viernes, 18 de mayo de 2012

LA GENTE QUE AMAMOS... CARLOS FUENTES


Mercedes Arancibia || 
La literatura es un arte inigualable que relata la vida real de una comunidad”.
En la novela La Voluntad y la Fortuna (Alfaguara México 2008), Carlos Fuentes hace “hablar” a una cabeza cortada en una playa del Pacífico. “Soy la cabeza degollada número mil desde el comienzo del año en México. Soy uno de los cincuenta decapitados de la semana, el séptimo del día y el único en las últimas tres horas y cuarto…”. ¿Cuanto hay de “creación” del escritor en este párrafo? Seguramente no demasiado. Los mexicanos llevan años conviviendo con una sucesión de homicidios bárbaros, con cabezas cortadas que alternan en la vía pública con cuerpos desmembrados.
17_fuentesCarlos Fuentes, escritor. ©Casa de América
Autor de una obra tan poética como política escrita a lo largo de más de sesenta años, el elegante diplomático desdoblado en escritor, fundador de laRevista de Literatura mexicana, autor de novelas emblemáticas como La muerte de Artemio Cruz o Terra Nostra, siempre comprometido con la izquierda de esa sociedad que es la suya, siempre controvertido, cabalgó por el periodismo, la  narrativa, el ensayo e incluso el panfleto, montado en la sátira, el onirismo y el realismo incluso exacerbado; retratando con palabras el presente, el pasado y hasta la cara oculta de la realidad mexicana.
Ahora, en la mitad de este mayo indignado de 2012, los medios literarios internacionales despiden a un  “monumento de la literatura” latinoamericana.
En la segunda mitad del siglo XX – escribía Ana Pellicer en el número especial que le dedicó Cahiers de l’Herneen 2006, y ahora reproduce Rue 89-   Carlos Fuentes asume a la perfección el rol del intelectual total. Camaleónico, seductor, se le encuentra, como un pez en el agua, implicado en todos los acontecimientos decisivos de la historia del continente (e incluso más allá)Dotado de una inteligencia aguda y un indiscutible talento creador…”, siempre en contacto directo con su época “omnipresente en todas citas ineludibles, ya sean literarias, políticas o sociales”.
Novela de novelas
Terra Nostra, novela de novelas
En el cruce de la historia, la mitología, la filosofía y lo fantástico, nace en 1977 Terra Nostra, el relato de las raíces del  “descubrimiento” del Nuevo Mundo por un “imperio español” en declive.
Obra maestra donde se mezclan las épocas, los continentes y los monarcas, en la que cada civilización se convierte en el espejo oculto de la que le sucede y en la que suceden las ambivalencias”, la novela comienza y termina en París, en vísperas del segundo milenio, mientras el mundo se enfrenta a un problema de superpoblación, aunque la mayor parte transcurre entre la Edad Media y el Renacimiento, cuando España busca nuevos territorios al otro lado del Océano mientras en el interior se disgrega la “sociedad de la triple identidad” (católica, judía y musulmana).
El personaje central, el castellano Felipe – mezcla de Carlos V, Felipe II y Carlos II- termina dudando de su poder, sus creencias, su vida y el lugar de la dinastía heredada, y dedica los últimos años de su vida a construir un mausoleo para sus ancestros (recordatorio de El Escorial), del que no quiere salir. En torno a él, muchos de los protagonistas de la parte surrealista más negra de nuestra historia: una madre, inspirada en Juana la Loca, sin brazos ni piernas, que se niega a abandonar el cadáver de su marido; una esposa “intocada”; tres hermanos marcados con una cruz roja entre los omóplatos y seis dedos gordos en cada pie; un monje, un estudiante, una joven… De fondo, la relación entre nuevo mundo y la España “eterna”, la que “huele”.
Contra Bush
