estratégica, la anulación necesaria de los peores aspectos de la reforma laboral de Rajoy (descartada por el Gobierno una derogación integral) se quedará coja; también los objetivos de eliminación de brecha salarial entre hombres y mujeres. Mientras, la anulación de los artículos que permiten la cesión de trabajadores, un régimen estricto de sanciones para las empresas que usen falsos autónomos y la equiparación salarial y de cotizaciones de las 600.000 empleadas del hogar son objetivos mínimos perfectamente posibles.
Libertades y derechos: El Gobierno ya ha anunciado que restaurará la sanidad universal y la financiación plena de las medidas incluidas en el Pacto Estatal contra la Violencia de Género. Es esperable y exigible la derogación inmediata de la denominada Ley Mordaza; lo es también la liberación (mediante la retirada de las acusaciones de la Fiscalía, algo para lo que el Gobierno podría apoyarse en el Parlamento) de todos los presos del proceso soberanista catalán. Son posibles y aplicables los cambios en la política de visados y la puesta en marcha de la petición de asilo en el país de origen, así como el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros sin ser sustituidos por ninguna medida de encierro.
Somos conscientes de que mezclamos, quizá, las churras con merinas: medidas que son técnica y políticamente aplicables en estos dos años (bastaría con volver a una situación anterior, o de desbloquear propuestas ya en marcha) con reformas de mayor calado cuyo apoyo parlamentario —empezando por el del propio partido del Gobierno— es más que dudoso. Tampoco se nos escapa que, incluso en el corto plazo, nos dejamos múltiples campos sin tocar (baste mencionar las diferentes propuestas, que parecen recoger un amplio consenso social y político, sobre la ampliación de bajas maternales y paternales). Por supuesto que entrarán en juego los intercambios parlamentarios de cromos, las carreras y ambiciones personales, el ojo avizor de la UE, los conflictos de interés y el cambio de prioridades dictado por el tema candente de la semana. Por eso hemos elegido una serie de campos —podrían haber sido otros— a modo de termómetro: es posible que resulte tan instructivo como desalentador examinarlos dentro de dos años.
El Salto diario

lunes, 11 de junio de 2018

LA SANGRIENTA CARRERA DE 'BILLY EL NIÑO', EL TORTURADOR CONDECORADO DEL RÉGIMEN FRANQUISTA

Billy El Niño esconde su rostro con un casco de moto tras prestar declaración

Antonio González Pacheco, ‘Billy El Niño’, tiene ahora 71 años. Desde los 20 ejerció como policía secreta del régimen franquista, distinguiéndose por ser uno de los torturadores más crueles del régimen. Está condecorado con una medalla al mérito policial.
A Antonio González Pacheco, ‘Billy El Niño’, condecorado con una medalla de plata al mérito policial, le gustaba especialmente golpear en las plantas de los pies. No es original. Este tipo de tortura, conocido como “falanga”, era habitual en la dictadura griega. Es práctico, si el objetivo es causar el máximo sufrimiento en la persona torturada, ya que el dolor se transmite desde los pies, pasando por todo el cuerpo, hasta la parte trasera del cráneo.
El ex policía ha llegado a los 71 años de edad sin ser juzgado por sus crímenes y haciendo gala además de una medalla al mérito policial que conlleva un aumento del 15% de su pensión vitalicia. El pasado 30 de mayo, el ministro de Interior Juan Ignacio Zoido hizo oídos sordos a las peticiones de que se retiraran las distinciones a Billy El Niño, cuestionando el testimonio de sus víctimas y afirmando que “nadie ha solicitado que se retire esa condecoración”.
“Qué conveniente ha sido la democracia con los crímenes de la dictadura”, señala sobre este tema a El Salto Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “No solo ha impedido que se juzguen, sino que permite que haya un hombre que recibe un premio literalmente por sus servicios extraordinarios, que eran torturar y asustar a opositores de la dictadura”, continúa. Silva recuerda que la asociación que preside solicitó el 10 de mayo la retirada de esta condecoración y de cualquier otra que pudiera tener González Pacheco, a lo que nunca tuvieron respuesta.
