viernes, 24 de febrero de 2017

LA MANO DE RAJOY... UN LANZALLAMAS

Mariano Rajoy mirando sus manos...
A Mariano Rajoy ya  le llaman por ahí “el manco de Pontevedra”. Y no. No es porque el presidente dedique sus ratos locos a cantar por soleares en un tablao flamenco junto al “quisquilla de Huelva” y el “boquerón logroñés”. El mote tiene retranca. Ya saben, mensaje implícito. Que va con segundas vaya. La cosa viene por esa afición que tiene Mariano de poner la mano en el fuego por todos los crápulas de su cuchipandi que se han visto salpicados por casos de corrupción. A estas alturas la mano de Rajoy es como un lanzallamas. Ahí donde la posa, la credibilidad del individuo avalado por el gesto acaba reducida a cenizas.
Más que una extremidad, la mano mariana es una alegoría de una zarza ardiente donde crepitan las reputaciones más trending-basura de los más célebres forajidos populares.
Vamos con un ejemplo práctico: Cuando hace poco Rajoy extendió sus cinco dedos sobre las brasas, metafóricamente hablando, para defender la honra mancillada del presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, ya nos estaba dando pistas de lo que iba a suceder.
Al protegido le atribuyeron después tres presuntos delitos por fraude y cohecho. No hacía mucho que el presidente le había brindado todo su apoyo y confianza “porque tú te lo mereces”.¡ Oye, como un tiro!. No pasó mucho antes de que el murciano cayera abatido en el fuego cruzado de las investigaciones judiciales. La mano incandescente le había señalado. Su suerte estaba echada.
¿Qué si pienso que Rajoy es gafe? Tiremos un poco de la hemeroteca- Tenemos casos tan sonados como el de Alfonso Rus (el que fuera presidente de la Diputación de Valencia y alcalde de Xätiva) por el que Mariano expresó su amor con vehemencia: “Te quiero Alfonso. Te quiero, coño”. Una declaración tan conmovedora como certera. Desgraciadamente para Rus su destino estaba marcado y aparecieron unas filtraciones en las que se le escuchaba contar “dos millones de pelas” resultantes del cobro de una comisión.
¿Y qué me dicen de Carlos Fabra? Mariano Rajoy lo definió como un ciudadano y político ejemplar. Un modelo de virtud. ¡Y zasca! al ex-presidente de la Diputación de Castellón le cayó la del pulpo. Bueno, él estaba más acostumbrado a que la diosa fortuna le favoreciera con premios de lotería pero, en cuestión de imputaciones, digamos que le tocó el gordo y la pedrea. La mano dixit.
Y no podemos olvidarnos de las inquietantes palabras que Mariano dedicó al bueno de Francisco Camps: “Siempre estaré detrás de ti, o delante, o a un lado. Me es igual”. Aparte de rarunas, profetizaban, a la gallega, la caída en desgracia del “curita”. Desde entonces a Camps no le llega al cuello la camisa de su fino traje.
Y podemos seguir con una larga lista. Con frases de incondicional apoyo que han pasado a la historia de la risión: “Rita eres la mejor”. “Eres la alcaldesa que merece Valencia” (Rita Barberá), “Luis sé fuerte”( Bárcenas, un clásico ya), “Estas son mis credenciales. La gestión del Ayuntamiento de Valencia y la Comunidad. Y Xátiva. Y Castellón. Otros no, pero yo sí. Éstas son mis credenciales” (socarrándose  esta vez en nombre de los delincuentes que pululaban por toda la comunidad valenciana, la que más quemaduras le ha costado al pobre hombre), etc., etc…
Nadie podrá negar que la mano de Rajoy debe de ser incombustible. El olor a churrasco a la gallega se agarra hasta la pituitaria más recóndita de nuestra madre patria. Pero él la mantiene, impasible el ademán, sobre el incendio corrupto que asola su partido. Apenas le delata un poco el ojo de mentir que, de pronto, se le pone jotero y retozón. Pero en su fuero interno sabe que su sacrificio a lo San Lorenzo no es en vano. Y que sus mentiras piadosas no le llevarán al infierno. Alguna suerte de justicia poética desenmascara a sus protegidos revelando su verdadera personalidad de villanos.
Mariano solo tiene que señalarlos sacando a pasear su chamuscada mano… de santo. Al final será cierto aquello de que a dios le gusta escribir derecho con renglones retorcidos.

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