domingo, 1 de mayo de 2011

SIN PREGUNTAS NO VAYAS

Ha tenido que ser alguien ajeno a la profesión quien denuncie el particular calvario de los profesionales de la información, ninguneados constantemente por los partidos políticos que los utilizan como aparato propagandístico en vez de transmisores de información.

Antón Losada lanzaba en su twitter el siguiente comentario: “aceptamos que no debatan, tragamos que no respondan preguntas, publicitamos...”, al que rápidamente llegaba respuesta desde numerosos medios (Público, El País, RNE, SER, El Mundo, Interviú…) proponiendo no asistir a aquellas convocatorias en que no se garantice a los periodistas la libertad de hacer preguntas. Hasta el momento, sólo Público ha asegurado que se compromete a “no asistir” con independencia de lo que hagan los demás medios. Ojala cunda el ejemplo.

Puede que la iniciativa prospere al tener tras ella a los grandes gurús de la profesión, pero me asalta la duda de que pasará en los escalones inferiores, allí donde el político utiliza a la tv autonómica como gabinete de comunicación-agencia publicitaria particular y donde las tv locales superan en servilismo a las autonómicas o son fieles al ideario de la derecha extrema.

Nadie quiere asumir que el problema se encuentra en la base de la pirámide y que esta terminará derrumbándose por falta de solidez. Esto es así desde que se permitió que intrusos, sin otros meritos que una cara bonita o la falta de pudor para contar vidas propias y ajenas, sean una plaga en los distintos medios de comunicación, especialmente los audiovisuales. Desde que las empresas eligen a “titulados” en imagen y comunicación en lugar de periodistas con el argumento de su polivalencia, aunque la realidad es bien distinta, les pagan salarios de becario. Desde que la conciencia de clase y el compromiso son una excepción entre los profesionales, aceptando como normales unas condiciones de trabajo propias de tiempos pasados. Desde que la solidaridad y el apoyo al compañero es una utopía y por el contrario abundan las puñaladas y los pisotones. Desde que los salarios son miserables y esa miseria es utilizada por empresarios sin escrúpulos para enriquecerse a costa de la dignidad y la historia del periodismo.

¿Para cuándo un convenio colectivo de aplicación obligatoria a todas las empresas del sector? ¿Por qué no recuperar los movimientos asociativos de los primeros años de la transición y situar al frente de ese movimiento a los profesionales reconocidos? Si no actuamos pronto la profesión de periodista será tan solo un recuerdo en el tiempo y la pirámide se desmoronará por la escasa solidez de su base. Entonces, los gurús verán cómo se van recortando sus privilegios pero será demasiado tarde.

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