jueves, 22 de diciembre de 2011

MUCHO PSOE POR HACER: ABRIENDO EL PARTIDO AL FUTURO


Cuando apenas faltan unas semanas para el Congreso del partido comienzan a surgir “espontáneos” manifiestos llamando a su renovación y a recuperar la identidad soialdemocrata. Bienvenida sea esa identidad y lo digo desde la ideología marxista y vocación ecosocialista que profeso, pero no me duelen prendas al entender que soy minoría en el partido y minoría social insignificante y nada representativa en la España de hoy. Siendo marxista no tengo más opción que ser permeable a las otras ideas y siendo verde no tengo otra salida que hacer a diario la fotosíntesis de cuanto me llega del exterior para transformarlo en energía positiva. Sueño, que quede claro, con sintetizar los postulados socialdemócratas que Rosa Luxemburgo debatía con Lenin en 1917. Hace demasiados años que abandonamos el ideario socialdemócrata y ya es tiempo de recuperarlo.
Ahora, al fin, una treintena de cuadros socialistas han dado un paso adelante con el manifiesto Mucho PSOE por hacer. Antes lo han hecho las bases, Izquierda Socialista y otros colectivos del partido. Los elementos esenciales de ese manifiesto corresponden a lo que muchos veníamos solicitándole a la actual dirección: autocrítica, democratización del funcionamiento interno, reconciliación con la mayoría social progresista, recuperación de un ideario, un programa y unas políticas inequívocamente socialdemócratas y visión europeísta y global.
Seremos injustos sino reconocemos el derecho de este grupo a exigir que se abran las puertas del partido para que entre el aire fresco de la renovación, que propongan prioritariamente un debate de ideas frente a un debate de nombres y que lo hagan en un partido que representa directamente a siete millones de electores e indirectamente a otros tres millones y medio de potenciales electores que prefirieron quedarse en casa antes que entregar su voto a un proyecto progresista fallido desde su origen.
Algunos de los firmantes de este manifiesto han sido ministros con el gobierno de Zapatero y ello parece condenarles al frío sótano del olvido, condena que no hicimos a Rubalcaba hasta el monumental batacazo del 20N. ¿Acaso no habríamos llamado traidores a quienes hubieran criticado a Zapatero y sus políticas? ¿Habríamos entendido que un ministro de su gobierno le hubiera abandonado en ese trance? Seamos generosos entonces compañeros y no olvidemos que casi todos hemos callado durante años y que en defensa de nuestro partido hemos sacado pecho por propuestas que no compartíamos. Eso no es incoherencia, es militancia.
Esta propuesta, como han señalado Javier Rojo y Juan Fernando López Aguilar, es solo una, la primera, entre las muchas posibles y deseables. Si otros dirigentes, militantes o sectores tienen reflexiones alternativas, lo que deben hacer es proponerlas con la claridad y valentía de este manifiesto. Es así como se garantizan las puertas abiertas y los debates enriquecedores. A falta de las ponencias congresuales bueno es el debate de manifiestos y cuantos más mejor.
Puede que alguno tenga dudas sobre lo oportuno del momento. A ello le respondo que aunque muchos hubiéramos deseado escuchar esta autocritica antes del 20N y podríamos pensar que llega tarde, no es así, es por lealtad al partido y a Rubalcaba por lo que no se ha hecho hasta no constituidas las cámaras, no ha sido investido Rajoy y no se ha dado cumplida réplica a su discurso en el debate de investidura. No se ha podido ser más escrupuloso y respetuoso con las decisiones adoptadas por los órganos del partido.
¿Habrían tenido que esperar más? ¿A qué? Para el Congreso solo falta un mes y medio. ¿Es que solo tendrían que haber abierto la boca el día anterior a ese Congreso? En ese caso, los militantes socialistas no habríamos tenido tiempo de reflexionar sobre estas ideas y proponer otras si no las compartimos.
La autocrítica contenida en el documento es correcta en el fondo y en la forma. En el fondo, porque el desapego de millones de socialistas respecto al Gobierno Zapatero se produjo cuando este fue incapaz, por un equivocado sentido de Estado, de proponer alternativas socialdemócratas tanto a la crisis como al ajuste presupuestario. En la forma, porque los firmantes del manifiesto asumen de modo explícito su propia responsabilidad personal y política en esa incapacidad. A uno le gustaría, francamente, que aquellos que ocuparon los más altos cargos del gobierno Zapatero, la presidencia y las vicepresidencias política y económica, se pronunciaran abiertamente sobre si piensan que todo lo hicieron bien.
Somos conscientes de que el PSOE es el único partido con posibilidad de relevar a medio plazo a Rajoy, el tiempo de oposición dependerá de nuestras decisiones y de la evolución de nuestra economía. Es por ello que la reforma, renovación, rejuvenecimiento, refundación, renacimiento o como cada cual quiera llamarle, del partido es clave para el conjunto de la izquierda española. Este proceso debe ser serio, profundo, riguroso, democrático, no un apaño en las alturas para salir del paso y tampoco una permanente asamblea del 15M; 132 años de experiencia democrática nos contemplan, no la defraudemos ahora. Una nueva chapuza acentuaría el desapego hacia nosotros de muchas personas de izquierda y nadie cubrirá ese hueco, solo la abstención.
Los procesos democráticos no son exclusivos de las bases ni de las asambleas. No se tienen mejores ideas porque se debatan en Jun, tampoco se tiene más pedigrí democrático por asistir a sus debates. Miles de socialistas no iremos allí por razones distintas y no por ello somos menos socialistas.
La cuestión de los nombres, obsesión que nos ha impuesto la clase político-mediática dominante, es lo menos importante; lo importante son las ideas. Las personas son sustituibles; las ideas progresistas no lo serán nunca.

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