lunes, 11 de junio de 2018

LA SANGRIENTA CARRERA DE 'BILLY EL NIÑO', EL TORTURADOR CONDECORADO DEL RÉGIMEN FRANQUISTA

Billy El Niño esconde su rostro con un casco de moto tras prestar declaración

Antonio González Pacheco, ‘Billy El Niño’, tiene ahora 71 años. Desde los 20 ejerció como policía secreta del régimen franquista, distinguiéndose por ser uno de los torturadores más crueles del régimen. Está condecorado con una medalla al mérito policial.
A Antonio González Pacheco, ‘Billy El Niño’, condecorado con una medalla de plata al mérito policial, le gustaba especialmente golpear en las plantas de los pies. No es original. Este tipo de tortura, conocido como “falanga”, era habitual en la dictadura griega. Es práctico, si el objetivo es causar el máximo sufrimiento en la persona torturada, ya que el dolor se transmite desde los pies, pasando por todo el cuerpo, hasta la parte trasera del cráneo.
El ex policía ha llegado a los 71 años de edad sin ser juzgado por sus crímenes y haciendo gala además de una medalla al mérito policial que conlleva un aumento del 15% de su pensión vitalicia. El pasado 30 de mayo, el ministro de Interior Juan Ignacio Zoido hizo oídos sordos a las peticiones de que se retiraran las distinciones a Billy El Niño, cuestionando el testimonio de sus víctimas y afirmando que “nadie ha solicitado que se retire esa condecoración”.
“Qué conveniente ha sido la democracia con los crímenes de la dictadura”, señala sobre este tema a El Salto Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “No solo ha impedido que se juzguen, sino que permite que haya un hombre que recibe un premio literalmente por sus servicios extraordinarios, que eran torturar y asustar a opositores de la dictadura”, continúa. Silva recuerda que la asociación que preside solicitó el 10 de mayo la retirada de esta condecoración y de cualquier otra que pudiera tener González Pacheco, a lo que nunca tuvieron respuesta.
UN SÁDICO AMANTE DE SU TRABAJO
González Pacheco es un hombre bajito, enjuto. Con sus 77 años de edad, al menos hasta 2010 se apuntaba a correr en maratones en Madrid, Budapest y Nueva York. Si te cruzas con él por la calle difícilmente pensarás que este hombre fue uno de los torturadores más crueles en los últimos años del Franquismo y durante la Transición. La Ley de Amnistía también dio carpetazo a sus crímenes, pero la juez argentina María Servini lleva desde 2014 pidiendo su extradición para que declare por la causa que investiga desde 2010 sobre los crímenes del Franquismo.
Nació en 1946 en Aldea del Cano, un pequeño municipio de Cáceres. Con poco más de 20 años comenzó su carrera en la Brigada de Investigación Social —conocida como la Brigada Político-Social—, la policía secreta que durante la dictadura se encargó de perseguir y reprimir a los movimientos de oposición del Franquismo. Pronto se ganó su apodo, del que se mostraba orgulloso: Billy el Niño. El sobrenombre, dado por los estudiantes y activistas que pasaron por sus manos en la sede de la Dirección General de Seguridad, hacía referencia a sus crueles formas de tortura para sacar información, dignas del salvaje oeste.
ENRIQUE RUANO, ¿LA PRIMERA VÍCTIMA?
Enrique Ruano, estudiante de Derecho y activista antifranquista fue detenido en Madrid el 17 de enero de 1969 mientras repartía por la calle propaganda de su partido, el Frente de Liberación Popular. Tres días más tarde, la policía le llevó a una vivienda en la calle Príncipe de Vergara. Allí, la policía afirmó que se cayó por una ventana, en un séptimo piso.
Ruano, que entonces tenía 21 años, fue asesinado. Así lo afirmó en voto particular una de las juezas que componían el tribunal de la Audiencia Provincial de Madrid que juzgó, y finalmente absolvió en 1994, a tres policías por la muerte del joven. Entre ellos no estaba González Pacheco.
Ese mismo año José Luis Úriz pasó por la sala de tortura de Billy El Niño. El exconcejal del PSOE fue detenido también siendo estudiante, en su caso de Telecomunicaciones, en Madrid. En su blog Peleando a la contra recuerda su detención y tortura. También como, mientras Pacheco le golpea, otro policía le decía: “Ten cuidado, que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar”, a lo que Billy El Niño le habría respondido: “No importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la ventana y decimos que se quería escapar”.
González Pacheco tan solo tenía 23 años por ese entonces, pero los testimonios de las personas que sufrieron sus torturas ya lo dibujaban como un monstruo. Otra de estas personas fue José María ‘Chato’ Galante, que fue detenido varias veces por “actividades subversivas”. La primera también fue en 1969. Contaba 21 años, y fue torturado y mandado de vuelta a casa con una multa. La segunda vez, dos años después, fue más duro. La detención duró diez días en los que no pararon las torturas y las vejaciones. “No solamente es que te dieran palizas, se trataba de destruir físicamente a las personas, y hay muchas que aún no son capaces de relatar su testimonio”, explica a El Salto en enero de este año.
Luis Suárez-Carreño, miembro de La Comuna y ex militante de la Liga Comunista Revolucionaria, es otra de las personas que han sufrido las torturas de González Pacheco. En su caso fue tras una detención en 1973. “Recuerdo los golpes, sobre todo en la planta de los pies. Y recuerdo también la angustia porque mi mujer estaba detenida también”. En su testimonio, Suárez-Carreño destaca especialmente a un policía “exhibicionista y provocador”. Era Antonio González Pacheco.