UN SÁDICO AMANTE DE SU TRABAJO
González Pacheco es un hombre bajito, enjuto. Con sus 77 años de edad, al menos hasta 2010 se apuntaba a correr en maratones en Madrid, Budapest y Nueva York. Si te cruzas con él por la calle difícilmente pensarás que este hombre fue uno de los torturadores más crueles en los últimos años del Franquismo y durante la Transición. La Ley de Amnistía también dio carpetazo a sus crímenes, pero la juez argentina María Servini lleva desde 2014 pidiendo su extradición para que declare por la causa que investiga desde 2010 sobre los crímenes del Franquismo.
Nació en 1946 en Aldea del Cano, un pequeño municipio de Cáceres. Con poco más de 20 años comenzó su carrera en la Brigada de Investigación Social —conocida como la Brigada Político-Social—, la policía secreta que durante la dictadura se encargó de perseguir y reprimir a los movimientos de oposición del Franquismo. Pronto se ganó su apodo, del que se mostraba orgulloso: Billy el Niño. El sobrenombre, dado por los estudiantes y activistas que pasaron por sus manos en la sede de la Dirección General de Seguridad, hacía referencia a sus crueles formas de tortura para sacar información, dignas del salvaje oeste.
ENRIQUE RUANO, ¿LA PRIMERA VÍCTIMA?
Enrique Ruano, estudiante de Derecho y activista antifranquista fue detenido en Madrid el 17 de enero de 1969 mientras repartía por la calle propaganda de su partido, el Frente de Liberación Popular. Tres días más tarde, la policía le llevó a una vivienda en la calle Príncipe de Vergara. Allí, la policía afirmó que se cayó por una ventana, en un séptimo piso.
Ruano, que entonces tenía 21 años, fue asesinado. Así lo afirmó en voto particular una de las juezas que componían el tribunal de la Audiencia Provincial de Madrid que juzgó, y finalmente absolvió en 1994, a tres policías por la muerte del joven. Entre ellos no estaba González Pacheco.
Ese mismo año José Luis Úriz pasó por la sala de tortura de Billy El Niño. El exconcejal del PSOE fue detenido también siendo estudiante, en su caso de Telecomunicaciones, en Madrid. En su blog Peleando a la contra recuerda su detención y tortura. También como, mientras Pacheco le golpea, otro policía le decía: “Ten cuidado, que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar”, a lo que Billy El Niño le habría respondido: “No importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la ventana y decimos que se quería escapar”.
González Pacheco tan solo tenía 23 años por ese entonces, pero los testimonios de las personas que sufrieron sus torturas ya lo dibujaban como un monstruo. Otra de estas personas fue José María ‘Chato’ Galante, que fue detenido varias veces por “actividades subversivas”. La primera también fue en 1969. Contaba 21 años, y fue torturado y mandado de vuelta a casa con una multa. La segunda vez, dos años después, fue más duro. La detención duró diez días en los que no pararon las torturas y las vejaciones. “No solamente es que te dieran palizas, se trataba de destruir físicamente a las personas, y hay muchas que aún no son capaces de relatar su testimonio”, explica a El Salto en enero de este año.
Luis Suárez-Carreño, miembro de La Comuna y ex militante de la Liga Comunista Revolucionaria, es otra de las personas que han sufrido las torturas de González Pacheco. En su caso fue tras una detención en 1973. “Recuerdo los golpes, sobre todo en la planta de los pies. Y recuerdo también la angustia porque mi mujer estaba detenida también”. En su testimonio, Suárez-Carreño destaca especialmente a un policía “exhibicionista y provocador”. Era Antonio González Pacheco.
El ex eurodiputado de Izquierda Unida Willy Meyer —cuando tenía 20 años Pachecho simuló su ejecución— y el periodista Paco Lobatón son otros de los nombres conocidos que han sufrido torturas a manos de González Pacheco. Pero son los testimonios de las mujeres que han pasado por sus manos los más escalofriantes.
“Ahora ya no parirás más, puta”. Esta es la frase que le dijo a Lidia Falcón, escritora y fundadora del Partido Feminista de España, cuando fue detenida y torturada en 1974. En ese año, Falcón era militante comunista en el Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC). A las agresiones en su cuerpo —tuvo que pasar por el quirófano en cinco ocasiones como consecuencia de las torturas que sufrió— se sumaron las amenazas de agresiones a su hija, también detenida en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, según relata en una entrevista publicada en La Marea.
