martes, 19 de julio de 2011

Los Hijos del Franquismo



Cronopio
El día más negro de nuestra historia fue aquel en el que una minoría decidió herir de muerte a la democracia, cercenando de golpe los sueños y esperanzas que millones de españoles veían al alcance de la mano tras la marcha de los borbones y toda su cohorte.

Ese ataque, que dejó herida de muerte a España, fue perpetrado por hermanos nuestros, quienes, guiados por su ansia de poder, decidieron masacrar a todo aquel que disintiera o tuviera alguna relación con los valores republicanos. Aquel ataque fue perpetrado por hijos de la patria, declarando al otro bando, que gobernaba de forma legítima, enemigos de España.

El golpe a la democracia española, la más progresista del mundo en 1936, solo pudo hacerse con la ayuda de regímenes fascistas como el alemán y el italiano (casualmente dos de los estados que acompañaron, de una manera u otra a nuestra democracia en aquel periodo de recaída). Ese orgullo patrio con el que se vanagloriaba el asesino no habría sido tal de no haber contado con el respaldo de Hitler y Mussolini. La caída de la república española, la más avanzada del mundo en aquellos tiempos, supuso el primer ataque al incipiente estado del bienestar, ataques que llevan produciéndose desde entonces.

40 años duró el coma en que se vio sumida la democracia. 40 oscuros años en los que se cometieron las mayores atrocidades de la historia en nuestro país. 40 años en los que los hijos de la democracia vivieron escondidos o se vieron abocados a abandonar su país. 40 años en los que madres y esposas no pararon de llorar por la desaparición de sus hijos y maridos.

El 20 de noviembre de 1975 la enferma despertó del coma y llegó el momento de emprender la larga rehabilitación. Este periodo trajo la esperanza a los españoles, especialmente a los hijos de las víctimas de la dictadura, mientras que unos pocos, los hijos del franquismo, decidieron que aún no había llegado el tiempo de olvidar y mirar hacia el futuro. Así, impusieron que no hubiera rehabilitación democrática sin su participación, actuando como guardianes, o de lo contrario volverían a asestar otra puñalada a la incipiente democracia.

Con esta presión, los hijos de la democracia, que aún tenían pesadillas nocturnas en las que individuos de verde se los llevaban para largo tiempo, a veces para siempre, que aún veían como sus madres enlutadas se echaban a temblar cada vez que veían a un guarda civil, que se contentaban con un pedazo de pan a la hora de comer, pues el pan duro era más de lo que muchos días habían podido comer en los largos años de penumbra y represión; esos hijos, decidieron dejar tutelar la rehabilitación de la enferma por miedo, pero con la esperanza de que la democracia recuperase el vigor de su juventud. Ya vendrán tiempos mejores, pensaron. Mientras los hijos de la democracia miraban al futuro con esperanza, los hijos del franquismo miraban al pasado con añoranza, esa era la diferencia.

Pero, un 23 de febrero los hijos del franquismo decidieron abrir de nuevo la herida, agravando el débil estado de salud de la democracia. Afortunadamente se pudo frenar el golpe, contando en ello con la ayuda del regente impuesto por el régimen, el rey Juan Carlos I. Ese cambio de rol del “monarca” dejó a los hijos del franquismo sin un importante aliado institucional, por lo que decidieron cambiar de táctica. Ya no lucharían de forma directa y belicosa por tomar el poder. Pasarían a participar del juego político, usando la participación “democrática” para controlar el país desde la sombra. ¿Cómo lo hicieron? creando Alianza Popular, comandado por un ministro del régimen franquista, y controlando el tejido empresarial, pues los hijos del franquismo eran dueños de todo el dinero que había en el estado, ya que los hijos de la democracia vieron como fueron expoliadas sus propiedades, sus ahorros, sus empresas, su patrimonio familiar, que pasaron a los golpistas.

14 años duró la estancia en la oposición de los hijos del franquismo. Su llegada fue anunciada a bombo y platillo, como si de la llegada del deseado Fernando VII se tratara, como si acabaran de expulsar a Pepe Botella y las tropas napoleónicas de España. La llegada de los hijos del franquismo al poder, perdido 20 años antes, supuso de nuevo la unificación de los dos poderes más importantes del estado, el político y el económico. Así, los hijos de franquismo pudieron hacerse con el control de las principales empresas, privatizadas por el gobierno, pudieron edificar sin control, gracias a la liberalización del suelo, pudieron controlar las telecomunicaciones y la banca tras el regalo de Telefónica y Argentaria… El negocio ya estaba hecho, los hijos de franquismo habían recuperado lo que en su momento controlaron sus padres y abuelos. Misión cumplida.

Tras el atentado del 11M y hartos de mentiras llegó el enésimo despertar de la democracia, llenando de esperanza a sus hijos, con avances en derechos y libertades. Mientras, los hijos del franquismo, cómodos en sus sillones de cuero negro, negro como su pasado, no se desmoralizaron, pues aunque habían perdido el poder político aún controlaban lo más importante, el poder económico. Eran dueños de todas las empresas, de todos los medios de comunicación… Decidieron esperar hasta que llegara el momento de volver a dar otro golpe, el golpe llegó hace unos meses, el 22M.

La maquinaria volvió a ponerse en marcha. Desde el Partido Popular, directo descendiente de Alianza Popular, la marca “blanca” del franquismo, se empezó una campaña de desprestigio del ideario progresista, contando con el inestimable apoyo de empresarios y medios de comunicación. Los ataques lanzados desde púlpitos, desde periódicos como El Mundo, La Razón, ABC, desde cadenas de televisión como Telemadrid, Antena 3, Intereconomía, desde organizaciones como la CEOE, bancos y cajas como el BBVA o Caja Madrid, esos ataques, claramente orquestados por los hijos del franquismo, no tenían otro objeto que herir de nuevo a la democracia, acabando con la esperanza de una generación que, por vez primera en la historia, vivirá peor que han vivido sus padres.

El franquismo aún no ha desaparecido, y no lo hará si no actuamos legalmente tipificando el negacionismo y la apología del franquismo como delitos y procesando a quienes fueron responsables de crímenes y genocidio. Han muerto la mayoría de sus fundadores (excepto Fraga), pero sus ideas y formas siguen estando presentes. Sal a la calle y lo comprobarás.

Para acabar, una canción que me parece muy acorde con el contenido del post. Oídos sensibles, bajen el volumen de sus altavoces.




 

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