El ex eurodiputado de Izquierda Unida Willy Meyer —cuando tenía 20 años Pachecho simuló su ejecución— y el periodista Paco Lobatón son otros de los nombres conocidos que han sufrido torturas a manos de González Pacheco. Pero son los testimonios de las mujeres que han pasado por sus manos los más escalofriantes.
“Ahora ya no parirás más, puta”. Esta es la frase que le dijo a Lidia Falcón, escritora y fundadora del Partido Feminista de España, cuando fue detenida y torturada en 1974. En ese año, Falcón era militante comunista en el Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC). A las agresiones en su cuerpo —tuvo que pasar por el quirófano en cinco ocasiones como consecuencia de las torturas que sufrió— se sumaron las amenazas de agresiones a su hija, también detenida en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, según relata en una entrevista publicada en La Marea.
"Los insultos sexistas, como guarra y otros de ese estilo, eran constantes. La amenaza común entre golpe y golpe era que me iban a violar y a matar, que me iban a llevar a la Casa de Campo y nadie iba a saber dónde estaba… Ese día llevaba un vestido y, cuando me tiraban al suelo, gritaban burlándose 'mira qué guarra, que se le ven las bragas", relata, por su parte, Rosa María García sobre las torturas que sufrió cuando fue detenida en 1975 en una entrevista publicada en eldiario.es.
Pero la Transición siguió adelante y lo borró todo. Las únicas sanciones a las que hizo frente Pacheco por sus crímenes fueron el pago de una multa por las coacciones y malos tratos infringidos contra Lobatón. El resto de procesos contra él se sobreseyeron con la Ley de Amnistía aprobada en 1977. Ese mismo año también se extinguió la Brigada Político Social y Pacheco continuó su carrera policial como inspector en el Cuerpo Superior de Policía, integrado en la recién creada Brigada Central de Información, donde se especializó en perseguir a los miembros de los GRAPO.
También en ese año fue cuando el entonces ministro de Gobernación Rodolfo Martín Villa —que también ha sido llamado a declarar en el marco de la querella argentina contra los crímenes del franquismo por la matanza de Vitoria— le concedió la medalla de plata al Mérito Policial. La orden, de 13 de junio de 1977 y publicada en el Boletín Oficial del Estado de julio de ese año, reconoce sus servicios “de carácter extraordinario” a la hora de distinguirle con esta condecoración, que suponía además un 15% más de pensión vitalicia que ha estado cobrando desde entonces.
Cuatro años después, González Pacheco fue trasladado a la Comisaría General de Policía Judicial, apartándolo así de la lucha antiterrorista. No aguantó mucho persiguiendo fraudes. En 1982 abandonó la policía y se dedicó a la seguridad privada. Un reportaje de La Directa documenta que en los siguientes años, González Pacheco fue jefe de seguridad en empresas como Automóviles Talbot, ubicada en Madrid, y después trabajó para la empresa Loomis Spain SA, la división de transporte de Securitas, como jefe de tráfico. En 1996 decidió volver al tema antiterrorista, pero con su propia empresa, Spas —Servicios de prevención de atentados y secuestros—, que fundó con su ex jefe y excomisario Jesús Martínez Torres, según publica El Mundo.
PETICIÓN DE EXTRADICIÓN POR LA QUERELLA ARGENTINA CONTRA EL FRANQUISMO
La vida de Billy El Niño continuó tranquila hasta que en 2010, la juez argentina María Servini comenzó la instrucción de la querella por los crímenes del Franquismo. La causa, que comenzó a investigarse en Argentina gracias al principio de justicia universal —esa que el Gobierno de Mariano Rajoy limitó en España en 2014— por el trabajo de Carlos Slepoy, incluía casos de tortura perpetrados por González Pacheco contra trece personas en los últimos años de la dictadura franquista.
Las instituciones judiciales españolas corrieron al rescate del torturador, para quien Servini había pedido la extradición a través de la Interpol. La retirada del pasaporte ordenada por el juez Ruz pronto fue seguida de la devolución del documento y el rechazo a la extradición por parte de la juez Concepción Espejel —la misma que ha condenado a los ocho jóvenes de Altsasu—, quien además protegió la imagen del ex policía, según relata un artículo de Cristina Fallarás en Ctxt.
En paralelo a la causa argentina, en junio de 2017 la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra los crímenes del Franquismo (CEAQUA) comenzó también a organizar la presentación de querellas por torturas contra González Pacheco. Hasta hoy se han presentado cinco querellas contra Billy El Niño, aunque tres de ellas ya han sido archivadas al considerar el juzgado que el crimen había prescrito.
Este 10 de mayo, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) solicitó al Ministerio de Interior la retirada de la condecoración que ostenta González Pacheco. “Solicitamos la retirada de la distinción y de cualquier otra que pudiera tener. Incluso que se le exigiera la devolución del dinero que ha recibido por esta distinción desde julio de 1977, cuando Martín Villa, con nocturnidad y alevosía, porque fue dos días antes de que se celebraran las elecciones del 77”, relata Silva.
ÁlvaroMinguito. El Salto

