jueves, 20 de septiembre de 2012

CATALUNYA: "LA PATRIA Y LA CRISIS"


Las fachadas de Barcelona están salpicadas de senyeras y de carteles de “se vende” o “se alquila”. Constituyen toda una metáfora de los tiempos que corren. No se explica la una sin la otra, aunque más de uno se empeñen en disociarlas. Y, por añadidura, no son algo que se circunscribe a Cataluña, sino que late en el conjunto del Estado e, incluso, en buena parte de Europa. Porque el nacionalismo, grande o pequeño, sin Estado o con él, es una forma de ese populismo sobre el que hace pocos días alertaban Monti y Barroso.
20_peru©Joan Picornell
Es cierto, cómo no, que el nacionalismo viene de lejos. Se han vertido ríos de tinta para explicarlo. Y, como Alien en la nave, más allá del impulso internacionalista, de los discursos que proclamaban su extinción e incluso de la globalización, continúa gozando de una salud excelente. Porque, en definitiva, el nacionalismo, como la religión, juega con los afectos, con el sentimiento, materia difícil de racionalizar sobre todo cuando, como es el caso, se amalgama con la política.Sin ir más lejos, el nacionalismo catalán que, como muchos de sus homólogos, ancla sus fundamentos en la retórica patriótica del XIX, en el sentimentalismo nacional, tan a la page en aquéllos tiempos.
Y, como lo cortés no quita lo valiente, sin dilación, la clase dominante, los prohombres del nacionalismo ascendente, ponen esos sentimientos al servicio de sus intereses. Nace así el nacionalismo, o dicho en otras palabras, del “catalanismo” -expresión cultural, lingüística… del sentimiento de pertenencia a una comunidad- surge una explícita expresión política, con todo lo que ello conlleva.
De manera un tanto tímida o vergonzante, en Cataluña sigue en uso el concepto “catalanismo”, que no se sabe bien donde empieza y donde termina pero que, de algún modo, intenta expresar la adscripción a un entorno propio, diferenciado sí, pero de expresión moderada. Así, nada tiene de extraño que en Cataluña todo el mundo se reclame “catalanista”, cosa que, por ejemplo, en Euskadi o Galicia hace tiempo que cayó en desuso. “Vasquista” o “galleguista” suena más bien a costumbrismo decimonónico.
Sobre esa primera capa afectiva, en Cataluña cristalizó, en fin, un nacionalismo autonomista que, tras muchos avatares, devino en lo que hoy conocemos como Convergencia y Unió. Una fuerza política que, en sus orígenes, con Jordi Pujol a la cabeza, jugó, como es propio del nacionalismo, a una ambigüedad calculada. Culturalista y hasta aparentemente sensible a las cuestiones sociales, aquel nacionalismo se legitimó hasta el punto de llegar a identificarse, desde luego con el antifranquismo, y con postulados progresistas. Todo ello, claro, sin perder de vista el bolsillo.
Un discurso llamativamente reduccionista
Ahora, sin embargo, de la mano de una nueva generación -Artur Más, Oriol Pujol, David Madí, Felip Puig…- el nacionalismo de CIU, aun aparentando “catalanismo” y adhesión a la identidad, ha derivado en un descarnado “nacionalismo de cartera”, donde lo único que prima es el interés, personal y colectivo. A lo largo de años y a base de redundar en el mantra de “Madrid nos roba”, el nacionalismo catalán ha instalado en la sociedad un discurso llamativamente reduccionista. Así, hoy en día, la condición de catalán casi se remite a la condición de víctima económica de España con lo cual, porque no decirlo, se contribuye a nutrir, aún más si cabe, en el conjunto del Estado, el tópico del “catalán interesado”.
“Con el independentismo histórico relegado a un tercer plano y una CIU amenazada de morir de éxito, la izquierda brilla por su ausencia. IC coquetea con el nacionalismo, los sindicatos de clase se apuntan a la oportunidad y el PSC, literalmente, no existe”
Tras la cortina de humo de un debate economicista abstruso, que hace valer  “balanzas fiscales” u otros tecnicismos, ha cuajado el mensaje de que Cataluña, como quizá lo fue, sigue siendo rica y la España pobre se beneficia de ella. Curiosa expresión nacionalista, que nada tiene que ver, por ejemplo, con el nacionalismo vasco, que también se cree que su país es comparativamente rico pero que, precisamente por eso, no se le roba, porque quizá entienden que a los ricos no se les roba.
Y si siempre es desagradable que le roben a uno, en tiempos de crisis tal cosa puede resultar insoportable. Tal es el estado de ánimo que comparten muchos catalanes. El “prou, prou, prou” (basta, basta, basta) de la manifestación del 11 de septiembre se refiere sobre todo a esto, al robo. ¿Cómo tenemos que sufrir recortes y mendigar rescates si somos como Holanda? Es muy fácil, con lo que España nos roba podríamos hacer frente a la crisis y vivir mucho mejor, por eso, reclama CIU un pacto fiscal a la vasca… y no nos lo dan.… Estas y otras aseveraciones se pueden leer o escuchar a diario en Cataluña.
La independencia, el talismán mágico contra todos los males
Y, en definitiva, para que andarse con zarandajas, si podemos tirar por la calle de en medio. Nos independizamos y ya está. Muerto el perro se acabó la rabia. Exasperada, una parte de la sociedad catalana cree haber encontrado el talismán mágico contra todos los males: la Independencia. Una carta que siempre mantiene escondida en la manga el nacionalismo y que la exhibe o amaga con hacerlo en función de sus intereses. Una pieza que manejó con maestría el “pujolismo”, mientras sus amigos, parientes y correligionarios hacían sus buenos negocios. Un término que aún no se atreve a mentar “La Vanguardia” que, de otro lado, no tiene escrúpulos en multiplicar el discurso victimista de CIU. El bálsamo de Fierabrás.