"Los insultos sexistas, como guarra y otros de ese estilo, eran constantes. La amenaza común entre golpe y golpe era que me iban a violar y a matar, que me iban a llevar a la Casa de Campo y nadie iba a saber dónde estaba… Ese día llevaba un vestido y, cuando me tiraban al suelo, gritaban burlándose 'mira qué guarra, que se le ven las bragas", relata, por su parte, Rosa María García sobre las torturas que sufrió cuando fue detenida en 1975 en una entrevista publicada en eldiario.es.
Pero la Transición siguió adelante y lo borró todo. Las únicas sanciones a las que hizo frente Pacheco por sus crímenes fueron el pago de una multa por las coacciones y malos tratos infringidos contra Lobatón. El resto de procesos contra él se sobreseyeron con la Ley de Amnistía aprobada en 1977. Ese mismo año también se extinguió la Brigada Político Social y Pacheco continuó su carrera policial como inspector en el Cuerpo Superior de Policía, integrado en la recién creada Brigada Central de Información, donde se especializó en perseguir a los miembros de los GRAPO.
También en ese año fue cuando el entonces ministro de Gobernación Rodolfo Martín Villa —que también ha sido llamado a declarar en el marco de la querella argentina contra los crímenes del franquismo por la matanza de Vitoria— le concedió la medalla de plata al Mérito Policial. La orden, de 13 de junio de 1977 y publicada en el Boletín Oficial del Estado de julio de ese año, reconoce sus servicios “de carácter extraordinario” a la hora de distinguirle con esta condecoración, que suponía además un 15% más de pensión vitalicia que ha estado cobrando desde entonces.
Cuatro años después, González Pacheco fue trasladado a la Comisaría General de Policía Judicial, apartándolo así de la lucha antiterrorista. No aguantó mucho persiguiendo fraudes. En 1982 abandonó la policía y se dedicó a la seguridad privada. Un reportaje de La Directa documenta que en los siguientes años, González Pacheco fue jefe de seguridad en empresas como Automóviles Talbot, ubicada en Madrid, y después trabajó para la empresa Loomis Spain SA, la división de transporte de Securitas, como jefe de tráfico. En 1996 decidió volver al tema antiterrorista, pero con su propia empresa, Spas —Servicios de prevención de atentados y secuestros—, que fundó con su ex jefe y excomisario Jesús Martínez Torres, según publica El Mundo.
PETICIÓN DE EXTRADICIÓN POR LA QUERELLA ARGENTINA CONTRA EL FRANQUISMO
La vida de Billy El Niño continuó tranquila hasta que en 2010, la juez argentina María Servini comenzó la instrucción de la querella por los crímenes del Franquismo. La causa, que comenzó a investigarse en Argentina gracias al principio de justicia universal —esa que el Gobierno de Mariano Rajoy limitó en España en 2014— por el trabajo de Carlos Slepoy, incluía casos de tortura perpetrados por González Pacheco contra trece personas en los últimos años de la dictadura franquista.
Las instituciones judiciales españolas corrieron al rescate del torturador, para quien Servini había pedido la extradición a través de la Interpol. La retirada del pasaporte ordenada por el juez Ruz pronto fue seguida de la devolución del documento y el rechazo a la extradición por parte de la juez Concepción Espejel —la misma que ha condenado a los ocho jóvenes de Altsasu—, quien además protegió la imagen del ex policía, según relata un artículo de Cristina Fallarás en Ctxt.
En paralelo a la causa argentina, en junio de 2017 la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra los crímenes del Franquismo (CEAQUA) comenzó también a organizar la presentación de querellas por torturas contra González Pacheco. Hasta hoy se han presentado cinco querellas contra Billy El Niño, aunque tres de ellas ya han sido archivadas al considerar el juzgado que el crimen había prescrito.