domingo, 10 de junio de 2018

PEDRO SÁNCHEZ Y EL GOBIERNO KASPÁROV

Pedro Sánchez y su Gobierno en el Palacio de la Moncloa

Sucedió en 1972 en Reikiavik, Islandia. El telón de fondo era un telón de acero y la partida de ajedrez una reproducción en miniatura de la Guerra Fría. A un lado del tablero, el soviético Boris Spassky defendía su divisa de campeón. Al otro lado, el aspirante estadounidense Bobby Fischer se preparaba para conquistar el título y poner fin a veinticuatro años de dominio rojo sobre los escaques. Después de dos meses de contienda y veintiuna partidas, Spassky telefoneó al árbitro y arrojó la toalla. Lo llamaron “la partida del siglo”. Fischer murió en 2008. Pocos años después, sentado sobre una silla de ruedas, Spassky confesó que todavía hablaba con Fischer en sueños.
Pero si hay una rivalidad ajedrecística longeva y mitológica, es la que mantuvieron durante diez años y 144 partidas los rusos Anatoli Kárpov y Garri Kaspárov. Tanto duró la pelea que por el camino vieron caer el muro de Berlín, conocieron a Gorbachov, la Perestroika, cambiaron de bandera después de que se desmoronara la Unión Soviética, salieron ilesos del golpe de estado de 1991 y vieron a Yeltsin subido en un tanque. Kárpov y Kaspárov pasearon su rivalidad por todo el mundo. Incluso llegaron a disputarse el título mundial en Sevilla y las torres del tablero fueron reemplazadas por pequeñas réplicas de la Torre del Oro.
Para entender mejor esta rivalidad es necesario regresar a Moscú al campeonato mundial de 1984. Kárpov defendía el título desde la renuncia de Fischer en 1975. Era un duelo a treinta y una partidas y Kaspárov llegó a tener un cinco a cero en su contra. Pero cuando Kárpov estaba a punto de sentenciar el campeonato, cometió un desliz que permitió a Kaspárov arrancar un empate agónico. A partir de aquel momento, la suerte cambió de bando y Kaspárov logró alargar la contienda durante seis meses y cuarenta y ocho partidas a base de forzar tablas. Kárpov se desesperaba. Para entonces, hacía tiempo que los periodistas habían sucumbido a la pereza y se habían largado a cubrir las Olimpiadas de Tesalónica. En febrero de 1985, el presidente de la Federación suspendió el campeonato por agotamiento. Aquel mismo noviembre, Kaspárov arrebató por fin el título a Kárpov. Lo retuvo durante quince años.
No es un tablero de ajedrez, pero se parece. En los asientos del Congreso de los Diputados se extienden 350 piezas que en cada votación conforman alineaciones sorprendentes y juegos de mayoría inesperados. Esta semana pasada hemos dicho adiós a Mariano Rajoy. Un presidente que ha gobernado desde la barrera, consciente de que en España es más fácil conservar el poder gracias a los errores ajenos que a los aciertos propios. Hemos visto el cambio de gobierno en una atropellada sucesión de imágenes tan inesperadas como elocuentes. Rajoy atrincherado durante ocho horas en el restaurante Arahy. El bolso de Sáenz de Santamaría calentando la butaca vacía del presidente saliente. El vertiginoso cambio de chaqueta de Aitor Esteban. La proclamación pírrica de Pedro Sánchez. Los aplausos entusiastas de la bancada morada. ¡Sí se puede!
Se retira Rajoy sin más drama ni estridencia que los aullidos cavernarios de la derechona mediática. La cantinela del gobierno Frankenstein, el espantajo inverosímil de la confabulación castrochavista con su consorte de secesionistas catalanes y vascos con pasamontañas. Es la vieja murga, en fin, de un sector de la grada que puede parecer testimonial y extravagante pero que todavía levanta fervores en las momias embalsamadas del franquismo. Vemos las últimas manifestaciones de Vox contra “los enemigos de España” y nos despiertan una emoción ambigua entre la perplejidad y el espanto.
En el otro extremo del estadio, damas y caballeros, hay un sector de la grada que descorcha botellas de champán y hace la ola. Como si Pedro Sánchez, que hace apenas dos años negociaba carteras ministeriales con Albert Rivera, hubiera adquirido de pronto galones de mesías redentor para la izquierda. O somos de un optimismo inquebrantable o es que tenemos la memoria efímera de una carpa de acuario. Parece claro que desalojar al PP de la Moncloa era un necesario ejercicio de profilaxis democrática. Que después de siete años de recortes, mordazas y desfiles de imputados, es difícil no deleitarse en la revancha. Pero de ahí a las efusiones festivas hay un trecho kilométrico.
En primer lugar porque hay que entender esta moción de censura dentro del interminable contexto electoral que padecemos. En un escenario fragmentado de alianzas inestables y cambalaches parlamentarios, el golpe de mano del PSOE tiene mucho de ingeniería mediática y de estrategia de partido. Si hay que reconocerle algún mérito, es la eficacia del regate. De un solo gancho, Pedro Sánchez ha mandado los dientes de Rajoy a la lona, ha dejado sonado a Rivera y ha conseguido la adhesión desinteresada de los dirigentes de Podemos. Todos le daban por muerto y sin embargo, ahí está el potro de Tetuán, salvado por la campana y asaltando la pole position de la carrera hacia las urnas.
La segunda razón para guardar el cava viene con el reparto de ministerios. No es porque Ana Botín haya celebrado la llegada de Nadia Calviño al despacho de Economía. No es que Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, avalara el fraude del gas natural en el Proyecto Castor. Tampoco se trata de que Màxim Huerta se haya curtido en las vísceras informativas del matinal de Ana Rosa antes de aceptar la cartera de Cultura y Deporte. Olvidemos por un momento que Josep Borrell acompañó a Vera y Barrionuevo a la puerta del penal de Guadalajara o que su adhesión militante a Societat Civil Catalana va a distorsionar su periplo por Exteriores en plena pugna de Llarena con la justicia europea. Pasemos por alto, pelillos a la mar, las cinco condenas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra la vista gorda de Fernando Grande-Marlaska ante seis casos de tortura. Perdonemos al ministro de Interior su defensa de los CIE, el archivo del caso Yak-42, la persecución contra el 15-M o la doctrina del todo es ETA. Hagamos de tripas corazón por un momento.
Porque detrás de estas trayectorias más bien inquietantes hay un rizado mar de fondo. La irrupción de Ciudadanos en 2015 tanto en los parlamentos autonómicos como en el Congreso de los Diputados ha servido para desplazar el tablero político hacia la derecha más ultramontana. Los hooligans naranjas del 155 han celebrado la exaltación de la mano dura con un liberalismo patriótico pero también joven, desenfadado, chic y sobre todo oportunista, capaz de arrimarse al sol que más calienta y dispuesto a cambiar de bando con la velocidad y los escrúpulos de un batallón de mercenarios. Ciudadanos es un chaleco reversible que lo mismo te viste a una Cristina Cifuentes que te abriga a una Susana Díaz. Ciudadanos no nació para ganar sino para inyectarnos el miedo en los sondeos gratinados de Metroscopia. Ciudadanos es la razón por la que un tecnócrata liberal como Pedro Sánchez nos parece un oasis de progresismo en medio de la devastación parlamentaria. Vota PSOE, que viene el lobo.
Después de casi dos años enterrado en vida, Pedro Sánchez ha repetido la proeza de Gari Kaspárov. Cuando todo el mundo le daba por muerto, dimitido de la secretaría general del PSOE y de su escaño de diputado, supo salir a flote a costa de guardar un bajo perfil de oposición y de acoplarse al reparto de medallas del 155. Igual que un ajedrecista curtido de paciencia, ha esperado el traspiés de la Gürtel para lanzar su jaque. Ahora, con la partida ya en sus manos, le ha sobrado tiempo para armar una escuadra ministerial que agradará más a los votantes del PP y de Ciudadanos que a quienes le han investido presidente. El nuevo gobierno Kaspárov es la constatación de que el viejo bipartidismo no solo sigue vivo sino que goza de una salud excelente, ahora con la muleta ambidiestra de Albert Rivera.
Nos esperan gestos epidérmicos, despliegues simbólicos de modernidad que harán suspirar a las almas cándidas del progresismo pero que seguirán perforando los bolsillos de la mayoría trabajadora. Permanecerán intactas las columnas del 78. El mismo modelo productivo. La misma dictadura bancaria. El mismo entramado mediático. La misma legislación laboral celebrada por las patronales. El mismo desmán inmobiliario. Los mismos beneficios obscenos de las eléctricas. Las mismas puertas giratorias en los consejos de administración. La misma corona. El mismo rey. Y todavía tendremos que agradecer que no nos gobierne Ciudadanos. El problema no es quién gana la partida. El problema es el tablero.
Jonathan Martínez

sábado, 26 de mayo de 2018

CARTA ABIERTA DE LA 'GARGANTA PODEROSA' PARA LA MILITANCIA DE PODEMOS

Iglesias y Montero anuncian la consulta a las bases de Podemos
sobre su continuidad liderando la organización

