miércoles, 21 de diciembre de 2011

MUCHO PSOE POR HACER


Hemos sufrido la mayor derrota electoral desde la Transición
  1. El pasado 20 de noviembre, siete millones de ciudadanos votaron al Partido Socialista. Ese mismo día, miles de militantes socialistas culminaron sus esfuerzos de campaña permaneciendo en los colegios electorales hasta que se computó el último voto. Esos millones de ciudadanos y esos miles de militantes son la base más sólida de que disponemos los socialistas para levantarnos de la mayor derrota electoral de nuestra democracia.
  2. La derrota del 20 de noviembre se suma a la del 22 de mayo en las elecciones municipales y autonómicas. En ellas perdimos cientos de municipios y todas las Comunidades Autónomas en las que se celebraron. El 22 de mayo tuvimos un resultado muy adverso, puesto que perdimos 2 de cada 10 votos que habíamos obtenido en 2007. El 20 de noviembre, la pérdida fue ya de casi 4 de cada 10 votos respecto de las generales de 2008.
  3. Es verdad que la derecha ha conseguido su victoria en 2011 con menos votos de los que el PSOE recogió en las elecciones de 2008. Pero esa victoria ha supuesto una concentración de poder institucional tan grande, que unida al poder económico y mediático que ya ostenta la derecha, amenaza con convertir su hegemonía política en una hegemonía social y de valores que suponga un verdadero retroceso en los avances alcanzados por la sociedad española a lo largo de las últimas décadas.
Hay importantes logros de las últimas legislaturas que debemos reivindicar
  1. Pese a la severa derrota, los y las socialistas tenemos motivos para reivindicar lo que hemos aportado a nuestro país durante los años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Los socialistas protagonizamos una auténtica revolución en derechos civiles: conseguimos que las mujeres avanzaran hacia la meta de la plena igualdad de derechos con los hombres; que ninguna persona fuera menos por su orientación sexual. Desvinculamos a España de la ilegal intervención en Irak y dimos paso a la erradicación definitiva del terrorismo etarra. Seríamos injustos con nuestro propio trabajo si no invocáramos los avances democráticos que hemos promovido, comenzando por la eliminación de la sumisión partidista de RTVE. Erraríamos si no reivindicáramos la extensión de los derechos sociales para las personas dependientes, para los perceptores del salario mínimo, o el aumento del poder adquisitivo de las pensiones, en especial las más modestas.
  2. No debemos renegar de nuestros logros; ni tampoco minimizar la magnitud de la derrota, ni simplificar o tergiversar sus causas. Lo único que se puede hacer con la derrota es no rendirse y rebelarse contra ella, combatiendo sus causas con inteligencia y voluntad. Por dura que sea, también ofrece una oportunidad para enderezar el rumbo. Eso es lo que esperan cientos de miles de afiliados y simpatizantes, millones de personas que nos han votado o que se han alejado de nosotros pero no de nuestros valores. Esas personas no esperan que nos resignemos. Aguardan una respuesta sincera y una rectificación clara.
Lo importante para nuestro futuro no es quién, sino en qué y por qué nos equivocamos
  1. Por eso, lo importante no es señalar quién haya podido equivocarse; esos errores, en mayor o menor medida, y por acción o por omisión, ya forman parte de nuestra trayectoria colectiva. Igual que los muchos y grandes aciertos que hemos protagonizado en el último tercio de siglo, empezando por los gobiernos de Felipe González y siguiendo por todas las Comunidades Autónomas y tantas y tantas ciudades y pueblos de toda España. Lo capital para el futuro es explicar en qué nos hemos equivocado y también por qué nos hemos equivocado. Sólo con ese ejercicio de honestidad y de transparencia podremos recuperar la credibilidad y la confianza de la mayoría.
  2. Es verdad que el adverso entorno económico internacional ha erosionado el crédito de nuestras políticas entre los ciudadanos. Es verdad que son numerosos los gobiernos democráticos que sufren una fuerte pérdida de apoyo social como consecuencia de la crisis. Y también es cierto que la actuación de nuestro gobierno ha estado guiada en todo momento por la preservación del interés general y que se ha visto forzado a adoptar medidas que entrañaban un fuerte coste de popularidad. Y ha debido hacerlo además sin la menor colaboración de una derecha que ha practicado una oposición destructiva e irresponsable y que ha actuado como parásita de la crisis.