Este 10 de mayo, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) solicitó al Ministerio de Interior la retirada de la condecoración que ostenta González Pacheco. “Solicitamos la retirada de la distinción y de cualquier otra que pudiera tener. Incluso que se le exigiera la devolución del dinero que ha recibido por esta distinción desde julio de 1977, cuando Martín Villa, con nocturnidad y alevosía, porque fue dos días antes de que se celebraran las elecciones del 77”, relata Silva.
ÁlvaroMinguito. El Salto

domingo, 10 de junio de 2018

PEDRO SÁNCHEZ Y EL GOBIERNO KASPÁROV

Pedro Sánchez y su Gobierno en el Palacio de la Moncloa

Sucedió en 1972 en Reikiavik, Islandia. El telón de fondo era un telón de acero y la partida de ajedrez una reproducción en miniatura de la Guerra Fría. A un lado del tablero, el soviético Boris Spassky defendía su divisa de campeón. Al otro lado, el aspirante estadounidense Bobby Fischer se preparaba para conquistar el título y poner fin a veinticuatro años de dominio rojo sobre los escaques. Después de dos meses de contienda y veintiuna partidas, Spassky telefoneó al árbitro y arrojó la toalla. Lo llamaron “la partida del siglo”. Fischer murió en 2008. Pocos años después, sentado sobre una silla de ruedas, Spassky confesó que todavía hablaba con Fischer en sueños.
Pero si hay una rivalidad ajedrecística longeva y mitológica, es la que mantuvieron durante diez años y 144 partidas los rusos Anatoli Kárpov y Garri Kaspárov. Tanto duró la pelea que por el camino vieron caer el muro de Berlín, conocieron a Gorbachov, la Perestroika, cambiaron de bandera después de que se desmoronara la Unión Soviética, salieron ilesos del golpe de estado de 1991 y vieron a Yeltsin subido en un tanque. Kárpov y Kaspárov pasearon su rivalidad por todo el mundo. Incluso llegaron a disputarse el título mundial en Sevilla y las torres del tablero fueron reemplazadas por pequeñas réplicas de la Torre del Oro.
Para entender mejor esta rivalidad es necesario regresar a Moscú al campeonato mundial de 1984. Kárpov defendía el título desde la renuncia de Fischer en 1975. Era un duelo a treinta y una partidas y Kaspárov llegó a tener un cinco a cero en su contra. Pero cuando Kárpov estaba a punto de sentenciar el campeonato, cometió un desliz que permitió a Kaspárov arrancar un empate agónico. A partir de aquel momento, la suerte cambió de bando y Kaspárov logró alargar la contienda durante seis meses y cuarenta y ocho partidas a base de forzar tablas. Kárpov se desesperaba. Para entonces, hacía tiempo que los periodistas habían sucumbido a la pereza y se habían largado a cubrir las Olimpiadas de Tesalónica. En febrero de 1985, el presidente de la Federación suspendió el campeonato por agotamiento. Aquel mismo noviembre, Kaspárov arrebató por fin el título a Kárpov. Lo retuvo durante quince años.
No es un tablero de ajedrez, pero se parece. En los asientos del Congreso de los Diputados se extienden 350 piezas que en cada votación conforman alineaciones sorprendentes y juegos de mayoría inesperados. Esta semana pasada hemos dicho adiós a Mariano Rajoy. Un presidente que ha gobernado desde la barrera, consciente de que en España es más fácil conservar el poder gracias a los errores ajenos que a los aciertos propios. Hemos visto el cambio de gobierno en una atropellada sucesión de imágenes tan inesperadas como elocuentes. Rajoy atrincherado durante ocho horas en el restaurante Arahy. El bolso de Sáenz de Santamaría calentando la butaca vacía del presidente saliente. El vertiginoso cambio de chaqueta de Aitor Esteban. La proclamación pírrica de Pedro Sánchez. Los aplausos entusiastas de la bancada morada. ¡Sí se puede!
Se retira Rajoy sin más drama ni estridencia que los aullidos cavernarios de la derechona mediática. La cantinela del gobierno Frankenstein, el espantajo inverosímil de la confabulación castrochavista con su consorte de secesionistas catalanes y vascos con pasamontañas. Es la vieja murga, en fin, de un sector de la grada que puede parecer testimonial y extravagante pero que todavía levanta fervores en las momias embalsamadas del franquismo. Vemos las últimas manifestaciones de Vox contra “los enemigos de España” y nos despiertan una emoción ambigua entre la perplejidad y el espanto.
