miércoles, 7 de marzo de 2012

Aquella oposición de algarada, lideresa Aguirre


La lideresa Aguirre se refirió, en unas declaraciones recientes a la emisora Onda Cero, a la inmaculada trayectoria del Partido Popular en manifestaciones antigubernamentales, excusadas aquéllas en que sus fieles concurrían con los obispos pancarteros o para protestar por el pacto entre el gobierno de Zapatero y los terroristas, según recordó Esperanza. 
La reiteración en esta falaz y torticera imputación me hace recordar el régimen de algarada permanente que mantuvo el Partido Popular y el actual presidente del Gobierno desde la oposición durante la primera legislatura y buena parte de la segunda, a costa tanto de la conspiranoia del 11-M como de la eficaz política antiterrorista llevada a cabo por Zapatero, que finalmente acabó con la actividad armada de ETA.
Es bien cierto que el Partido Popular nunca podrá salir a la calle para defender los derechos sociales de la población, porque su misión está siendo recortarlos, pero de la memoria de los ciudadanos no se podrán borrar los denuestos e injurias propios de algarada parlamentaria que don Mariano el Obvio dispensó como líder opositor al anterior presidente del Gobierno.
Aparte de acusarlo de apalear a la clase media y agredir a las víctimas del terrorismo, Rajoy tildó a Rodríguez Zapatero de “bobo solemne” y “cobarde sin límites”, de “irresponsable”, de “grotesco”, de “frívolo”, de “antojadizo, veleidoso e inconsecuente”, de “acomplejado”, de “confuso”, de tener “mala conciencia”, de “chalanear con los terroristas”, tener “la cabeza de adorno”, de “indigno”, de “cobarde”, de perdedor complacido”, de dar “coces”, de comportarse como un “hooligan británico”, de “traicionar a los muertos”, de “radical, taimado y maniobrero” y de hablar “en batasuno”.
La condesa de Murillo y Grande de España forma parte de ese partido que hizo oposición de algarada, a imagen y semejanza de la ultraderecha mediática a la que la lideresa Aguirre prestó cobertura. Ni su militancia ni sus títulos le pueden permitir el más mínimo asomo de comprensión ante la indignación que crece en las calles. Por eso en su simpleza, no exenta de mala baba, culpabiliza al PSOE de promover lo que tanto el Gobierno de este partido como el del suyo han provocado y provocan entre la mayor parte de la ciudadanía: indignación.
Llamar algarada al derecho a convocar y expresar esa indignación nos sitúa en los tiempos en que el fallecido Fraga calificaba del mismo modo toda manifestación reivindicativa. Confiemos en que la condesa de Murillo no comparta con el admirado fundador de su partido los expeditivos métodos con que don Manuel se significó en Vitoria (1976) siendo ministro del Interior.
Félix Población.
Crónica Popular


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