domingo, 30 de octubre de 2011

In memoria Bandrés: un hombre bueno


Mercedes Arancibia

Miro mi libreta de teléfonos y me dan ganas de llorar por ella; soy de los antiguos, de los que tienen una agenda gorda con tapas de piel y no menos de treinta años,  con una parte para el día a día (que se cambia cada año y que hace años que no cambio) y otra inamovible, la lista de teléfonos donde cada vez hay más agujeros negros, más ausencias.
La de hoy corresponde a un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”: Juan Mari Bandrés, nacionalista de izquierdas, abogado, político y fundador de Euskadiko Eskerra, generoso y preocupado por la defensa de los derechos fundamentales, que ha muerto en Donosti a los 79 años. En mi agenda hay seis teléfonos suyos: uno de Madrid, dos de Donosti (casa y despacho), uno de Hendaya (casa), otro de Bruselas (despacho) y uno más de Estrasburgo (también despacho)
Conocí a Juan Mari Bandrés cuando yo trabajaba en el diario Liberación, a mediados de los años ’80. Para entonces ya había defendido a Jokin Gorostidi y Itziar Aizpurúa en el proceso de Burgos, ya había hecho de mediador en la liberación de secuestrados por ETA, ya había negociado, junto a Mario Onaindía, con el  Gobierno de UCD la disolución de la rama político-militar, ya había sido parlamentario vasco, diputado y senador. Mantuvimos una relación profesional durante varios años, yo le llamaba desde la radio y él siempre se ponía.
Hasta que, a finales de 1989, le llamé desde la redacción de la revista Panorama: era un asunto muy delicado, un compañero iba a publicar una información que desacreditaba a Bandrés sin contrastarla con él y yo, que tenía un cierto mando en plaza, no estaba dispuesta a dejarla pasar. Como siempre, su secretaria –no recuerdo si María Jesús, en cualquier caso un modelo de eficiencia- le buscó y me lo trajo hasta el teléfono. Le puse en antecedentes, pasé el auricular a mi colega y Bandrés desmintió categóricamente la información. Algunos días más tarde me llamó y me invitó a cenar, aprovechando que estaba en Madrid. Nos pusimos ciegos de merluza en el Asador Donostiarra mientras hablábamos de casi todo. Aquella noche nos convertimos en amigos. Yo seguí llamándole, de nuevo desde la radio, y él siempre estaba. Para todos, a cualquier hora, muchas veces intempestiva y nocturna.
Le voté en las europeas y me alegré infinitamente de que saliera; alguna vez me trajo chocolatinas Lindt de Bruselas. Una debilidad que compartíamos.
Después, un mal día tuvo un derrame cerebral. Durante mucho tiempo seguí llamando a su secretaria para saber como iba. Después lo dejé.
Hoy, miro mi agenda y me dan ganas de marcar los seis teléfonos y preguntar a gritos por Juan Mari.

*A los muchos premios que recibió en vida, todos ellos relacionados con la defensa de los derechos humanos, se ha añadido ayer mismo una Gran Cruz del gobierno a título póstumo. Ya era hora, ya les vale.


1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo en lo del "hombre bueno"machadiano.Yo quisiera destacar sobre todo su coherencia, como usaba la palabra para expresar sus ideales; su discurso apasionado, pero siempre en su justo punto.Bandrés era y sigue siendo para mi el paradigma de un político sensato, lleno de sentido común y hombre de consenso, honesto , en una etapa compleja de la actividad política en España y en Europa. Parece un tópico, pero se están yendo los mejores de la escena democrática y sus lugares muy a duras penas se van ocupando, porque cada ser humano es único y ellos se habían bragado en mil y una batallas por una España mejor y democrática.
    ¡Salud por siempre! y mi encarecido pésame a su familia y a EE integrado en el PSOE. Vivimos despidiéndonos y eso siempre es duro, durísimo, sobre todo cuando quien se marcha es un ejemplo de bonhomía y de saber hacer y estar.

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