Amigas, aquí unas negras villeras que nunca merecimos volar. Amigos, aquí unos negros de mierda que nunca cobramos un sueldo para pensar. Compas, aquí 79 asambleas del barrio y del barro recién llegadas de Madrid por primera vez, recién aterrizadas sobre un aeropuerto por segunda vez. Nunca antes, en las décadas que tiene la memoria de nuestras villas, ni en los siglos que tiene la historia de nuestras comunidades, habíamos podido pisar el Viejo Continente, por más viejo que pareciera. Y mucho menos, soñar la posibilidad de interpelar al Parlamento, de disertar en televisión, de gritar nuestras verdades en sus universidades. Jamás, jamás, jamás, hubiéramos podido juzgar a Europa desde adentro.
Y ahora, Podemos.
Nosotros no tenemos una casa de 600 mil euros, como esa que ahora escandaliza a los medios de todo el mundo, aunque sus propios accionistas tengan varias en cada ciudad. Nosotras no tenemos esos 600 mil euros que pidió una pareja de jóvenes profesionales para poder adquirir una propiedad, endeudándose a 30 años. Pues no es ninguna novedad que no los tenemos, ni podríamos tenerlos. Por más créditos que pidiéramos, no juntaríamos ese dinero ni vendiendo todas nuestras casillas en todos nuestros asentamientos. Pero aun si milagrosamente sucediera, aun cuando una nube verde azotara el cono sur y regara de dólares nuestros pueblos, aun entonces no podríamos destinarlos a ninguna casa tan costosa, porque seguiríamos teniendo imperiosas prioridades más prioritarias. Otros pueden hacerlo y aducir que sí, “se lo han ganado”, porque a veces el capitalismo deja ganar a los buenos para marearlos un poco, siempre valiéndose de la “meritocracia” y la “legalidad”, como si la Corona fuera fruto de algún mérito o como si resultaran legítimas las legales ganancias de los bancos. No lo son.
A nuestra humilde mirada, los dirigentes populares tienen la obligación de mantener su austeridad para no sacar los pies de la tierra, pero además tienen la obligación de hacer, sin perder su condición humana: de modo que tienen también la obligación de cometer errores. ¿O por qué piensan que pedimos a gritos una mayor participación de los excluidos en las estrategias partidarias que bregan por la emancipación? No es por altruismo, ni mera justicia social, sino por ese canal de formación que dirigen los invisibles, hacia todos los seres humanos sensibles. ¿O para qué sirve la educación popular? No sirve para nada, si no nos deja enseñar. Ahora bien, aquí no estamos hablando de dinero expropiado por los crímenes del franquismo que Iglesias expuso como pocos. Tampoco estamos hablando de cuentas offshore, ni testaferros que operaban para Montero. Sus movimientos financieros estaban ahí, a la vista del planeta, tal como lo plantearon para la lógica sensata del partido, el único que se autoimpuso salarios limitados y la condición de publicar hasta cada peaje facturado a nombre del Estado. Aquí no hubo ilícito, ni ladrón. Ni siquiera hubo una investigación. Hubo, sí, una operación que nadie intentó esconder y que hoy promueve un debate a la interna del campo popular global, convocado por esa misma pareja de compañeros que llamó a revalidar públicamente su legitimidad, como si no hubiera dado pruebas suficientes de transparencia y autenticidad. Tal vez ahora, esta crítica introspectiva se pueda traducir en algunas normas necesarias para ese liderazgo. O quizá se puedan clarificar las ambiciones de unos y otros, para ordenar el destino del fenómeno más genuino que hayamos visto estallar frente al Congreso español. Lo que no se puede, es dividirse.
¡No-se-pue-de!
La ingeniería socioeconómica de Podemos nos permite a nosotros, objetos de tantos análisis sociológicos y sujetos de casi ninguno, pensar por qué pasó lo que pasó, desde afuera. Por qué nos topamos ante una decisión “personal” que no espeja las necesidades de sectores anclados en el pozo ciego del mundo. Y nos parece algo fácil de comprender, salvo para quienes estuvieran esperando hace mucho una oportunidad para no comprenderlo. ¿Realmente alguien creía, en España, que vuestro partido había bajado de la Sierra Maestra o había brotado de las favelas pacificadas? ¿Sinceramente alguien desconocía que semejante indignación de una primera generación empobrecida había detonado una bomba de clase media? ¿Quiénes no sabían que las 67 bancas podemistas estaban ocupadas por jóvenes con importante trayectoria universitaria? ¿No era ésa una revolución suficiente para jaquear al conservadurismo que, enhorabuena, debió tallar en cobre la foto del rastafari ocupando su banca, en las narices de Rajoy? ¿No era ése un paso indispensable para que los villeros pudiéramos llegar a España, ser detenidos por sudacas en el aeropuerto y tener por fin un micrófono para denunciarlo en la Cámara de Diputados? ¿No estábamos en eso, hasta la semana pasada, cuando descubrieron que Iglesias no era un refugiado? ¿No estaban ustedes al tanto de todo esto, cuando descubrieron que Montero no era una ocupa? Hagamos tantas autocríticas como sean necesarias, hasta el fondo, desde la raíz.
Pero ésas que calan hondo,
¡no las que diga El País!
