Tras la muerte de Franco, ninguno de los movimientos de izquierdas impulsados desde el PCE ha puesto en riesgo el sistema, es más, ni siquiera lo han cuestionado. En el mejor de los casos, el objetivo era modificar algunos aspectos políticos e institucionales.
Es el caso de Izquierda
Unida, nacida al rebufo de la movilización contra la OTAN y que no hizo ascos a
nadie en la reserva del derecho de admisión constituyente: PCE, PASOC, PSUC,
Izquierda Republicana, Federación Progresista, Partido Humanista, Partido
Carlista y PCPE firmaron el manifiesto fundacional.
Las urnas les pusieron
los pies en tierra en las primeras elecciones generales y los resultados
estuvieron bastante alejados de los siete millones de personas que votaron NO a
la OTAN en el referéndum convocado por Felipe González. La coalición, liderada
por Gerardo Iglesias obtuvo 7 diputados en un parlamento con mayoría absoluta
del PSOE, que consiguió 184 diputados.
Toda la
historia de PCE-IU ha sido un quiero y no puedo, con los 17-18-21 diputados de
Anguita en 1989-1993-1996, y el regreso a los infiernos de la época de
Llamazares con 5 y 2 diputados en las elecciones de 2004-2008 y el movimiento
pendular de Garzón recuperando grupo parlamentario en 2012 y volviendo a
perderlo en 2015.
Al igual que con
la OTAN, la crisis de las hipotecas basura y los recortes encontraron respuesta
en las movilizaciones ciudadanas del 15M, las marchas de la dignidad y las candidaturas
de unidad para las elecciones municipales de 2015. En estas candidaturas
encontró IU el clavo ardiendo al que agarrarse para sobrevivir hasta que Podemos
le dio aire con el Pacto de los Botellines y la coalición electoral Unidos Podemos
con la que ambas formaciones concurrieron a las elecciones de 2016 dejando de
sumar más de un millón de votos.
Si nos
detenemos en los niveles municipales en los que Podemos renunció a encabezar
las candidaturas del cambio, IU aprovechó la ocasión para controlar los Ganemos
locales, descabezando los rebeldes y apropiándose de las siglas. Así lo lleva haciendo
el PCE desde 1986 y así lo hará con Sumar, la nueva rana que picará a mitad de
la charca aun a riesgo de hundirse, porque esa es su condición.
Ninguno de los
integrantes de Sumar cuestiona el sistema. Su ambición es obtener concesiones
para las capas populares y corregir las desigualdades del capitalismo
ultraliberal. De hecho, Sumar ha contribuido activamente a finiquitar a
Podemos, la única izquierda transformadora desde la Transición, y lo ha hecho
parasitándolo al tiempo que aprovechaba para marcar perfil y marca electoral
propia. Solo les ha fallado la estrategia creyendo que Podemos rechazaría
formar parte de Sumar tras el veto a Irene Montero y otros líderes del partido
y el ninguneo en las candidaturas, ofreciendo como mejores puestos el 5º por
Madrid y el 4º por Barcelona. Ahora, con Podemos dentro tendrán que buscar
culpable en sus propias filas en caso de que el resultado no mejore los 35
diputados obtenidos por UP en 2019.
Pese al deseo
de Tezanos, que les otorga más de 40 actas, los barómetros de Euskadi y Catalunya
apuntan a un mal resultado electoral para Sumar: en Catalunya solo les
garantizan dos y en Euskadi uno, y encuestas en Madrid ponen el techo en cuatro
diputados. Si estas previsiones se cumplieran sería milagroso que Sumar
superara los 20 diputados.
En cualquier
caso, encuestas aparte, Sumar es la enésima intentona de IU para sobrevivir política
y electoralmente. De ninguna de las maneras supone una amenaza para el sistema y
es probable que obtenga pequeñas concesiones que adormezcan a la ciudadanía al
tiempo que las posiciones conservadoras crecen. El pasado 28M vimos como mucho
voto de izquierdas migraba a las derechas ante la insatisfacción que supone la
falta de cambios reales y que las soluciones aplicadas terminen favoreciendo mayoritariamente
a los de siempre. Otra parte importante del voto se quedaba en casa
decepcionada ante la falta de alternativas reales.
Como no todo iba
a ser malo, la corta carrera política de Podemos nos ha enseñado que se puede
impugnar el sistema, aunque caerán sobre ti parte del Estado y todos los
poderes económicos. También nos ha enseñado que las alianzas son imprescindibles
para resistir los ataques y tener opciones de ganar. Sobre esto están
reflexionando lideres de la izquierda soberanista y de la izquierda
transformadora. Beirás, Otegui, Junqueras e Iglesias coinciden en el diagnostico
y también en que la solución es un Frente republicano, plurinacional, feminista
y ecologista.
Pase lo que
pase el 23J, deberíamos dar pasos firmes y tejer alianzas contra esta ola conservadora
a la que no solo hay que derrotar en las urnas. También hay que derrotarla ideológica
e institucionalmente y sacarla de las instituciones que llevan trufando desde
la dictadura franquista.
Puede que los
mansos de espíritu alcancen el cielo, pero derogar la monarquía y el
capitalismo especulativo exigen algo más que sonrisas fingidas.
Plumaroja 20
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