miércoles, 1 de febrero de 2017

La paz es el único camino. Lucia 'La Intocable'

Lucia García de la Calzada, 'la Intocable'
A lo largo de mi vida he tenido la enorme suerte de cruzarme con mujeres y hombres que han luchado por una sociedad más justa y libre para todos. Lo poco que he podido aportar en mis años de activismo a esta causa ha sido fruto de la inspiración que estos valientes hicieron germinar en mi corazón. Pero sobre todo entendí que los fines no justifican siempre los medios. Que si queremos un mundo nuevo no podemos edificarlo sobre unos cimientos de odio y de violencia. Que no se necesitan puños ni navajas cuando se tiene coraje y  tu mejor arma es tu voz y tu palabra.
Hace poco en Murcia, una joven de diecinueve años fue golpeada brutalmente por un grupo de gente. Un acto cobarde y execrable sin ninguna duda. Pero lo peor viene después, cuando escarbas en la noticia y se desvela una historia aún más truculenta.
Según los propios informes policiales, la víctima es una conocida de las autoridades por su pertenencia a grupos neonazis y por su supuesta participación en “cacerías” contra inmigrantes, homosexuales o transeúntes.  Lucía “La intocable” y sus amigos ultras practican el odio como un pasatiempo cinegético convirtiendo en potencial presa a cualquiera que se diferencie de su esquema ideológico. Disuadiendo a fuerza de puños americanos, bates y cuchillos. Contundentes argumentos.
Por otro lado están los autores de la paliza que recibió Lucía. Dicen llamarse anti-fascistas. Pero en realidad sus métodos eran y son muy populares entre los que consideran sus antagonistas. No se puede defender la libertad a base hostias porque al final  te transformas en la misma mierda que te gustaría erradicar. No hay superioridad moral en la ´golpiza que recibió Lucía de estos bestias. Tampoco hay superioridad racial en la panda de tarados que organiza cacerías humanas. Solo queda un resquemor amargo y triste al ver que algunos jóvenes repiten antiguos errores que ya deberían estar superados. ¿Va a ser que este país padece una grave desmemoria histriónica?.
Estos días se cumplen cuarenta años del asesinato de los cinco de Atocha. La sangre derramada de estos inocentes, con el objeto de intentar destruir la incipiente apertura democrática, tuvo un efecto contrario al esperado. Los españoles de bien, la inmensa mayoría, se horrorizaron. Pero, lejos de aterrorizarse, se reafirmó más entre la ciudadanía la necesidad de romper con ese patrón fratricida de las dos Españas que solo saben resolver sus diferencias empleando la violencia.
Con los corazones rotos, la respuesta del pueblo fue un mar de rosas y claveles rojos. Frente a la sinrazón y a la crueldad, la sociedad española dio una magistral lección de dignidad y madurez. 
El brutal ataque de las browning no iba dirigido únicamente contra los cuerpos de los laboralistas. Esas balas iban destinadas a las cabezas de cada uno de los que anhelaban una sociedad civilizada. Ese 24 de enero cambiaron muchas vidas.
El otro día mis queridos trolls de las redes, mis más leales lectores, me acusaron de no haber escrito sobre este suceso por haber sido perpetrado por un grupo de izquierdistas. Inmediatamente, me puse a ello. Cogí el teclado, el único arma que empuñaré en mi vida, y escribí este artículo. Gracias a lo que me enseñaron tantos héroes y heroínas anónimos, los genuinos artífices de la paz que ahora disfrutamos, aborrezco la violencia, proceda de donde proceda. No sirve para nada útil. Solo engendra más rencor y más violencia. La respuesta a lo que nos ofende está en la desobediencia ciudadana. En la rebeldía pacífica y constante ante las injusticias. En el ejercicio y defensa  de la libertad de expresión para sustituir definitivamente las balas por palabras. En convencer, no en vencer. En no perder la memoria. Por eso me entristece tanto esta noticia. Es una ventana abierta de vuelta a la caverna. A la España negra.
Nota: Va por mis más perseverantes seguidores en las redes. Esos que ejercen su libertad de expresión calificándome de genocida, feminazi o malfollada. No sabéis lo orgullosa que estoy de defender vuestro derecho a soltar sapos y culebras. Siempre es mejor eso a que te rompan las piernas. Además, le dais chispa a mi vida. Oigo los ladridos y sueño que cabalgo. Muchas, muchas gracias.
Salud y Un fraternal abrazo.
Ana Cuevas Pascual ||

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