En el otro extremo del estadio, damas y caballeros, hay un sector de la grada que descorcha botellas de champán y hace la ola. Como si Pedro Sánchez, que hace apenas dos años negociaba carteras ministeriales con Albert Rivera, hubiera adquirido de pronto galones de mesías redentor para la izquierda. O somos de un optimismo inquebrantable o es que tenemos la memoria efímera de una carpa de acuario. Parece claro que desalojar al PP de la Moncloa era un necesario ejercicio de profilaxis democrática. Que después de siete años de recortes, mordazas y desfiles de imputados, es difícil no deleitarse en la revancha. Pero de ahí a las efusiones festivas hay un trecho kilométrico.
En primer lugar porque hay que entender esta moción de censura dentro del interminable contexto electoral que padecemos. En un escenario fragmentado de alianzas inestables y cambalaches parlamentarios, el golpe de mano del PSOE tiene mucho de ingeniería mediática y de estrategia de partido. Si hay que reconocerle algún mérito, es la eficacia del regate. De un solo gancho, Pedro Sánchez ha mandado los dientes de Rajoy a la lona, ha dejado sonado a Rivera y ha conseguido la adhesión desinteresada de los dirigentes de Podemos. Todos le daban por muerto y sin embargo, ahí está el potro de Tetuán, salvado por la campana y asaltando la pole position de la carrera hacia las urnas.
La segunda razón para guardar el cava viene con el reparto de ministerios. No es porque Ana Botín haya celebrado la llegada de Nadia Calviño al despacho de Economía. No es que Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, avalara el fraude del gas natural en el Proyecto Castor. Tampoco se trata de que Màxim Huerta se haya curtido en las vísceras informativas del matinal de Ana Rosa antes de aceptar la cartera de Cultura y Deporte. Olvidemos por un momento que Josep Borrell acompañó a Vera y Barrionuevo a la puerta del penal de Guadalajara o que su adhesión militante a Societat Civil Catalana va a distorsionar su periplo por Exteriores en plena pugna de Llarena con la justicia europea. Pasemos por alto, pelillos a la mar, las cinco condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra la vista gorda de Fernando Grande-Marlaska ante seis casos de tortura. Perdonemos al ministro de Interior su defensa de los CIE, el archivo del caso Yak-42, la persecución contra el 15-M o la doctrina del todo es ETA. Hagamos de tripas corazón por un momento.
Porque detrás de estas trayectorias más bien inquietantes hay un rizado mar de fondo. La irrupción de Ciudadanos en 2015 tanto en los parlamentos autonómicos como en el Congreso de los Diputados ha servido para desplazar el tablero político hacia la derecha más ultramontana. Los hooligans naranjas del 155 han celebrado la exaltación de la mano dura con un liberalismo patriótico pero también joven, desenfadado, chic y sobre todo oportunista, capaz de arrimarse al sol que más calienta y dispuesto a cambiar de bando con la velocidad y los escrúpulos de un batallón de mercenarios. Ciudadanos es un chaleco reversible que lo mismo te viste a una Cristina Cifuentes que te abriga a una Susana Díaz. Ciudadanos no nació para ganar sino para inyectarnos el miedo en los sondeos gratinados de Metroscopia. Ciudadanos es la razón por la que un tecnócrata liberal como Pedro Sánchez nos parece un oasis de progresismo en medio de la devastación parlamentaria. Vota PSOE, que viene el lobo.
Después de casi dos años enterrado en vida, Pedro Sánchez ha repetido la proeza de Gari Kaspárov. Cuando todo el mundo le daba por muerto, dimitido de la secretaría general del PSOE y de su escaño de diputado, supo salir a flote a costa de guardar un bajo perfil de oposición y de acoplarse al reparto de medallas del 155. Igual que un ajedrecista curtido de paciencia, ha esperado el traspiés de la Gürtel para lanzar su jaque. Ahora, con la partida ya en sus manos, le ha sobrado tiempo para armar una escuadra ministerial que agradará más a los votantes del PP y de Ciudadanos que a quienes le han investido presidente. El nuevo gobierno Kaspárov es la constatación de que el viejo bipartidismo no solo sigue vivo sino que goza de una salud excelente, ahora con la muleta ambidiestra de Albert Rivera.
