A veces creo que es un sueño. Mejor dicho, una mala pesadilla. El mundo que conocí ha tomado forma de una piedra de molino que pulveriza meticulosamente cualquier semilla de rebeldía que pueda atascar su injusta maquinaria. Todo está patas arriba. La carga de la prueba está invertida como invertida está una sociedad que salva a los delincuentes financieros y criminaliza a sus víctimas. Ahora es posible que servidor sea nazi. Lo aseguran los padrastros y madrastras de esta maltratada España. Claro que, los nazis de los que hablan la Cospe, la Aguirre y compañía, ya no portan esvásticas ni calcinan seres inocentes en eficaces hornos crematorios. Ahora somos más chungos, más ladinos. Hemos cambiado de bando y de estrategia. Camuflados de otromundistas, de perroflautas y yayoflautas, de familias desahuciadas, de ciudadanos y ciudadanas solidarias, no podemos controlar el Hitler que llevamos dentro y amenazamos con hacer añicos el escaparate de una democracia de opereta en la que ...