Nuestra pérdida de apoyos no se debe solamente a la crisis sino también a nuestros errores
  1. Pero no podemos culpar exclusivamente a las circunstancias de nuestra pérdida de apoyos. No ha sido solo la crisis, también la gestión de la crisis ha sido causa de nuestra derrota. Otro importante factor ha sido la pérdida de credibilidad sufrida a lo largo de los últimos años.
  2. A lo largo de la última legislatura, los socialistas nos hemos ido dejando parte de nuestra credibilidad en el camino. Cuando tardamos en reconocer y llamar a la situación económica con el mismo nombre que la llamaban los ciudadanos, perdimos ante ellos buena parte de nuestro crédito. Cuando aplicamos, ciertamente obligados, políticas contra la crisis ajenas a nuestra orientación ideológica y a nuestros valores, perdimos otra parte de nuestro crédito. Más aún cuando no fuimos capaces de equilibrar los esfuerzos y sacrificios que dichas políticas imponían a los sectores más débiles de nuestra sociedad con la carga fiscal que debería haberse exigido a los más poderosos. También hemos dejado una parte de nuestro crédito cuando hemos justificado la limitación de nuestras prácticas democráticas internas con el argumento de las dificultades a las que nos enfrentábamos, en lugar de ver en la amplia participación de los militantes una vía de solución a nuestros problemas. Del mismo modo, difícilmente podía ser creíble nuestra voluntad de actuar a escala europea e internacional, cuando hemos asistido al declive de la Internacional Socialista, justamente la primera organización internacional de la historia que fue creada para actuar por encima de las fronteras nacionales.
Es preciso cambiar el rumbo de algunas de nuestras políticas y la vida de nuestra organización
  1. Sin duda la crisis es un factor de primer nivel a la hora de entender nuestra derrota, como también lo es la tardanza en reconocer su alcance y diagnosticar su magnitud. Pero también algunas de nuestras políticas, también los equívocos sobre nuestra orientación ideológica y también nuestra forma de organizarnos han contribuido a esa derrota. Es necesario cambiar el rumbo de parte de nuestras políticas y la vida de nuestra organización. Hace falta un nuevo proyecto que extraiga todas las lecciones de nuestros aciertos y también de nuestros errores.
  2. Debemos reconocer, por ejemplo, que para desplegar una política social y civil progresista es precisa una política económica progresista. Una política económica que potencie el trabajo y el capital intelectual como motores de desarrollo y que mantenga a raya la especulación. Debemos aprender que una política progresista de gasto requiere una política progresista de ingresos y eso exige una reforma fiscal integral que erradique las injusticias que soportan las rentas del trabajo por cuenta ajena y que incentive a los emprendedores. Los mayores enemigos de la socialdemocracia son los que minan el Estado Social: el fraude y la injusticia fiscal.
  3. El diálogo es esencial para la marcha de una sociedad democrática, pero existen sectores que lo interpretan como seña de debilidad. Por eso el diálogo debe ir acompañado de energía para poner freno a los poderes no democráticos que pretenden imponer sus privilegios o su moral a toda la sociedad. Igualmente, la autonomía de la política, expresión de la voluntad popular, debe ser reafirmada frente a los grandes poderes económicos nacionales e internacionales.
  4. Además de reivindicar, con fundamento, la diversidad de España como fuente de riqueza colectiva, debemos reclamar la cooperación que genera eficacia en beneficio de los ciudadanos. Nuestra visión de una España plural y unida merece ser defendida con pasión porque es la visión que comparte la inmensa mayoría de los españoles frente a las tensiones de los separatistas y los separadores.
  5. En el contexto de la globalización, cualquier acción política eficaz ha de desarrollarse ya a escala europea. El sueño europeo se desdibuja ante la hegemonía de los poderes financieros y el regreso de egoísmos nacionales, en especial la prepotencia de la derecha alemana. Los ataques al modelo europeo de producción, de democracia y de cohesión social, en gran medida obra de la socialdemocracia, hacen imprescindible la creación de una verdadera fuerza socialdemócrata europea. Una fuerza con líderes europeos y un programa europeo que reivindique un gobierno económico democrático de Europa capaz de enfrentarse a la especulación financiera, la corrupción, los paraísos fiscales y el fraude.