Nos esperan gestos epidérmicos, despliegues simbólicos de modernidad que harán suspirar a las almas cándidas del progresismo pero que seguirán perforando los bolsillos de la mayoría trabajadora. Permanecerán intactas las columnas del 78. El mismo modelo productivo. La misma dictadura bancaria. El mismo entramado mediático. La misma legislación laboral celebrada por las patronales. El mismo desmán inmobiliario. Los mismos beneficios obscenos de las eléctricas. Las mismas puertas giratorias en los consejos de administración. La misma corona. El mismo rey. Y todavía tendremos que agradecer que no nos gobierne Ciudadanos. El problema no es quién gana la partida. El problema es el tablero.
Jonathan Martínez

sábado, 26 de mayo de 2018

CARTA ABIERTA DE LA 'GARGANTA PODEROSA' PARA LA MILITANCIA DE PODEMOS

Iglesias y Montero anuncian la consulta a las bases de Podemos
sobre su continuidad liderando la organización

Amigas, aquí unas negras villeras que nunca merecimos volar. Amigos, aquí unos negros de mierda que nunca cobramos un sueldo para pensar. Compas, aquí 79 asambleas del barrio y del barro recién llegadas de Madrid por primera vez, recién aterrizadas sobre un aeropuerto por segunda vez. Nunca antes, en las décadas que tiene la memoria de nuestras villas, ni en los siglos que tiene la historia de nuestras comunidades, habíamos podido pisar el Viejo Continente, por más viejo que pareciera. Y mucho menos, soñar la posibilidad de interpelar al Parlamento, de disertar en televisión, de gritar nuestras verdades en sus universidades. Jamás, jamás, jamás, hubiéramos podido juzgar a Europa desde adentro.
Y ahora, Podemos.
Nosotros no tenemos una casa de 600 mil euros, como esa que ahora escandaliza a los medios de todo el mundo, aunque sus propios accionistas tengan varias en cada ciudad. Nosotras no tenemos esos 600 mil euros que pidió una pareja de jóvenes profesionales para poder adquirir una propiedad, endeudándose a 30 años. Pues no es ninguna novedad que no los tenemos, ni podríamos tenerlos. Por más créditos que pidiéramos, no juntaríamos ese dinero ni vendiendo todas nuestras casillas en todos nuestros asentamientos. Pero aun si milagrosamente sucediera, aun cuando una nube verde azotara el cono sur y regara de dólares nuestros pueblos, aun entonces no podríamos destinarlos a ninguna casa tan costosa, porque seguiríamos teniendo imperiosas prioridades más prioritarias. Otros pueden hacerlo y aducir que sí, “se lo han ganado”, porque a veces el capitalismo deja ganar a los buenos para marearlos un poco, siempre valiéndose de la “meritocracia” y la “legalidad”, como si la Corona fuera fruto de algún mérito o como si resultaran legítimas las legales ganancias de los bancos. No lo son.
A nuestra humilde mirada, los dirigentes populares tienen la obligación de mantener su austeridad para no sacar los pies de la tierra, pero además tienen la obligación de hacer, sin perder su condición humana: de modo que tienen también la obligación de cometer errores. ¿O por qué piensan que pedimos a gritos una mayor participación de los excluidos en las estrategias partidarias que bregan por la emancipación? No es por altruismo, ni mera justicia social, sino por ese canal de formación que dirigen los invisibles, hacia todos los seres humanos sensibles. ¿O para qué sirve la educación popular? No sirve para nada, si no nos deja enseñar. Ahora bien, aquí no estamos hablando de dinero expropiado por los crímenes del franquismo que Iglesias expuso como pocos. Tampoco estamos hablando de cuentas offshore, ni testaferros que operaban para Montero. Sus movimientos financieros estaban ahí, a la vista del planeta, tal como lo plantearon para la lógica sensata del partido, el único que se autoimpuso salarios limitados y la condición de publicar hasta cada peaje facturado a nombre del Estado. Aquí no hubo ilícito, ni ladrón. Ni siquiera hubo una investigación. Hubo, sí, una operación que nadie intentó esconder y que hoy promueve un debate a la interna del campo popular global, convocado por esa misma pareja de compañeros que llamó a revalidar públicamente su legitimidad, como si no hubiera dado pruebas suficientes de transparencia y autenticidad. Tal vez ahora, esta crítica introspectiva se pueda traducir en algunas normas necesarias para ese liderazgo. O quizá se puedan clarificar las ambiciones de unos y otros, para ordenar el destino del fenómeno más genuino que hayamos visto estallar frente al Congreso español. Lo que no se puede, es dividirse.
