domingo, 3 de julio de 2011

NADA SERÁ COMO ANTES DESPUÉS DEL 15M

“Escribo -dice Carlos Taibo en las páginas de Nada será como antes. Sobre elmovimiento 15-M- desde un lugar que está muy cercano al que ocupan quienes organizaron las manifestaciones del 15 de mayo. Por detrás de este texto se aprecia el deseo de que el llamado movimiento 15-M se convierta en el fermento de un amplio proceso de autogestión y creación de espacios autónomos”.
 Lo que ya de entrada aclara, aunque después encontramos también la confirmación en este texto de urgencia, que junto a la movilización espontánea -¡y de qué manera!- de los jóvenes indignados sin adscripción política concreta que, como forma de protesta, eligieron la ocupación de los espacios públicos durante la segunda mitad de mayo y la primera de junio de este año, en paralelo se movía también otra ola, ésta de indignación arrastrada en el tiempo, compuesta por movimientos sociales críticos que unieron sus reflexiones y sus reivindicaciones de siempre a las novedosas propuestas surgidas de las mil y una asambleas autogestionadas de una primavera que ha calentado las plazas españolas, y las de media Europa, como un reflejo también de lo ocurrido pocas semanas antes en algunas de las dictaduras árabes más rabiosas y la antesala de lo que ahora está ocurriendo en las que quedan por “limpiar”.
 Los ocho capítulos del libro que más arriba he calificado de urgencia, y que el propio autor reconoce haber entregado a la edición sin la suficiente distancia en el tiempo para una reflexión mas a fondo, demuestran también que en el movimiento que pasará a la historia como del 15-M flota mucho más de libertario -por inconsciente que sea- que de cualquier otra ideología heredada del pasado, lo que significa un salto en el tiempo y entronca directamente con la mejor tradición de las comunas , los colectivos agrarios y los pueblos aragoneses y andaluces anteriores al estallido de la guerra civil cuando -aunque les faltara tiempo para completar sus proyectos- diferentes colectividades españolas demostraron al mundo que sí era posible ese otro mundo que ahora añoramos, y se puede organizar una vida común en amor y armonía, con el poder repartido y compartido y la menor cantidad de Estado -siempre censor y represor- posible.
 Para Carlos Taibo hay tres elementos que destacan en el proceso del movimiento 15-M. En primer lugar la, digamos para simplificar, capacidad de movilización, el enorme éxito conseguido por los organizadores de las manifestaciones que “no solo supieron mover con enorme inteligencia y profesionalidad, y con mucho trabajo, los resortes que ofrecían las redes sociales: captaron con mucha lucidez las posibilidades que se abrían en un momento muy preciso”. En segundo lugar, el descontento generalizado entre una población que acudió en masa al llamamiento “sin representar” a nadie más que a sí mismos, aunque muchos de loa asistentes estuvieran afiliados a partidos, sindicatos u otras organizaciones ciudadanas. Y el tercero el hecho, nada desdeñable, de que finalmente los estudiantes universitarios han tomado conciencia del incierto futuro que les espera, por más masters y postgrados que acumulen.
 La indignación compartida por tantas y tan diferentes personas que acudieron a las manifestaciones y después compartieron horas, asambleas, propuestas y momentos solidarios con los jóvenes aparcados durante un mes en las plazas, era/es una indignación generada por “lo que supone la clase política, la extensión de los casos de corrupción, la estéril escenificación de aparentes confrontaciones entre los grandes partidos, la certificación de que los bancos y las corporaciones económico-financieras no dejaban de ganar dinero mientras recibían cuantiosos recursos públicos, una legislación laboral que producía sonrojo y, en fin, las secuelas de medidas de ajuste traducidas en recortes en derechos sociales, en la educación y en la sanidad. No es difícil arribar a la conclusión de que, con estos antecedentes, fueron muchos los ciudadanos comunes que sintonizaron rápidamente con el movimiento que nacía”.
Más adelante, el autor lamenta la ausencia en el movimiento de los adolescentes, constatando que es un fragmento social que todavía no ha tomado conciencia de que todos los males del sistema denunciados por el movimiento 15-M muy pronto serán también problemas suyos.
 En este repaso a las 86 páginas del último libro del profesor Taibo -publicado dos semanas después del 15-M- me he centrado en los dos primeros capítulos y la justificación inicial, escrita a modo de prólogo. El resto son textos de artículos, intervenciones y conferencias anteriores que sirven para explicar que la fecha mítica no ha sido un producto del azar ni ha surgido de la nada: el descontento, la indignación, estaban instalados desde mucho antes entre nosotros.

Mercedes Arancibia

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