  6. En la crisis, hemos de reforzar el compromiso que los socialistas hemos mostrado siempre con los más débiles, con los trabajadores y las mujeres, y volcar, además, toda nuestra energía en rescatar a los jóvenes de la discriminación laboral y social que sufren.
El alejamiento de la sociedad y las limitaciones en la participación interna explican buena parte de los errores
  1. La democracia se mantiene viva y arraiga cuando se amplía la participación; por eso, debe practicarse al máximo tanto en la vida interna del partido y en las instituciones. La transparencia de la acción política y la rendición de cuentas antes los representados son el oxígeno de la democracia y no hay ningún poder legítimo por encima de los ciudadanos ni en el Partido por encima de los militantes. Los ciudadanos progresistas exigen que el sistema de representación política y la vida interna de los partidos no estén trucados, que se ajusten a reglas democráticas efectivas como la proporcionalidad en la representación; la rendición de cuentas de los elegidos ante los electores; la máxima participación de los ciudadanos, etc.
  2. Nuestro reto es ahora recuperar la credibilidad. Y eso no se logra con bruscos giros basados en cálculos tácticos. Tampoco con un mero cambio de caras. Lo que nos hará recuperar la credibilidad será la coherencia de nuestras ideas con nuestros actos. Somos más creíbles cuando somos más auténticos y menos parecemos asumir las ideas de nuestros adversarios políticos. Debe guiarnos la aspiración a la mayor igualdad posible dentro de la mayor libertad posible adaptada a los nuevos retos de nuestro tiempo. Entre otros: la reducción de las desigualdades sociales en paralelo a la mejora de la competitividad de la economía; la preservación y mejora de un Estado del Bienestar sólido y eficiente que asegure a los ciudadanos contra los riesgos que surgen en un mundo globalizado (en particular a través de la sanidad y educación públicas y el sistema de pensiones); la ampliación de los apoyos de la izquierda a los emprendedores y las clases medias; la salvaguarda de un planeta habitable para las próximas generaciones; o la lucha contra las injusticias globales como la hambruna y la pobreza extrema.
  3. A nuestro juicio la pérdida de credibilidad y coherencia ha sido fruto de la erosión de nuestros mecanismos democráticos y del aislamiento social progresivo de nuestro partido. Ese es el por qué de nuestros errores. Antes de que los ciudadanos se alejaran de nosotros, nosotros nos alejamos de los ciudadanos. Un partido gana en eficacia cuando gana en democracia y en participación de todos sus militantes, cuando capta mejor el pulso de los ciudadanos, cuando lo transmite con nitidez y cuando acierta a transformarlo en acción política.
  4. La exclusiva concentración en las tareas institucionales y el ensimismamiento orgánico nos han llevado a perder en buena medida el pulso de la calle. Y una lealtad mal entendida ha hecho que se omitieran críticas necesarias y ha evitado que ese pulso se transmitiera hacia la dirección de nuestra organización. También eso debe cambiar.
Necesitamos la máxima participación de todos y un liderazgo democrático y colectivo que integre generaciones
  1. Todo eso puede cambiar y debe cambiar. La democracia española necesita un partido socialista fuerte, y la fortaleza de nuestro partido necesita de la máxima participación de todos. Militantes o simpatizantes, jóvenes o veteranos, mujeres y hombres. La protección más efectiva contra los errores y la mejor garantía de nuestra recuperación rápida es la amplia participación regular de militantes y simpatizantes, la máxima transparencia en todos los niveles y una transformación profunda de nuestra organización que convierta al PSOE en modelo de democracia. Para ello deben incentivarse también los comportamientos éticos y responsables, así como la máxima autonomía de nuestros militantes y su estrecha conexión con la realidad social.