¡No-se-pue-de!
La ingeniería socioeconómica de Podemos nos permite a nosotros, objetos de tantos análisis sociológicos y sujetos de casi ninguno, pensar por qué pasó lo que pasó, desde afuera. Por qué nos topamos ante una decisión “personal” que no espeja las necesidades de sectores anclados en el pozo ciego del mundo. Y nos parece algo fácil de comprender, salvo para quienes estuvieran esperando hace mucho una oportunidad para no comprenderlo. ¿Realmente alguien creía, en España, que vuestro partido había bajado de la Sierra Maestra o había brotado de las favelas pacificadas? ¿Sinceramente alguien desconocía que semejante indignación de una primera generación empobrecida había detonado una bomba de clase media? ¿Quiénes no sabían que las 67 bancas podemistas estaban ocupadas por jóvenes con importante trayectoria universitaria? ¿No era ésa una revolución suficiente para jaquear al conservadurismo que, enhorabuena, debió tallar en cobre la foto del rastafari ocupando su banca, en las narices de Rajoy? ¿No era ése un paso indispensable para que los villeros pudiéramos llegar a España, ser detenidos por sudacas en el aeropuerto y tener por fin un micrófono para denunciarlo en la Cámara de Diputados? ¿No estábamos en eso, hasta la semana pasada, cuando descubrieron que Iglesias no era un refugiado? ¿No estaban ustedes al tanto de todo esto, cuando descubrieron que Montero no era una ocupa? Hagamos tantas autocríticas como sean necesarias, hasta el fondo, desde la raíz.
Pero ésas que calan hondo,
¡no las que diga El País!
Aquí no hemos conocido, en los 14 años que lleva nuestro movimiento, ningún dirigente europeo más humilde y sensato que Rafa Mayoral, un abogado, sí, un abogado que no necesitó perder su vivienda para ponerse al servicio de los afectados por las hipotecas, con la misma sensibilidad que apareció una tarde caminando por los pasillos de la villa. Toda una delegación de Podemos recorría la Argentina, mientras Iglesias esquivaba los flashes de cuanto paparazzi se lo cruzaba, porque todos querían robarle una foto, un saludo, un segundo de fama. Nosotros no queríamos una foto, queríamos que nos conocieran y entonces vinieron. Vinieron al barrio como nunca vinieron esos paladines de la ética que tienen sus redacciones a 15 minutos de nuestras cloacas tapadas. Y no vinieron para seguir hablando, sino para escuchar. Se llevaron puesto nuestro barro, no para usarlo como marquesina publicitaria, sino para forzar los mecanismos que nos permitieron cruzar el charco, financiados por ese Parlamento Europeo sectario, racista y colonialista. Sin corbata, sin bozal, sin domesticar, aparecimos ahí los nietos de republicanos que sólo conocíamos España por fotos en blanco y negro de nuestros antepasados, pero también las nietas de bolivianos que todavía padecen aquel etnocidio presentado como conquista o descubrimiento de otros, siempre a fuerza de tropa.
Y entonces fuimos nosotros,
los que descubrimos Europa.