De la mano de Artur Mas, Oriol Pujol, David Madí y  Felip Puig, el nacionalismo de CIU, aun aparentando “catalanismo” y adhesión a la identidad, ha derivado en un descarnado “nacionalismo de cartera”
En este contexto, los primeros sorprendidos con el 11 S son los propios independentistas. Un espacio social y político bastante definido y acotado, con ERC como mascarón de proa y diversas familias, en general no muy bien avenidas, alrededor. ¿Y cómo puede ser que de la noche a la mañana tanta gente parece haberse hecho independentista? Ni siquiera los bolcheviques o los revolucionarios franceses hubieran soñado con que, en el transcurso de un verano, una ingente masa de ciudadanos abrazaría su causa.
Porque mucha gente de Cataluña, sin pararse a pensar mucho en la desindustrialización, los efectos también aquí del ladrillazo, la corrupción, las políticas neoliberales de CIU y su aliados del PP, el empobrecimiento general…, cree haber encontrado la solución a todos los males presentes y futuros en la Independencia. De modo similar a como pueden creerlo también de la religión las masas empobrecidas de los países islámicos o del patriotismo los xenófobos que proliferan por Europa.
Aunque, claro está, no solo la generación espontánea es capaz de explicar tal metamorfosis. Las metamorfosis también se organizan y en este caso con mucha intención, minuciosidad y tiempo.  Como decía Guillem Martínez, describiendo la cabecera de la manifestación del 11 S. “En primer lugar la ANC -predominio de CIU-y la Asociación de Municipios Independentistas -predominio de CIU indeed-, detrás-CIU by a tuve-, detrás a su vez una CIU sin iconografía -sin Mas ni Millet- representándose a sí misma.…. El primer objeto no necesariamente relacionado con CIU viene detrás y es el cuarto. Es ERC -discurso supeditado a CIU desde hace meses-. Detrás ICV -parece ser que ha formalizado su independentismo esta semana-.
Así, los muchos sorprendidos por el 11 S-2012 catalán que sepan que la cosa se veía venir. Durante todo el verano y precedida de meses de agitación y propaganda, la denominada Asamblea Nacional Catalana, una sigla hasta ahora perfectamente desconocida recorrió palmo a palmo todo el territorio de Cataluña difundiendo la convocatoria de la manifestación. Fletó trenes y autobuses, repartió decenas de miles de banderas independentistas, que se distinguen de la senyera por incluir, entre otras cosas, una estrella. Machacó, con la ayuda de la venerable “Omnium” y otras mil entidades amigas. Y al final, resultó. Una multitud se dio cita en Barcelona al grito de Independencia.
El 11M, propiciado y organizado por CIU desde la penumbra
Parece, en fin, obvio que el movimiento del 11 M ha estado propiciado y organizado por CIU, claro está, desde la penumbra. ¿Para qué? ¿Cómo aviso a Rajoy de que hay que aflojar en el tema del Pacto Fiscal? ¿Porque CIU es escenario de una batalla entre distintas facciones? ¿Están quizá Oriol Pujol y algunos de sus amigos moviéndole la silla a Más?
El 11 M responde, sobre todo, a los impulsos e intereses de CIU, un partido que comulga con todas y cada una de las premisas del neoliberalismo y los de una clase social que, aunque crispada, no es muy amiga de aventuras
En cualquier caso, la apuesta de CIU por el independentismo es de muy alto riesgo, porque la ambigüedad calculada de Pujol era un terreno de maniobra que daba mucho más juego que el independentismo, que es una línea de llegada. Con el independentismo no se negocia. Se juega al todo o nada. Y en este peculiar terreno, con el independentismo histórico relegado a un tercer plano y una CIU amenazada de morir de éxito, la izquierda brilla por su ausencia. IC, fiel a su tradición, coquetea con el nacionalismo, quizá creyendo todavía que resulta un buen compañero de viaje y no viceversa, los sindicatos de clase se apuntan a la oportunidad y el PSC, literalmente, no existe. A diferencia de la manifestación de 1977, con la que se ha comparado esta del 11 S, ni una sola bandera roja desfiló por las calles de Barcelona.
Y, más allá de su efecto mediático, también conviene tener en cuenta, sobre todo allende Cataluña, que la sangre no ha llegado al río. Que con un poco más de foco se puede visualizar que lo del 11 M, sin restarle ni un ápice de importancia sino todo lo contrario, responde sobre todo a los impulsos e intereses de CIU, que son los de un partido que comulga con todas y cada una de las premisas del neoliberalismo y los de una clase social que aunque crispada no es muy amiga de aventuras.
Todo lo cual, no es óbice sino razón de más para replantearse muy en serio el funcionamiento del sistema, la naturaleza de nuestra democracia y las reglas de juego. Porque lo del 11 S no es para nada ajeno, al funcionamiento de la Justicia, el papel de los partidos, el sistema electoral y otras cuestiones en las que no cesan de encenderse las luces rojas.
Crónica Popular

2 comentarios:

  1. Ahi falta algo tan fundamental como el respeto a las costumbres y la lengua. No todo es economia y no se trata unicamente de una salida a la crisis via independencia. Te pediria que leyeras un texto en foro de izquierdas, en facebook de Gemma Galgani donde se da otra vision menos politica.

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  2. "Contra todos los males", no. Pero contra uno mu' gordo, sí: la subyugación de toda una nación. ¡Qué graciosos los españoles! Todos son nacionalistas excepto ellos mismos.

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