lunes, 26 de marzo de 2012

LECTURAS DEL 25M EN ANDALUCÍA Y ASTURIAS


Cualquier duda acerca del resultado en las autonómicas celebradas ayer en Andalucía y Asturias queda despejada con la lectura de la prensa ultracentrista. Nunca vi tanto despecho y tanto odio hacia pueblos que han ejercido el derecho democrático a votar según su criterio y no según los intereses de estos malos periodistas. En el fondo de estos análisis se encuentra el mal momento que las cabeceras del Mundo, la Razón y ABC viven en la actualidad. Al primero tiene que acudir a salvarlo en cada ejercicio la matriz Unedisa…, no sabemos hasta cuando consentirán los fiascos de Pedro J, el segundo ya no vende ni con “regalitos” y el tercero vive una cruenta guerra interna que podría acabar en ruptura. Como los males con pan son menos, los tres confiaban en que su apoyo a Arenas sería correspondido con jugosos contratos publicitarios…, su gozo en un pozo…, ya veremos si tanta pasión desmedida no les empieza a pasar factura en esta semana santa…, y en las sucesivas. 
Lo cierto es que al “campeón” le han hecho la prueba antidoping y ha dado positivo. Como es reincidente, es la cuarta ocasión que deja al PP andaluz con la miel en los labios, la condena será larga: cuatro años en la oposición, alejado de la corte, y apadrinando al hijo que le mandará al ostracismo. Su discurso de anoche sonaba a despedida y es posible que no aguante la sanción de cuatro años y anuncie antes la retirada, dependerá de que se le ofrezca algún sustancioso consejo de administración. Triste consuelo ganar por apenas un punto en circunstancias tan favorables y haber dilapidado trece puntos de diferencia en apenas dos semanas de campaña.
Personalmente tengo la sensación de vivir un deja vu con los resultados producidos en Andalucía. Aunque con algunas diferencias, Arenas se lanzó a la conquista andaluza en 1994 y obtuvo entonces 41 diputados (subió 15), el PSOE perdió 17 pero continuó siendo la fuerza más votada (se quedó en 45 diputados), e IU alcanzó el mejor resultado obtenido hasta la fecha creciendo en 9 diputados (20) y rozando los 700.000 votos. El crecimiento experimentado por IU en Andalucía tuvo después su reflejo en las elecciones generales de 1996, en las que la coalición liderada por Anguita supero los 2’6 millones de votos y obtuvo 21 diputados.
Salvando las distancias con aquellos años vivimos circunstancias parecidas. El PP gobierna en España y gran parte de las comunidades autónomas, el PSOE vive su enésima crisis fruto de la desorientación en que sus políticas sumen al electorado progresista e IU se enfrenta a una nueva oportunidad de mostrar que es una opción madura e interesada en gobernar. Claro que también podría reproducir los errores que cometió entonces con la teoría de las dos orillas y estrellarse de nuevo en las próximas contiendas electorales. Aspirantes a reproducir los errores de aquella teoría no faltan. Desde la sombra Julio Anguita sigue instigando para que al PSOE ni agua y Sánchez Gordillo, que nunca abandonó aquella tesis, apuesta de nuevo por hacer realidad el sorpasso andaluz y desde allí el español.
Sánchez Gordillo debe entender que su Marinaleda es la Islandia andaluza y que hacer de Andalucía la Islandia Europea exige conciliar una hoja de ruta aceptable para toda la izquierda. No es viable imponer su estilo a quienes han multiplicado por cuatro los votos de IU y también multiplican por cuatro su número de escaños. Ni siquiera en la dirección andaluza de IU están de acuerdo con sus formas… y algunas diferencias tienen también con el fondo de su discurso. Por otra parte, la sabiduría de los electores onubenses ha tenido que corregir el error infantil que ha cometido IU no situando a su candidato a la Presidencia de la Junta por Sevilla. No puedo dejar de preguntarme como se habría gestionado en IU que Diego Valdéras no hubiera sacado su acta de diputado. 
Programa…, programa…, programa y compromisos ante notario son frases que suenan bien si se entiende que la otra parte también tiene el suyo y que ha sido respaldado por el 39’5% de los votos emitidos. Ya el programa de Griñán ha fortalecido su carácter social y ofrece avances en transparencia, participación democrática y sostenibilidad, es, por tanto, en esos campos en los que IU debe hacer visible su sello y arrancar del PSOE un pasito más. Si así lo hiciera, la izquierda española abriría un tiempo de esperanza para millones de españoles.
El PSOE andaluz también tiene que hacer una lectura humilde de los resultados. No puede obviar que ha perdido 9 diputados, 9 puntos y casi 700.000 votos. Es una derrota muy dulce pero que invita a reflexionar. Una conclusión imprescindible es que el electorado andaluz ha girado claramente a la izquierda y está pidiendo al PSOE que haga otro tanto si quiere seguir siendo la opción mayoritaria. También les advierte de que no tolera comportamientos turbios y que espera tolerancia cero frente al mal uso del poder. En la dirección federal del PSOE harían bien en interpretar en clave nacional los resultados electorales de Andalucía y Asturias y poner fin definitivamente a su modelo de oposición responsable y su tibia respuesta a las duras políticas del PP. 
Asturias vive un momento más complicado que Andalucía aunque podría simplificarse si el voto emigrante otorga al PSOE el diputado 17. Si así fuera, habría que contar con UPyD o plantearse pactos puntuales entre las fuerzas progresistas. En cualquier caso, el PSOE ha recuperado allí la condición de fuerza más votada, desbancando de tal condición al FORO de Álvarez Cascos, y le corresponde la legítima opción de formar gobierno.
El más que probable acuerdo en Andalucía y Asturias tendrá necesariamente reflejo en Extremadura y las decenas de ayuntamientos que ahora gobierna el PP gracias al desencuentro de la izquierda. Es difícilmente justificable que se prolongue en el tiempo el anacronismo extremeño, que ha estado a punto de llevarse por delante la credibilidad nacional de IU y que, de continuar hasta final de legislatura, pondría a la IU extremeña en la realidad a que se enfrentó la IU de Julio Anguita en las elecciones generales y en las autonómicas andaluzas del año 2000. En las primeras perdió 13 diputados y en las segundas 9…, fue el duro peaje pagado por la teoría de las dos orillas que algunos iluminados quieren desenterrar ahora.

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