miércoles, 19 de septiembre de 2012

Se puede decir todo: en defensa de Charlie Hebdo


Fundamentalismos-Charlie-HebdoMercedes Arancibia
Con demasiada frecuencia, la libertad de expresión -eso que el escritor y militante revolucionario situacionista belga Raoul Vaneigem, autor del Tratado de saber vivir para uso de las generaciones jóvenes, definió como “un arma contra todas las tiranías”- sufre el acoso de los fundamentalistas de todas las tendencias religiosas y políticas.
Ahora, cuando los integristas islámicos de todo el mundo están en pie de guerra por la difusión en Internet de un bodrio supuestamente cinematográfico que presenta a un Mahoma homosexual, marido infiel, pedófilo y practicante y alentador de otras perversiones, como la esclavitud infantil, y que, como escribe el gran poeta Juan Gelmán en Página 12, “es curioso –o no– que estas protestas coincidieran con el aniversario del atentado terrorista del 11-S: la película subió a YouTube los dos primeros días de julio de 2012 y pasó inadvertida. Tal vez alguien interesado se empeñó en difundirla más de dos meses después” (más adelante, Gelman se pregunta también acerca de quién financió esa película), nos preparamos para una segunda guerra en Francia (y esto lleva camino de convertirse en la guerra de los cien años) por la publicación de una portada del semanario satírico Charlie Hebdo, con fecha 19 de septiembre de 2012, en la que aparecen juntos un religioso islamista y otro cristiano copto, emulando el afiche de la película Intocable.
Naturalmente, del copto nadie dice nada; respecto al imán, mulá o lo que sea que hayan querido caricaturizar el dibujante y los responsables de la revista, el Consejo Francés del Culto Musulmán (organismo bastante temporizador de consueto) se dice “consternado” y denuncia “una provocación”; el rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur, moderado también, hace un “llamamiento a la calma” y, aunque pide que “no se arroje más aceite al fuego”, luego proclama su “enorme tristeza y preocupación por una publicación que puede exacerbar la indignación general del mundo musulmán”, lo que en román paladino equivale a atizar ese mismo fuego; los medios audiovisuales franceses, en general, se la están cogiendo con papel de fumar no vaya a ser que más tarde toque rectificar (o que algún exaltado la tome con ellos), de forma que inician cualquier información o comentario sobre el asunto preguntándose –y poniendo énfasis en la interrogación- si hay que hablar de desafío o de libertad de expresión. Como si ningún periodista democrático pudiera nunca plantearse semejante elección.
Y el gobierno, el gobierno socialdemócrata de François Hollande, el gobierno del país que presume de ser la cuna de los derechos humanos, por boca de su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, “desaprueba todos los excesos en el contexto actual”, apela a la responsabilidad de cada cual y subraya que aunque la libertad de expresión “constituye uno de los principios fundamentales de nuestra República", se ejerce “en el marco de la ley y bajo el control de los tribunales, siempre que se recurra a ellos”. Ergo, el jefe del ejecutivo francés incita a presentar denuncias contra la publicación.
Y se equivoca, porque la libertad de expresión es un derecho que no tiene límites, la libertad de expresión incluye también el derecho a la crítica, la caricatura, la burla, la mofa, la sátira, el chiste y el comentario mordaz (quizás más variantes que no se me ocurren en este momento). Defender la libertad de expresión es creer de verdad, hasta el fondo, que Nada es sagrado, todo se puede decir (también Raoul Vaneigem. Edición La Découverte, con prólogo de Robert Ménard), y mantenerlo en cualquier circunstancia.
Y además también existe la libertad del lector: nadie está obligado a comprar Charlie Hebdo. Y los tribunales, para el caso de que incurra en delito. Pero Charlie Hebdo, haciendo uso de su derecho a la libertad de expresión, pilar fundamental de la democracia, puede decir, escribir, dibujar todo; absolutamente todo.

2 comentarios:

  1. Varias reflexiones y empiezo por el final. Decir que la "libertad de expresión no tiene límites", dilecto Marcel, es un disparate mayúsculo que quizá, en tu boca, tu pluma roja o tus dedos no deba resultar inquietante pero sí puede serlo como expresión de caletres menos agudos. Por ejemplo, decir "hay que matar a los insultan al profeta", por muy cuidadoso que sea o por mucho que se sustituya la amenaza explícita de muerte por expresiones equivalentes pero no tan malsonantes, no es respetable.
    El buenismo socialdemócrata, tan poco amigo de lecturas y reflexiones, nos ha inculcado burradas del calibre de "la libertad de expresión es un valor absoluto" o "todas las opiniones son respetables" o...
    Todo esto viene al hilo del elemento central de este asunto.
    En el mundo hay cientos, quizá miles de religiones. No las conozco todas pero conozco unas cuantas y no sé de una sola que merezca el calificativo de "respetable" si usamos como vara de medir la Declaración Universal de los Derechos Humanos o la constitución de cualquier país europeo de tipo medio.
    Con frecuencia abordamos este tipo de conflictos matando al mensajero. No lo hacemos solo con los musulmanes. También arremetemos contra los obispos de Alcalá de Henares o Granada cuando nos recuerdan la doctrina de la iglesia (religión) a la que sirven.
    Y no. El Islam no es respetable, como no lo es el catolicismo y como no lo son otras doctrinas.
    Podemos enfangarnos en una discusión sobre cuál es menos respetable que otra pero no creo que aporte gran cosa.
    Mientras no asumamos de forma colectiva, social e institucional que la intolerancia es intolerable estos fenómenos seguirán ocurriendo.
    Y ya sabes, si no quieres que se rían de tus creencias, no tengas creencias tan graciosas.

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    1. amen, compañero, poco que decir a tu acertada reflexión...

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