sábado, 21 de enero de 2012

VALDENOCEDA. CÁRCEL DE EXTERMINIO


Ramón Pedregal Casanova || Escritor.
valde_portadaA los autores de “El penal de Valdenoceda” (Editorial Cálamo), Fernando Cardero Azofra, estudioso de la historia de Burgos, y Fernando Cardero Elso, director de Cultura del Ayuntamiento de Miranda de Ebro (Burgos) se deben también, entre otros libros, “La Guerra Civil en Burgos. Fusilados, detenidos y represaliados en 1936”, editado en 2009.
Para “El penal de Valdenoceda”, han realizado un trabajo minucioso de búsqueda y selección de datos de gran valor relacionados con la historia de esa cárcel franquista, una de las peores de la dictadura. Valdenoceda fue instalada sobre el terreno y el edificio de una antigua fábrica, puesta en marcha por Torné, un siniestro personaje que había sido director de la cárcel de Porlier, de Madrid, y se mantuvo como prisión hasta 1954, bajo la dirección de Carazo Gómez, que permaneció en tal puesto hasta poco antes de cerrarse el penal.
Los autores relatan que les impulsó a escribir esta obra la lectura de un artículo en el que se afirmaba que el trato dado a los presos había sido inmejorable y que los carceleros habían contado con la colaboración de los mismos presos para su reconversión religiosa y política. Y, a partir de los expedientes de los reclusos, demuestran la falsedad e hipocresía de tales afirmaciones y de quienes las han suscrito.
Con el libro se quiere rehabilitar la memoria de los republicanos y la verdad de lo que sucedió en aquel infierno: tortura y muerte que el franquismo sembró sobre las personas que defendieron la legalidad, la democracia, la República. El terror fue ejercido en tal medida sobre la población que ésta se hundió en un silencio estremecedor, y aún hoy permanece en gran parte de la clase trabajadora en torno al genocidio y sus responsables.
valde_penalPresos de Valdenoceda en 1942 formados antes de marchar al destacamento penal de forzados Pedrosa
A través de la voz de un republicano condenado en Valdenoceda, sabremos de las experiencias de los presos y los datos de 154 reclusos fallecidos allí. Pero no están todos los que fueron. El frío, el hambre, las enfermedades, las torturas, se llevaron a la tumba a un número incontable de condenados, cuyos entierros se hacían fuera del cementerio municipal “sin epitafios, sin placas, sin seña alguna que los recuerde”.
En la obra se recuerda que a los encerrados se les obligaba a cantar himnos fascistas, a asistir en formación a misa y a otros actos, a permanecer en el patio de la cárcel con el hielo, la lluvia o la nieve todas las horas del día, excepto en la comida y en la cena. Y se denuncia el hacinamiento, las celdas de castigo, en realidad agujeros bajo tierra en ocasiones llenos de agua, los trabajos forzados, que convertía a los presos en eran verdaderos esclavos, la suciedad, las epidemias, las plagas de parásitos, las enfermedades contagiosas, la incomunicación, sin alimentos ni medicinas, sin personal sanitario… