sábado, 7 de enero de 2012

Las primeras medidas económicas de Rajoy, un desatino

Carlos Berzosa. Catedrático de Economía Aplicada Universidad Complutense.
Las medidas dadas a conocer por el nuevo gobierno no pueden ser más desatinadas. Desde luego que no seré yo quien confíe lo más mínimo en este gobierno, y por eso todo lo que haga en materia económica está dentro de lo previsible de lo que de un gobierno conservador se puede esperar.  Sin embargo, llama la atención que, después de machacar tanto con la necesidad de bajar impuestos para crear empleo, hacen todo lo contrario y se comen sus propias palabras. Eso sí la subida de impuestos vuelve a castigar a las clases intermedias y bajas, mientras que los ricos siguen ganando dinero a espuertas. También los pensionistas se verán afectado por ello, de manera que lo que se les da por un lado al revalorizar la pensión para el año próximo, se les quita por otro en mucha mayor medida. Pero resulta indudable que esto es lo propio de un gobierno de derechas.
Los recortes en los gastos públicos para combatir el déficit tantas veces demonizado  como el principal problema de la crisis  actual, lo cual no se ajusta ni de lejos a la realidad, generarán un efecto negativo sobre la actividad económica.
La idea que baraja el gobierno de que subir el IVA es contraproducente para el consumo y, por tanto, influye negativamente en la actividad empresarial y en la creación de empleo, no es comparable al efecto tan perverso que tendrá sobre la demanda efectiva el recorte del gasto público. Un menor gasto por parte del sector público, la congelación de los salarios de los funcionarios, el alza del coste de la vida, y la subida de impuestos, sí que van a repercutir en la economía dificultando totalmente el crecimiento y poniendo las bases para una larga y duradera recesión.
Otro tanto se puede decir de los trabajadores de las empresas privadas que ya han visto, en muchos casos, disminuir sus salarios, y ahora lo van a sufrir mucho más en un contexto caracterizado por la incertidumbre y el miedo a perder el puesto de trabajo. La reforma laboral llevada a cabo por el gobierno socialista, y la que se espera de este gobierno, empeorarán más las condiciones laborales y los derechos de los trabajadores.  Un menor poder adquisitivo de las familias disminuirá el consumo y, con ello, la capacidad de la producción de las empresas. La única salida es la exportación, pero, aunque haya aumentado en los años de crisis, no es la respuesta adecuada para que la mayor parte del tejido empresarial se encuentre estimulado para aumentar la inversión y la creación de empleo.
Un recorte de esta naturaleza no solamente tiene repercusiones muy costosas para la economía y los empleados y trabajadores, sino que lo tiene sobre el estado del bienestar, encontrándose en peligro la supervivencia de la sanidad y educación pública, de la universidad, y de la investigación, desarrollo, e innovación. Se está, de esta forma, dañando a un capital de la sociedad española que se ha ido acumulando durante varias generaciones, tanto en términos de capital físico, como de conocimientos, experiencia profesional, y de prestaciones de servicios.
Estas medidas ponen en juego el avance que, bien o mal, se había logrado, aunque insuficientemente, en la igualdad de oportunidades y en la mejora del bienestar material. Pero lo más irritante es que ponen en juego el futuro de la sociedad española al recortar en educación, universidad e investigación y ciencia. No solamente seremos más pobres económicamente hablando, sino como sociedad, en tanto que más desigual y menos sostenible, así como en conocimientos.
Después de todo esto, y en una inauguración del gobierno a todas luces desafortunada, lo que convendría que se nos dijera es cómo se piensa generar crecimiento económico y empleo, si  la mayor parte de la población dispondrá de una renta disponible menor, y consumirá menos habida cuenta de estos factores, pero también de la situación tan incierta en la que estamos. De todos modos, al gobierno y a la ortodoxia reinante en la Unión Europea parece solamente preocuparles el déficit público, aunque sea a costa del bienestar material de los ciudadanos.
Pero lo que se encuentra detrás de todo es la preservación de los beneficios, salvar a los bancos y cajas de ahorro, que son en gran parte los responsables de la situación de crisis en la que estamos, y poner las condiciones para que un capitalismo más desalmado que el que tenemos- fruto de las luchas sociales que son las que han conseguido avances en los derechos de ciudadanía- siga avanzando, destruyendo el planeta y todo lo que se ponga a su paso.
Al final se han impuesto los grandes intereses financieros, y son los señores de las finanzas los que nos gobiernan directamente. Esto se puede ver en Estados Unidos, los países de la Unión Europea y el Banco Central Europeo, habiendo salido la mayoría de sus directivos de Goldman Sachs. Ahora, el PP, para no ser menos que los demás, nombra  a un ministro de economía, que ha sido responsable en España de Lehman Brothers. Esto lo dice todo.
 publicado en Crónica Popular

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