sábado, 2 de julio de 2011

CUARENTA AÑOS SIN JIM MORRISON



Mercedes Arancibia
El próximo domingo se cumplen 40 años de la muerte de Jim Morrison, cantante de The Doors y uno de los mitos más hermosos de mi generación. Tenía 27 años. Condenado en Estados Unidos por “exhibición indecente” -nunca estuvo claro del todo si había mostrado el sexo en el transcurso de una actuación-, en la primavera de 1971 se exilió a Paris y dos meses más tarde, exactamente el 3 de julio, aparecía muerto en la bañera de su domicilio del Marais parisino, oficialmente a causa de una crisis cardíaca.
Su oscura muerte contribuyó a fijar en el imaginario colectivo la leyenda del músico y poeta maldito que, como otros dos mitos de los '70, Jimi Hendrix y Janis Joplin, murió/se suicidó a los 27 años.
Cuarenta años después los medios de comunicación -ya es sobradamente conocido, en verano se generan menos noticias no se sabe por qué y en cambio aparecen todos los monstruos del lago Ness y de otros lagos, lagunas y charcas- vuelven a retomar todas las teorías sobre la muerte del “Rey Lagarto” (una denominación que se daba él mismo), poeta y cantante, empezando por la que le empareja con otros semejantes, Elvis o Jackson: ¿está realmente muerto? En el cementerio del Père Lachaise hay una tumba que así lo asegura. ¿Sobredosis? ¿Montaje? ¿Asesinato de la CIA? Todas las hipótesis valen para llenar un folio y medio.
Había abandonado el grupo y dijo que pensaba dedicarse a la poesía y a su novia pelirroja, Pamela. Ya no era el sex-symbol de dos años antes: se había convertido en alcohólico y empezaba a engordar. No se le practicó la autopsia; se dio por buena la versión facilitada por su compañera, que fue evolucionando con el paso del tiempo hasta que cuatro años después confesó que había muerto por sobredosis. Le enterraron el 7 de julio en el cementerio parisino, en una breve ceremonia a la que solo asistieron cinco personas. Según Bill Siddons, manager del grupo, se quiso evitar “el circo que se montó cuando las muertes de Jimi Hendrix y Janis Joplin”. Los tres han tenido la fortuna de pasar a la historia con la mejor de las imágenes posibles, la de los 27 años de una juventud triunfante.
“La imagen pública de Jim Morrison -leo en un viejo artículo aparecido en un periódico francés- es la de un hermoso joven con rizos castaños, una mirada azul en el vacío, vestido con pantalón de cuero negro y con una vida muy breve y llena de escándalos: detenciones, insultos a la policía y borracheras continuas. Compartió su cama con muchas amantes y su cuerpo con las drogas más diversas. Aunque, finalmente, no se sabe gran cosa de su vida privada; sus biógrafos, que son muchos, amigos y desconocidos, le presentan como una persona educada, muy amable y con una tendencia a estar alucinado (que no procedía únicamente del consumo de drogas)”. Dicen que el “único ser sin mancha en la vida de Morrison era su perro Sage”. El último libro aparecido sobre el cantante, obra de un escritor británico, asegura que no murió en su casa sino en los lavabos de la discoteca Rock'n'Roll Circus y que fueron los propios dealers que le vendieron la heroína quienes le llevaron en un taxi hasta su domicilio.
En cuanto a la tumba, visitada cada año por cientos de personas, turistas en su mayoría, los propietarios de los monumentos funerarios cercanos se quejan diciendo que allí se celebran misas negras y fiestas de exaltación de las drogas. Lo cierto es que alguien ha utilizado las losas de las demás tumbas para ir señalando el camino, como Pulgarcito iba dejando caer migas para encontrar el camino de vuelta.
Y, para los fans que no pueden desplazarse, el Père Lachaise tiene su página web, donde se pueden visitar virtualmente las tumbas de los “famosos” , que no son pocos; una lista interminable, una legión de glorias de las ciencias, letras y las artes (Chopin, Edith Piaf, Sarah Bernhardt, Yves Montand, Simone Signoret, Balzac, Delacroix, Modigliani, Marcel Proust, Apollinaire, Isadora Duncan, Oscar Wilde, Marx Ernst, Paul Eluard...), aristócratas y guerreros; en sus paseos hay enterrado mucho mariscal del imperio.
Ahora que en necrofilia con estilo la palma se la lleva la página JeSuisMort.com(EstoyMuerto.com), que ofrece la posibilidad de escribir una carta póstuma a...Jim Morrison, en este caso, o a cualquier otro cadáver exquisito: Tu carta se publicará en la página pero nadie te contestará; no vaya ser que alguien crea otra cosa.
Como homenaje adelantado, este sábado 2 de julio, en el Centro de Arte Alameda, de Buenos Aires, se va a proyectar el documental The Doors, When you’re strange, de Tom DiCillo, una película construida con material inédito de la banda, imágenes grabadas entre 1966 y 1971 y narración a cargo de Johnny Deep. Un largometraje que empieza siguiendo a Jim por los pasillos de la escuela de cine de la UCLA, donde se conocieron Morrison y Manzarek, otro de los miembros del grupo, y acaba cuando se agotaban las entradas de sus conciertos.
La música de los Doors, una conseguida mezcla de jazz, folk, pop, blues y otras influencias, muchas veces fue calificada de “intelectual” porque algunos de los textos resultan poco inteligibles, especie de letanías surrealistas que llegaban en la voz grave, incluso ronca y profunda, de Jim. La misma voz con la que pronunciaba sus famosas “frases” que los tifosos iban almacenando y ahora son material de libros y tesis doctorales : Para mí la política no es más que la búsqueda del poder privado por parte de algunos individuos. Pueden disfrazarlo con cualquier ideología, ponerlos en los términos de las paridas románticas o filosóficas que quieran, pero en esencia es una búsqueda privada del poder. Y es sabido que el ambiente contracultural y libertario de los '70 despreciaba el poder y el autoritarismo.
Hay cosas conocidas y cosas desconocidas. Y en medio están las puertas. Las puertas, the doors, una obsesión.

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