  2. El PSOE ha perdido mucho poder institucional, pero aún así conserva una nutrida militancia dentro y fuera de nuestras fronteras en las organizaciones del exterior. También dispone de una representación considerable: parlamentarios del Congreso y del Senado, autonómicos, europeos, diputados provinciales y, sobre todo, alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas que siguen dando la cara por nuestras ideas y son el rostro del PSOE ante los ciudadanos. Ellos van a protagonizar buena parte de nuestra acción en esta nueva etapa y precisan del respaldo colectivo. Tras estas elecciones vamos a estar en la oposición y debemos ejercerla con la responsabilidad. Aspiramos a gobernar, pero anteponemos el bien común a los intereses de partido, algo que podemos enseñar a los ganadores de los comicios. Nuestra regla es trabajar siempre, en el gobierno o en la oposición, con el mismo objetivo: mejorar la vida de la gente, de inmediato. En el gobierno o en la oposición, no somos aliados de los problemas, sino de la gente que los padece.
Haremos una oposición responsable desde una defensa clara de las políticas socialdemócratas
  1. Nuestra oposición será responsable, pero deberá trazar con nitidez una alternativa de gobierno socialdemócrata, progresista. Nuestro proyecto habrá de ser autónomo, pero nuestra autonomía ideológica y programática no significa aislamiento. El PSOE debe hacer su trabajo en coalición con la sociedad, de la mano de los movimientos ciudadanos y, en especial, de los sindicatos, de CCOO y de la Unión General de Trabajadores, con quien además compartimos origen e historia. También en colaboración con otras fuerzas políticas progresistas. Debemos abrir nuestra organización a esos millones de españoles que comparten nuestros ideales progresistas y a quienes ya se están viendo afectados por las políticas conservadoras de restricción de derechos civiles y desmantelamiento del Estado del Bienestar.
  2. En nuestros 132 años de historia hemos conocido situaciones propicias y adversas, algunas también extremas. Muchos hombres y mujeres han dado lo mejor de su vida –y en ocasiones su vida misma- en defensa de nuestros ideales. Si el PSOE ha llegado a convertirse en la fuerza política más antigua de nuestro país ha sido gracias a que, aún en las situaciones más penosas, ha habido socialistas que jamás se han resignado, que han acertado a encarnar el futuro.
Debemos debatir con libertad y respeto, pensando en el futuro de nuestro proyecto
  1. Con la convocatoria de nuestro XXXVIII Congreso se abre una nueva etapa que deberá estar marcada por el debate profundo y sereno, la revisión de nuestra organización y el restablecimiento de los lazos con la mayoría social de progreso. Este proceso de debate y transformación del socialismo español no concluye con el Congreso Federal sino que debe proseguir después con más energía y debe ser impulsado por un liderazgo democrático y colegiado resultante del Congreso y que habrá de integrar generaciones y sensibilidades.
  2. A cada socialista le toca tomar posición más allá de cualquier cálculo personal, pensando solamente en el futuro de nuestra causa. Lo que se espera de cada uno de nosotros es que lo hagamos libremente, en conciencia, con respeto a todos los compañeros, defendiendo democráticamente las ideas y las propuestas que consideremos más adecuadas. Eso es lo que hacemos con este documento. Aportar ideas a un debate que de ningún modo pretendemos agotar sino, simplemente, poner en marcha; porque queda mucho socialismo por hacer, mucho PSOE por hacer.
Este documento ha sido elaborado con las contribuciones de numerosos socialistas, entre otros, y a título estrictamente personal: Francisca Baraza MartínezDelia Blanco TeránJosé Borrell FontellesManuel Bustos GarridoFederico Buyolo GarcíaFrancisco Caamaño DomínguezAina Calvo SastreJavier Carnero Sierra,Estefanía Castro ChávezAna Concejo VázquezAntonio Cosculluela BerguaCarme Chacón PiquerasRemedios Elías CordónMarco Ferrara FerreroEugenia Gómez de DiegoJoaquín Hermoso MurilloPatricia Hernández GutiérrezRoberto Jiménez AlliJuan Fernando López AguilarFernando López GilCarlos Martínez Mínguez,Cristina Narbona RuizRafael Pacheco RubioXimo Puig FerrerJavier Rojo García.
Su difusión en la web muchopsoeporhacer.com pretende estimular el debate. Con la misma finalidad de incentivar el debate, algunos de sus autores difundirán en los próximos días nuevas aportaciones específicas sobre éstos y otros temas:
  1. Municipalismo y socialismo.
  2. Crisis europea y política socialdemócrata.
  3. La organización internacional de los socialistas.
  4. La relación entre partido-sociedad.
  5. Mejoras en la democracia.
Todas las contribuciones estarán abiertas a la participación en esta misma web.

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