Aquí no hemos conocido, en los 14 años que lleva nuestro movimiento, ningún dirigente europeo más humilde y sensato que Rafa Mayoral, un abogado, sí, un abogado que no necesitó perder su vivienda para ponerse al servicio de los afectados por las hipotecas, con la misma sensibilidad que apareció una tarde caminando por los pasillos de la villa. Toda una delegación de Podemos recorría la Argentina, mientras Iglesias esquivaba los flashes de cuanto paparazzi se lo cruzaba, porque todos querían robarle una foto, un saludo, un segundo de fama. Nosotros no queríamos una foto, queríamos que nos conocieran y entonces vinieron. Vinieron al barrio como nunca vinieron esos paladines de la ética que tienen sus redacciones a 15 minutos de nuestras cloacas tapadas. Y no vinieron para seguir hablando, sino para escuchar. Se llevaron puesto nuestro barro, no para usarlo como marquesina publicitaria, sino para forzar los mecanismos que nos permitieron cruzar el charco, financiados por ese Parlamento Europeo sectario, racista y colonialista. Sin corbata, sin bozal, sin domesticar, aparecimos ahí los nietos de republicanos que sólo conocíamos España por fotos en blanco y negro de nuestros antepasados, pero también las nietas de bolivianos que todavía padecen aquel etnocidio presentado como conquista o descubrimiento de otros, siempre a fuerza de tropa.
Y entonces fuimos nosotros,
los que descubrimos Europa.
Ni el más optimista hubiera imaginado que algún partido español sería capaz de convertir un piso parlamentario en un centro cultural, empapelado con afiches de Santiago Maldonado. Fueron ustedes, quienes nos permitieron hilar nuestras tradiciones de resistencia con los dedos machucados de las costureras que subsisten en Elche, mujeres esclavizadas como sus madres, en las condiciones infrahumanas de una precariedad laboral que las obliga a coser zapatos 12 horas por día, en la más absoluta ilegalidad. Manos mal pagadas por las multinacionales del calzado. Y manos malformadas como sus columnas, por esa enfermedad que los propios médicos catalogan como “el mal de la aparadora”, desprendida de la posición que soportan desde los 11 años hasta los 70, privadas de cualquier contrato y cualquier contacto con el sol. Nos hilaron con los agricultores familiares, los pescadores, los astilleros, las cuidadoras de ancianos. Y nos permitieron zambullirnos en la economía sumergida de aquella Europa siempre rica, para sacar la cabeza en Bruselas y arrancarle la careta a una Comisión de Derechos Humanos que denuncia todos los crímenes cometidos en el universo, ¡menos los europeos!
Ahí mismo, abrimos la Garganta, en las entrañas de Bélgica, para gritar que no pudimos afianzar la libertad de expresión aquí, donde los villeros fuimos presos al hacer noticia por mano propia. Y tampoco pudieron ahí, donde el rapero Valtonyc continúa condenado, por haber “enaltecido al terrorismo”, componiendo una canción contra la Corona. Que no pudimos abolir el racismo aquí, donde no son lugareños los dueños, ni las cervezas, ni los políglotas que atienden los bares turísticos en pueblos originarios, pero sí son lugareños quienes descargan las papas de madrugada. Y tampoco pudieron ahí, en ese mismo Parlamento, donde no son negros quienes pisan su alfombra roja, ni los comensales de sus restaurantes, ni los chefs de sus platos gourmets, pero sí quienes lavan esos platos. Que no pudimos garantizar la igualdad de géneros por aquí, donde hay un femicidio cada 17 horas. Y tampoco pudieron ahí, donde los europarlamentarios gozan de impunidad para soterrar sus repetidos abusos a jóvenes asistentes. Que no pudimos desterrar la xenofobia aquí, donde los paraguayos deben batallar por su derecho constitucional a la salud. Pero tampoco pudieron ahí, donde los hijos de rumanos nacidos en Oviedo no tienen acceso a su identidad, ni a su nacionalidad… Nunca hubiéramos aceptado viajar para pedirles que resolvieran nuestros problemas, puesto que ninguna cultura puede curar a otra: fuimos para denunciar este régimen de la desigualdad, ¡que aquí no ha funcionado ni un poco!
Y ahí tampoco.
Las villas no tenemos Madre Patria, lo tenemos muy claro, tan claro como cuántas Patrias Hermanas necesitamos para liberarnos del silenciamiento global, enganchando una mano de la grieta horizontal que nos vuelve compatriotas de la Patria Baja en cualquier lugar del mundo, a todos aquellos que habitamos por debajo de la línea de la pobreza. Para eso, nos cuidamos a todas y nos necesitamos a todos, tal como aquellas plazas incandescentes necesitaban esos 62 puntos de imagen positiva que la empatía de un joven dirigente le aportó a un proceso incuestionablemente transformador. ¡Y vamos, carajo! España tiene un rey, en serio, ¡un rey tiene! Un sistema judicial negacionista, un presidente neoliberal y miles de genocidas libres. ¿De verdad quieren hacernos creer que nuestro enemigo dirige Podemos? De mínima, aun en la impotencia, aun en la divergencia, por favor no dejen de observar con particular curiosidad cómo esa polémica transacción inmobiliaria desgarra la moral de todas sus élites indignadas, aunque sigan embelesadas con la boda del príncipe Harry que celebraron hasta el amanecer: no van a poder.
Hoy más que nunca, socialistas, humanistas, progresistas, peronistas, comunistas, idealistas, podemistas, los necesitamos poderosos, resguardando y acelerando la estampida de los gritos que aclaman por la vida. Los necesitamos, con ovarios, cojones y contrapuntos, frente a todo lo que viene.
Los necesitamos juntos,
con Pablo y con Irene.

