lunes, 6 de febrero de 2012

XXXVIII CONGRESO DEL PSOE, “EL ANÁLISIS DE UN DERROTADO”


He perdido la batalla contra Rafael Simancas. Intenté replicarle a su artículo ¿Por qué Rubalcaba? con una entrada en este blog -¿Por qué ahora Rubalcaba?-, mucho menos influyente que la suya y sin presencia en medios nacionales. Aun siendo consciente de que he sido derrotado por la parte más inmovilista del partido estoy tranquilo y en paz con mis ideas ¡No se si tod@s podrán decir lo mismo! Lo cierto es que Simancas es el nuevo responsable de formación del partido y eso me permitirá “aprender” de él. Este es el peaje que uno está dispuesto a pagar cuando se emplea a fondo en la defensa de lo que cree mejor y una exigua diferencia de 2% le dice que está equivocado.
Asumiendo mi derrota y la de quienes apostábamos por el cambio necesario, aunque sea por un escaso 2% de los votos emitidos, creo necesarias estas dos precisiones: 
-No me voy a “someter”, lo que no significa que no acepte las reglas de la democracia y ponga toda la energía en defender los acuerdos del partido. Y no lo haré porque las reglas de este partido no exigen “sometimientos” sino lucha por las libertades, especialmente la libertad de expresión. El sometimiento es más propio de ámbitos eclesiásticos y cortes monárquicas. Yo al menos no frecuento ni las unas ni las otras.
-La condición de ganador o perdedor es en este caso más relativa de lo que ya lo es habitualmente. ¿Quién ha ganado? El que partía como caballo ganador desde hace seis meses y ha contado con el apoyo de gran parte del aparato, incluidas las decisivas presiones de Felipe González y Alfonso Guerra a algún@s delegad@s andaluces, o quienes contra viento y marea han alcanzado casi el 49% de los votos de l@s delegad@s. Queda por saber qué habría pasado sin la disciplina de voto de varias delegaciones y las maniobras de última hora de los primeros responsables de la travesía que nos tocará vivir. O no fueron estos santos varones los que iniciaron el viaje sin retorno de abandono a la identidad socialista y los mascarones de proa de la teoría del “gato blanco o gato rojo da igual siempre que cace ratones”. Queda por saber también que habría pasado si la elección de Secretario General hubiera sido sometida a la participación de l@s militantes y no a una formula decimonónica en la que apenas un 3% del partido decide por el todo y lo hace además con un cheque en blanco. ¿Acaso alguien sabía lo que iba a votar su “delegad@”?
Lo cierto es que con fórmulas antiguas el partido ha apostado por quien nos condujo a la mayor derrota electoral, mayor aun que la de Almunia, y pese a ello se postuló para sacarnos de la crisis y rearmarnos para el futuro. Ante nuestra peor crisis hemos apostado por aparcar la renovación ideológica y generacional y replegarnos hacia lo que algunos llaman seguridad y no es otra cosa que claro inmovilismo. Al final triunfó la idea de Giuseppe de Lampedusa: “hagamos que todo cambie para que no cambie nada”.
Por mucho que algunos articulistas del grupo PRISA se apresuraran a afirmar que a Chacón la había derrotado su discurso ante el plenario no es así. Lo cierto es que el equipo de Rubalcaba, con la habilidad que da la veteranía de haber vivido muchos congresos, ha conseguido lo que parecía imposible, que Felipe González y Alfonso Guerra enterraran viejas diferencias para ganar juntos su último congreso. Porque si algo ha dejado claro este congreso es que la renovación es imparable y que su generación, la de Bono, Ibarra y compañía harían bien en echarse a un lado porque no aguantaran el reto de otro congreso.
El anticatalanismo que profesan algunos próceres del partido, usado como arma arrojadiza contra Chacón en este congreso, dice poco de un partido que se proclama federalista. Andamos sobrados de patriotas de hojalata y no me canso de repetirlo. Que ridículo resulta ver a estos personajillos defender apasionadamente los símbolos impuestos por el viejo régimen y los valores más rancios de sus territorios al tiempo que cuestionan al otro el derecho a tener identidad territorial o nacional, que igual de legítimas son. Resulta curioso observar la gestualidad y la argumentación de los centronacionalistas frente al rigor con que los socialistas catalanes, vacos, gallegos…o yo mismo, manchego de pro, reclamamos adaptar los órganos de dirección del partido a las ideas que defendemos y exponer abiertamente estas ideas al conjunto del país. Nuestro modelo de España es la república federal y así debe quedar claro en nuestro programa marco y en nuestra estructura orgánica. ¿Acaso también hemos abandonado esa idea?
¿Es Rubalcaba el futuro de nuestro partido o sólo una solución provisional para evitar el colapso de un partido enfrentado al abismo de su mayor derrota electoral? Está por ver. En el congreso, Rubalcaba se ha comprometido a que el candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno saldrá de un proceso de primarias abierto también a los simpatizantes; también a convocar una conferencia de organización que nos haga superar los viejos atavismos. La idea no gusta a todos los que le apoyan pero el Congreso ha dejado claro que no hay retorno y las primarias serán obligadas también para candidat@s en municipios que superen los 20.000 habitantes. Rubalcaba no ha aclarado si se presentará a esas prometidas primarias para ser el candidato que intente derrotar a Rajoy, dentro de cuatro años, o si más adelante dará el paso a otro, quizá Patxi López o Eduardo Madina. Es una incógnita, pero ni la trayectoria personal ni su legítima ambición política permiten deducir que Rubalcaba haya llegado hasta aquí para quedarse sólo un rato. Más inaudito parecía en 2004 que Rajoy pudiese aguantar al frente del PP tras dos derrotas y ahí le tenemos, triunfando en la Moncloa. Claro que para 2019 nuestro candidato podría tener 68 años y eso es una pesada carga.
La primera y gran tarea del nuevo secretario general es obvia: recuperar la unidad interna en un partido desmoralizado por la reciente derrota y dividido en dos mitades –su ejecutiva da escasos síntomas de integrar al otro 49%-; un PSOE que el pasado 20-N recogió su peor resultado electoral en 78 años y que, en apenas dos meses, nos jugamos el único gobierno autonómico que nos queda: Andalucía (Asturias y Euskadi se perderán casi con absoluta seguridad). Si la ola continúa, si la tendencia no cambia, los únicos restos del naufragio serán los ayuntamientos de algunas capitales de provincia. De los barones regionales, en el PSOE pasaremos a los hidalgos. Veámoslo con optimismo, entonces será la hora de los militantes.
Marcel Félix de San Andrés

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