miércoles, 28 de marzo de 2012

Adiós, ‘Público’, adiós


Óscar López-Fonseca || Presidente del comité de empresa de Público y miembro de la ejecutiva del SPM.
El diario echa el cierre y sus gestores utilizan contra sus trabajadores la reforma laboral que criticó en sus páginas. ¿Hay algo más triste que ver morir a un periódico? Sí, verlo morir desde dentro y no poder hacer nada por salvarlo. Eso es lo que hemos vividos en los últimos meses los 160 trabajadores de Público, la agonía lenta e inexorable de un proyecto que no sólo contó con nuestro esfuerzo, sino también, y sobre todo, con nuestras ilusiones. El 24 de febrero pasado, el diario llegó a los kioscos por última vez. Su versión digital aún sobrevive, pero con fecha de caducidad si no encuentra antes un comprador: mediados de mayo.
27_ultimadepublicoPortada del último número de la edición en papel (24 de febrero de 2012) del diario Público
La desaparición del periódico ha hecho resonar en los últimos días frases rimbombantes. “Una pérdida para la democracia”. “La pluralidad informativa sufre con ello”. “Se ha perdido un trozo de libertad”. Sí, es todo eso, pero también mucho más. Es la pérdida de 160 puestos de trabajo y problemas económicos para muchas de sus familias. Pero sobre todo es la sensación de frustración de un grupo de personas que aún nos preguntamos qué hicimos mal. Sin duda, nada.
El problema de Público, y posiblemente de otros medios, no se encuentra en sus plantillas, sino en su gestión. Cómo se explica, si no, que un diario, el único, que crecía mes tras mes en difusión haya tenido que cerrar. Cómo se entiende que sólo tres meses después de afrontar un ERE ejemplar que debía asegurar la pervivencia del medio para uno o dos años se haya declarado en concurso de acreedores. ¿Culpa de sus trabajadores? Rotundamente no. ¿De sus gestores? A los datos me remito. Los ingresos de Público sufrían una paradoja que anunciaba su inviabilidad económica: dos de cada tres euros llegaban por la venta de ejemplares. La publicidad solo aportaba el tercero. Debía haber sido al revés.
Otro detalle. Cada año, el diario gastaba más de 5 millones de euros en promociones (DVD, libros…) para subir las cifras de OJD. Objetivo: convencer a los anunciantes de que su inversión en las páginas del diario era rentable. Lo que no sabían, o no querían ver, los responsables de dicha estrategia es que las agencias de publicidad no se fían desde hace tiempo de la OJD, convencidas de que todos los medios inflan sus datos. Era, por tanto, un esfuerzo inútil, pero también insostenible, sobre todo si se tiene en cuenta que este dinero en ‘regalos’ se correspondía prácticamente con las pérdidas del diario. ¿Estábamos, entonces, a las puertas del equilibrio financiero? Posiblemente sí, y, sin embargo, el diario ha dejado de existir.
Pero lo más lamentable es cómo se ha producido el cierre del diario. El concurso de acreedores que ha durado cerca de dos meses ha dejado a los trabajadores salarios impagados cercanos a una mensualidad. Además, los propietarios del diario no han dudado en pagar un costoso despacho de abogados para dirigir un brutal ERE que va a poner de patitas en la calle a 134 trabajadores en una primera fase y, si no aparece comprador para la edición digital, a los 26 restantes poco después con las indemnizaciones mínimas. Y todo ello agarrándose a la última reforma laboral, la misma que desde las páginas de Público se criticó por injusta con los trabajadores. Curiosamente, el domingo 19 de febrero, cinco días antes de anunciarse el cierre del diario, éste publicaba en su portada la historia de los primeros afectados por el ‘decretazo’ de Rajoy. Los periodistas que escribieron aquel reportaje y sus compañeros hemos sigo prácticamente los siguientes. Y los propietarios del diario, declarados izquierdistas, ni siquiera se han puesto colorados.
Triste es ver morir un periódico, pero lo es más vivirlo desde dentro y, encima, en las condiciones en las que lo ha hecho Público: cerca del equilibrio financiero, vendiendo cada vez más y, sobre todo, utilizando contra sus trabajadores la misma ley que lanceaba en sus portadas. Adios, Público, adiós.
Publicado en Luz y Taquígrafos, boletín del Sindicato de Periodistas de Madrid

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