miércoles, 23 de mayo de 2018

CONTRA EL 'NACIONALPOPULISMO'

Albert Rivera en la presentación de la plataforma España Ciudadana

Hay españoles jóvenes y mayores, trabajadores y empresarios, sanos y enfermos, centrípetos y centrífugos, ricos y pobres, de derechas y de izquierdas, conservadores y progresistas, hombres y mujeres, cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes, heterosexuales y homosexuales, republicanos y monárquicos, del campo y de la ciudad. Hay españoles libres y españoles presos, españoles con vivienda y sin ella, con trabajo y sin él, jubilados y estudiantes. Hay españoles que quieren dejar de serlo, otros que están hartos de que algunos quieran dejar de serlo, y otros a los que les da igual quién sea o sienta español y quién no. Hay castellanoparlantes, gallegoparlantes, catalanoparlantes y vascoparlantes. Hay insulares y peninsulares, drogodependientes y traficantes, corruptores y corrompidos, defraudadores y patriotas fiscales, pensionistas y medio-pensionistas. Y todos son españoles.
Todos los españoles son españoles, pero no a todos les gusta el programa de Ciudadanos sobre la juventud y la tercera edad, sobre el trabajo y la empresa, sobre la salud pública, sobre la organización territorial, sobre la pobreza y la riqueza, sobre la igualdad y la libertad, sobre la seguridad y la lucha contra la delincuencia, sobre las pensiones y los impuestos, sobre el uso y promoción de las lenguas, el derecho a usarlas y el deber de hacerlo, sobre la educación y sus contenidos.
La plataforma “España ciudadana” quiere serlo todo al mismo tiempo, salvo nacionalista y populista. De momento, sin embargo, es sólo “nacionalpopulista”, porque como banderín de enganche no se esmera en dirimir más conflicto que el nacional, y esconde los demás conflictos en un concepto amorfo de pueblo abducido por la nación. Pero eso dura poco y no cuesta trabajo comprender que lo que hay es otra cosa. “España ciudadana” sí tiene proyectos y propuestas para los diferentes conflictos sociales que hay en España, y son proyectos de partido: es el programa de Ciudadanos. No cuesta ningún trabajo entender que en “España ciudadana” el sustantivo España es retórico, y que lo importante es el adjetivo. Lo importante es Rivera y su partido. “Sea español, vote Ciudadanos”: ese es el mensaje. España como enganche a favor de un partido y de un programa enfrentado a otros partidos y otros programas que hasta hoy también se creían españoles.
La literatura política de todos los tiempos está llena de reproches al patriotismo que se blande entre compatriotas, al patriotismo identitario y excluyente y al patriotismo de quienes se suben encima de la patria para que se les vea. Son olas destructoras las que levanta esa pulsión. Sobre todo son olas desleales, siempre lo han sido, porque instrumentalizan un sentimiento y un patrimonio inapropiables. Cuanto más se asocie la bandera a una de sus partes, más crecerá la parte pero menos valdrá la bandera. Y ese es el camino que decididamente ha emprendido Rivera: crecer electoralmente a costa de una España beligerante, haciendo de ella un sentimiento tan acogedor para unos como antipático para otros, tan integrador para integrados como excluyente para los distintos, tan ilusionante para unos como hostil para otros. Quien pretende hacer de su partido una nación, acaba haciendo de su nación un partido.
Rivera ha transgredido una línea roja: la de la deslealtad con su país. Los réditos electorales que obtenga serán coyunturales, pero el daño puede ser de mayor duración. Más aún lo será si los demás partidos deciden competir en españolismo con Ciudadanos, como es de temer. Mucho más eficaz e inteligente, a corto y largo plazo, será desinflar “España ciudadana” dejándola reducida a lo que es: “Ciudadanos”, un partido de derecha ultraliberal y xenófobo si los sondeos animan a serlo. Lo más útil para enfrentarse a este remedo low cost de Obama y Macron con tintes joseantonianos será dejar a España a un lado y hurgar en lo que importa: obligar a Rivera y a su formación política a pronunciarse sobre a qué españoles va a beneficiar y a cuáles menos. Porque todos los españoles son españoles, pero unos son ricos y otros no, unos son monárquicos y otros republicanos, unos son unionistas y otros no, unos necesitan abaratar costes sociales y otros pugnan por más salario, unos dependen de impuestos y políticas sociales y otros menos, unos quieren más seguridad y otros más libertad, unos más identidad y otros más derechos.
¿Por qué hablar de “nación” cuando lo que queremos decir es “partido”?
Ctxt

domingo, 20 de mayo de 2018

LA ‘BUENA CRISIS’ PARA LOS MILLONARIOS

Multimillonarios españoles y su patrimonio

Las grandes fortunas españolas siguen aumentando, y con de forma cada vez más acelerada. Los que son clasificados como ultramillonarios (más de 40,6 millones de euros en activos) y multimillonarios (más de 4 millones) en España aumentarán respectivamente un 36% (de 1.690 a 2.300 personas) y un 37% (de 35.090 a 48.010) en el año 2022. Así lo refleja el informe The Wealth Report 2018, realizado por la consultora británica Knight Frank, que recoge un crecimiento exponencial a cinco años vista. Entre 2016 y 2017, el crecimiento fue en estas dos franjas de patrimonio de un 4% (de 1.630 a 1.690 en ultramillonarios) y un 3% (de 33.960 a 35.906 en multimillonarios), respectivamente.
De forma detallada, las ganancias de las 200 personas más ricas de España han aumentado en 10.000 millones durante el año pasado, según un monográfico publicado por PAPEL. Estas cifras pormenorizadas confirman y complementan, con una actualización, los datos que ya presentó el año pasado Capgemini, en los cuales se sostenía que había un 60% más de millonarios en nuestro país con respecto a 2008, el año previo a que se produjeran los primeros efectos de la crisis.
El documento elaborado por Knight Frank detalla también estos números a nivel mundial, desglosado por regiones y países. Si en 2017 había 2.535.480 multimillonarios, en 2022 serán 3.617.550 en todo el mundo, un 43% más. En cuanto a los ultramillonarios, el documento se fija más en los cambios regionales: en Europa hay 35.180 en estos momentos, que pasarán a ser 47.110 dentro de 5 años. Dentro del continente, el país que más ultramillonarios tiene es Alemania (8.070), seguido de Francia (5.040) Reino Unido (4.580) y Suiza (3.710). Los que menos, Irlanda (780) y Bélgica (720). La región del mundo donde hay más personas con más de 40 millones de euros es Norteamérica, con 44.000.
Estas cifras de riqueza al alza contrastan con los datos de desigualdad que se vienen registrando en los últimos años en nuestro país. Según un informe de Oxfam de 2017, el 10% más rico acumula más de la mitad (un 53,8%) de la riqueza total de España, y el 1% de ricos entre ricos, la cuarta parte de esa misma, casi lo mismo que el 70% de la población. Esta porción de la población se quedó con el 40% de toda la riqueza creada entre 2016 y 2017 mientras el 50% más pobre solo se repartió un 7% de esas ganancias. Además, el 10% más rico ha incrementado en un 5% (y el 1% más alto de la pirámide, en un 9%) su participación en la renta española entre 2016 y 2017. Mientras, el 10% más pobre la ha disminuido en un 17% de 2007 a 2016.
Arturo Tena