Ni el más optimista hubiera imaginado que algún partido español sería capaz de convertir un piso parlamentario en un centro cultural, empapelado con afiches de Santiago Maldonado. Fueron ustedes, quienes nos permitieron hilar nuestras tradiciones de resistencia con los dedos machucados de las costureras que subsisten en Elche, mujeres esclavizadas como sus madres, en las condiciones infrahumanas de una precariedad laboral que las obliga a coser zapatos 12 horas por día, en la más absoluta ilegalidad. Manos mal pagadas por las multinacionales del calzado. Y manos malformadas como sus columnas, por esa enfermedad que los propios médicos catalogan como “el mal de la aparadora”, desprendida de la posición que soportan desde los 11 años hasta los 70, privadas de cualquier contrato y cualquier contacto con el sol. Nos hilaron con los agricultores familiares, los pescadores, los astilleros, las cuidadoras de ancianos. Y nos permitieron zambullirnos en la economía sumergida de aquella Europa siempre rica, para sacar la cabeza en Bruselas y arrancarle la careta a una Comisión de Derechos Humanos que denuncia todos los crímenes cometidos en el universo, ¡menos los europeos!
Ahí mismo, abrimos la Garganta, en las entrañas de Bélgica, para gritar que no pudimos afianzar la libertad de expresión aquí, donde los villeros fuimos presos al hacer noticia por mano propia. Y tampoco pudieron ahí, donde el rapero Valtonyc continúa condenado, por haber “enaltecido al terrorismo”, componiendo una canción contra la Corona. Que no pudimos abolir el racismo aquí, donde no son lugareños los dueños, ni las cervezas, ni los políglotas que atienden los bares turísticos en pueblos originarios, pero sí son lugareños quienes descargan las papas de madrugada. Y tampoco pudieron ahí, en ese mismo Parlamento, donde no son negros quienes pisan su alfombra roja, ni los comensales de sus restaurantes, ni los chefs de sus platos gourmets, pero sí quienes lavan esos platos. Que no pudimos garantizar la igualdad de géneros por aquí, donde hay un femicidio cada 17 horas. Y tampoco pudieron ahí, donde los europarlamentarios gozan de impunidad para soterrar sus repetidos abusos a jóvenes asistentes. Que no pudimos desterrar la xenofobia aquí, donde los paraguayos deben batallar por su derecho constitucional a la salud. Pero tampoco pudieron ahí, donde los hijos de rumanos nacidos en Oviedo no tienen acceso a su identidad, ni a su nacionalidad… Nunca hubiéramos aceptado viajar para pedirles que resolvieran nuestros problemas, puesto que ninguna cultura puede curar a otra: fuimos para denunciar este régimen de la desigualdad, ¡que aquí no ha funcionado ni un poco!
Y ahí tampoco.
Las villas no tenemos Madre Patria, lo tenemos muy claro, tan claro como cuántas Patrias Hermanas necesitamos para liberarnos del silenciamiento global, enganchando una mano de la grieta horizontal que nos vuelve compatriotas de la Patria Baja en cualquier lugar del mundo, a todos aquellos que habitamos por debajo de la línea de la pobreza. Para eso, nos cuidamos a todas y nos necesitamos a todos, tal como aquellas plazas incandescentes necesitaban esos 62 puntos de imagen positiva que la empatía de un joven dirigente le aportó a un proceso incuestionablemente transformador. ¡Y vamos, carajo! España tiene un rey, en serio, ¡un rey tiene! Un sistema judicial negacionista, un presidente neoliberal y miles de genocidas libres. ¿De verdad quieren hacernos creer que nuestro enemigo dirige Podemos? De mínima, aun en la impotencia, aun en la divergencia, por favor no dejen de observar con particular curiosidad cómo esa polémica transacción inmobiliaria desgarra la moral de todas sus élites indignadas, aunque sigan embelesadas con la boda del príncipe Harry que celebraron hasta el amanecer: no van a poder.
Hoy más que nunca, socialistas, humanistas, progresistas, peronistas, comunistas, idealistas, podemistas, los necesitamos poderosos, resguardando y acelerando la estampida de los gritos que aclaman por la vida. Los necesitamos, con ovarios, cojones y contrapuntos, frente a todo lo que viene.
Los necesitamos juntos,
con Pablo y con Irene.

LA XENÓFOBA Y POPULISTA PRESIDENTA DE CROACIA

Kolinda Grabar-Kitarovic celebrando un gol de la selección croata "Kolinda Grabar-Kitarovic ha sido la otra sorpresa de una apot...