En 2004, y en forma de recopilación de artículos publicados en periódicos y revistas durante cuatro años, se convierte en cronista de la presidencia de Bush Jr., al que define como “el peor presidente que Estados Unidos ha tenido nunca, a la vez “tonto y perverso” (Ford y Eisenhower fueron “buenos y tontos”, Johnson y Nixon “inteligentes y perversos” y Reagan “tonto y obsesivo”), y se enfrenta a Samuel P. Huntington, el inventor y promotor del choque de civilizaciones: “El hecho de exaltar el ‘choque de civilizaciones’ favorece violentos fundamentalismos, tanto de una parte como de otra, nos hace olvidar que hemos nacido del encuentro de civilizaciones, que tenemos el deber de respetar las diferencias y sumar los parecidos de las grandes culturas d ella humanidad (…) El terrorismo no  solo tiene su fuente en el fundamentalismo religioso, también en la miseria, la opresión y la percepción…”(Marc Riglet, Lire).
Mencionado siempre como “candidato al Nobel”, Premio Rómulo Gallegos en 1977 y Premio Cervantes en 1987, Legión de Honor en 1992, una primera novela, La región más transparente (1958) le proporcionó notoriedad internacional cuando solo tenía treinta años. Hijo de una inspectora escolar y un diplomático, nació en Panamá y tuvo una infancia de constantes viajes y traslados, lo que le convirtió en el gran cosmopolita que ha sido durante toda su vida. En los años ’70 fue durante cinco años embajador de México en París, la segunda mitad de su vida la ha pasado en Londres pero siempre fue un escritor profundamente mexicano. Para el autor de Cambio de piel (1967),La cabeza de la hidra (1978) y Gringo Viejo (1985, un espléndido Gregory Peck le puso cara en el cine), la única cosa que se mantiene en pie en cualquier situación, por desastrosa que sea, en América Latina, es la continuidad de su cultura. Precisamente, en esa continuidad cultural es donde hay que inscribir la obra de Fuentes, tanto cuando se trata de artículos en publicaciones de medio mundo, como cuando hablamos de novelas, obras, teatrales, ensayos, guiones (trabajó con Luis Buñuel, escribió un western con Gabriel García Márquez), y en toda la obra una constatación: sin los libros desaparecen el pasado, el futuro y el ser humano.
Es de la vieja escuela, de la que cree que el intelectual y la literatura tienen un papel asignado en su tiempo: ordenar el caos, ofrecer alternativas a la desesperación y dar un sentido a las ideas.  Por eso formó parte de organismos internacionales, participó en debates internacionales sobre ciencia y desarrollo, y sobre cooperación económica en el marco del diálogo Norte-Sur, inauguró la cátedra Robert F. Kennedy en Harvard, creó revistas, editoriales… siempre con el hombre situado en el centro de gravedad del mundo, siempre integrando al individuo en el fluir de la historia colectiva.
Decía que “uno de los dramas del mundo moderno es haber reemplazado el sentido de lo trágico por un espantoso maniqueísmo que no puede ayudar al ser humano, ni en su vida privada, ni en la Historia en que se inscribe, porque el punto de vista de ese maniqueísmo reductor fabrica la exclusión”, y que “la mentira, insoportable en la vida moral y política, es aceptada como factor de creación en la vida literaria”. En el discurso que pronunció en noviembre de 2004, en Guadalajara, con ocasión de la entrega del Premio Juan Rulfo a  Juan Goytisolo, habló de “nuevo lenguaje” y “viejas culturas” y recordó que “las exigencias literarias de siempre requieren una imaginación deudora de la creación anterior aliada a una tradición deudora nueva imaginación creadora”.
Carlos Fuentes quería escribir la historia imaginaria del mundo, convertir su obra en la memoria del tiempo, ser « Don Quijote contra Hamlet. El segundo piensa que la literatura  no son más que palabras carentes de sentido, el primero que puede cambiar la vida » Le Monde). En 2008, cuando se le dedicó un homenaje nacional al cumplir 80 años, explicaba que “hay que tener mucho miedo de escribir. Porque no es un acto natural como  comer, o hacer el amor. En cierta manera es un acto contra natura. Es decirle a la naturaleza que ella no basta, que se necesita otra realidad, la imaginación literaria”. 

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