lunes, 14 de mayo de 2018

"FRANCO NO MURIÓ EL 20-N". HABLA EL EMBALSAMADOR Y ÚLTIMO TESTIGO

Franco recibe al rey Juan Carlos en el Pazo de Meirás

‘El forense Antonio Piga cuenta la trastienda de las últimas horas de Francisco Franco’ ‘Cuando lo embalsamé, llevaba varias horas muerto’ ¿Por qué se manipuló la fecha de la defunción?
En la facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá hace tanto frío que se podría conservar un cadáver sin necesidad de pedir ayuda a Antonio Piga, referencia de la medicina forense en España, hijo y nieto de forenses de prestigio. Piga, profesor emérito de 78 años, nos recibe en un despacho del departamento de Medicina Legal para hablar de su rol como embalsamador y último testigo de la muerte de Francisco Franco, de la que se han cumplido 42 años.
Que su relato de las últimas horas del dictador valga para rodar un 'thriller' no nos debe despistar: Piga ofrece suficientes datos históricos como para hacer tambalear una de las fechas más icónicas del siglo XX español: el 20-N.
Los preparativos
21 de octubre de 1975, 20.10 horas, primera nota de prensa de la Casa Civil para atajar los rumores sobre el estado de salud de Franco: “En el curso de un proceso gripal, Su Excelencia el Jefe del Estado ha sufrido una crisis de insuficiencia coronaria aguda que está evolucionando satisfactoriamente, habiendo comenzado ya su rehabilitación y parte de sus actividades habituales. A las diecinueve horas del día de hoy, Su Excelencia el Jefe del Estado recibió en su despacho al presidente del Gobierno, con quien mantuvo una conversación de cuarenta y cinco minutos”. ¿Todo en orden?
Muy bien no debía estar Franco, porque el día antes había arrancado el operativo secreto para su embalsamamiento. Vicente Pozuelo, médico personal de Franco, contactó con Antonio Piga, entonces Director del Centro Nacional de Especialidades Quirúrgicas. “Me dijo confidencialmente que Franco estaba muy mal, y que hablara con mi padre (Bonifacio Piga, catedrático de Medicina Legal) por si quería dirigir el embalsamamiento”, cuenta el forense.
Había motivos más que de sobra para ponerse en lo peor: “Franco había sufrido un infarto muy serio, y su recuperación era más que complicada”, diagnostica Piga.
Los Piga (padre e hijo) se pusieron en marcha: “Compramos discretamente el material necesario para el embalsamamiento (batas, instrumental, líquidos, maquillaje cadavérico, bomba de inyección) y lo metimos en dos maletas enormes que escondimos en el maletero de mi coche”. A instancias de las autoridades, se optó por un embalsamamiento para un cuerpo que estaría expuesto al público unos días (es decir, que los detalles de la futura capilla ardiente en el Palacio Real también estaban en marcha). La idea de hacer un embalsamamiento permanente a lo Stalin o Evita -mucho más laborioso- se descartó desde el principio.
A partir de entonces, y hasta la noche del 20-N, la misión de Antonio Piga consistió en esperar una llamada de teléfono: “Tenía que estar localizable a cualquier hora” -recuerda-, lo que no era tan sencillo: no contaba ni con móvil (estamos en 1975) ni con coche: “No lo usaba por miedo a que me lo robasen o a tener un accidente: en el maletero llevaba productos potencialmente tóxicos”.
Luego llegaría -2 de noviembre- un momento dantesco del que Piga no fue testigo, pero que es necesario recordar para comprender las condiciones del ingreso hospitalario de Franco: la rocambolesca operación a vida o muerte en un quirófano improvisado en un cuartucho del Palacio de El Pardo, que incluyó: a) el traslado del Caudillo -desnudo y con una hemorragia descontrolada- envuelto en una alfombra (la camilla era más ancha que un tramo de las escaleras) y b) un apagón de plomos en plena intervención. Pese a todo, Franco sobrevivió, pero no quedó más remedio que dejar de aparentar normalidad e internar al enfermo (ya medio moribundo) en el hospital La Paz.
La noche de autos
Antonio Piga, forense que participó en el
embalsamamiento de Franco
La llamada de teléfono más esperada llegaría el 19 de noviembre a las 10 de la noche. “Vicente Pozuelo nos dijo que nos preparásemos para salir hacia La Paz en cuanto recibiéramos otra llamada”, recuerda Piga. El segundo telefonazo llegó exactamente a las 00.00 horas del 20 de noviembre. Llegaron al hospital media hora después y tras sortear a la prensa por la puerta de atrás.
Cuando entraron en la habitación de Franco (00.40 horas), se llevaron la primera sorpresa: nada hacía indicar que allí hubiera muerto alguien hacía pocos minutos, sino más bien hacía unas horas. “La habitación estaba vacía, libre de aparatos, y Franco estaba desnudo sobre la cama cubierto con una sábana. Habían sacado de la habitación todo lo que se podía sacar más allá de lo estructural de cualquier habitación de hospital”, aclara Piga. Ni rastro de los aparatos que habían mantenido con vida a Franco durante su larga agonía.
“Nos quedamos allí los cuatros solos”. O sea, Antonio Piga, su padre, el doctor Modesto Martínez-Piñeiro, antiguo director del Instituto Anatómico Forense, y Antonio Haro Espín, especialista en anatomía y embalsamamientos. El equipo procedió: inyecciones intraarteriales del líquido conservador (mezcla de formaldehído, agua y alcohol) en las carótidas de Franco y evacuación de sangre venosa, no sin algunos problemas para evitar fugas por los vasos seccionados: “No es que el cuerpo estuviera en mal estado, pero habría sufrido varias operaciones quirúrgicas”, aclara el doctor.
Comprobado que el líquido conservador funcionaba -endurecimiento de los tejidos del finado- dieron la operación por terminada y miraron el reloj: eran alrededor de las cuatro de la madrugada del 20 de noviembre. “Cuando lo embalsamé, llevaba varias horas muerto”, asegura tajante Piga. El apaño cronológico (que se sigue dando por bueno cuatro décadas después) estaba servido...
El acta notarial del fallecimiento de Franco aseguró lo siguiente: “Su Excelencia el Jefe del Estado, Don Francisco Franco Bahamonde, ha fallecido en la Residencia Sanitaria de la Paz de la Seguridad Social, de Madrid, a las cinco horas y veinticinco minutos del día veinte de noviembre por parada cardiaca, como episodio final de un shock tóxico por peritonitis. […] Firmado: Doctor Vicente Pozuelo Escudero”. El acta estaba firmada por, entre otros, el Presidente del Gobierno (Carlos Arias Navarro). La segunda diligencia fue firmada por el Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón y Borbón.
Si hacemos caso al acta oficial de la muerte, Franco fue embalsamado (4.00 horas) hora y media antes de morir (5.25 horas). Algo había que hacer con la certificación del embalsamamiento. “Pues sinceramente no me acuerdo de qué autoridad nos pidió que cambiáramos el acta, quizá fue Pozuelo, pero insisto en que no lo recuerdo; lógicamente tuvimos que cuadrar la hora del acta de embalsamamiento para que la hora de la muerte fuera verosímil”, cuenta Piga 42 años después.
Dicho y hecho: según la documentación oficial, el embalsamamiento de Franco comenzó a las 5.30 y acabó a las 10 de la mañana. Pero esa cronología era absolutamente imposible, pues el equipo de embalsamadores había salido de La Paz a las 6 de la mañana camino de la iglesia de El Pardo para asistir a una misa ‘de cuerpo presente’ con Carmen Polo, viuda de Franco.
¿Que por qué el franquismo decidió que Franco se muriera el día 20 en lugar del 19? He aquí una pregunta que tiene varias respuestas posibles, al igual que la cuestión sobre el alargamiento artificial de la vida del dictador, que como poco sirvió para preparar con calma el día después, ese dejarlo todo “atado y bien atado” del que hablaba Franco de vez en cuando. Cuenta la leyenda que alguien decidió que Franco muriera el mismo día que José Antonio Primo de Rivera (20-N), aunque el doctor Piga tiene otra teoría –“maquiavélica, si se quiere”- que quizá se ajuste mejor a la inestable coyuntura política del momento:
“Igual pensaban que anunciando la muerte de madrugada amortiguaban su impacto y mitigaban las posibles protestas, ya que le pillaría a casi todo el mundo en la cama. O no...”. El médico, por tanto, se muestra muy cauto a la hora de valorar los motivos ocultos; sabe que la fuerza de su testimonio radica en limitarse a contar lo que vivió como testigo directo. “Tampoco me atrevo a dar una hora exacta del fallecimiento, pero es evidente que Franco murió varias horas antes del 20-N”, zanja Piga.
PD: ¿El 20-N ha muerto? ¿Larga vida al 19-N?

