Mercedes Arancibia Excalibur Excalibur, el perro que adoptó en un refugio Teresa, la auxiliar de enfermería que nunca debió contagiarse del virus del ébola porque nunca debió entrar con una ropa no homologada y sin más preparación que una charla de veinte minutos en la habitación de un hospital que no estaba preparado para recibir casos infecciosos como el de los dos religiosos fallecidos (que tampoco debieron nunca ser repatriados con el dinero de los españoles; fueron voluntariamente a “convertir negritos”, debió encargarse de sus casos la comunidad a la que pertenecían), ha muerto sacrificado por orden de la autoridad incompetente que decide sobre la salud y la vida de los madrileños. De nada han servido la recogida de firmas, los posts Facebook redirigidos una y mil veces, los tweets que han inundado las redes, las asociaciones que se han manifestado delante del domicilio donde Excalibur esperaba el regreso de sus amos, internados en ese mismo hospital que no reúne condic...