sábado, 28 de abril de 2018

¡HASTA SIEMPRE DOCTOR MONTES!

Luis Montes en una concentración en defensa de la sanidad pública

El viernes recibí la noticia del repentino fallecimiento del doctor Luis Montes. Al parecer, su corazón se quebró mientras se dirigía en automóvil a un encuentro sobre la muerte digna. A mi entender, cayó en acto de servicio. Ejerciendo la coherencia ideológica, humanitaria diría yo, que tantos problemas y sinsabores le acarrearon durante un largo periodo de su vida.
Por si alguien no recuerda los hechos, el doctor Montes fue acusado de realizar sedaciones irregulares en el hospital Severo Ochoa de Madrid y se convirtió en el blanco de una campaña de desprestigio por parte del gobierno de Esperanza Aguirre y de un amplio número de palmeros, oportunistas y otros entes despreciables. Pese a que se desestimaron los delirantes cargos penales, la carrera de Montes no se recuperó jamás de esta conjura de necios que llegaron a compararle con Mengele o el líder de Sendero luminoso. Es verdad que ‘la justicia’ acabó condenando económicamente a ilustres bocachanclas, como Miguel Ángel Rodríguez, por las barbaridades vomitadas en los medios. Pero el daño profesional y moral era irreparable.
En aquellos años supe de la cacería que habían emprendido contra el anestesista. Siendo muy joven, tuve la fatalidad de perder a familiares muy cercanos de maneras horribles. Padeciendo interminables agonías. Innecesarias y crueles. Un infierno por el que no dejaríamos pasar ni a una mascota. Desde entonces, tuve claro que algo andaba mal en una sociedad que anteponía conceptos religiosos o conflictos éticos a la mínima piedad que exige un moribundo. Eso fue lo que me motivó a mandar una carta a El País y otros medios mostrando mi incondicional apoyo al doctor Montes.
Pocos días después, se puso en contacto conmigo para agradecerme el gesto. Yo le agradecí su valentía. Y tuve la gran suerte de compartir varios momentos con él y otro gran luchador por la libertad y el derecho a la muerte digna, mi amigo el profesor Antonio Aramayona. Por eso puedo dar fe de la profunda tristeza que emanaba, pese a sus firmes convicciones, por el linchamiento al que había sido sometido.
Sus carniceros fueron los mismos que saquearon la sanidad pública madrileña. El consejero Lamela, autor intelectual de la campaña contra Montes, se forró privatizando a tontas y a locas. Se desmantelaron hospitales, se transfirió dinero opaco de la pública a la privada, se externalizaron servicios esenciales…
Los pacientes que fueron sedados por Montes (con consentimiento previo) evitaron tener que pasar por una larga e inútil agonía. ¿Se puede decir lo mismo de todos los que murieron en las infinitas listas de espera?, ¿o de los que, debido al impacto del caso Montes, fallecieron rabiando porque ningún sanitario se atrevía a sedarlos por miedo a las consecuencias?
Si algo está claro como la luz del día es que todos llegaremos a ese trance llamado muerte. Y cada uno, conforme a sus creencias, debería poder optar por hacerlo a su manera.
A los que rompieron la carrera y el corazón de mi amigo les deseo un final coherente con su prédica: Una larga, lenta y dolorosa agonía que les haga entrar en éxtasis. Sin ningún Montes a mano que aminore la catártica experiencia. ¿No es lo que dicta su podrida conciencia? Pues que así sea.
¡Gracias por haber luchado tanto y tan bien Luis! Espero que todo fuera tan dulce como tú te merecías. Antonio y tú os habéis largado físicamente pero vuestro legado de compromiso por la libertad nos ha impregnado hasta los huesos. Recogemos el testigo.
¡Que la tierra te sea leve compañero!
Ana Cuevas Pascual

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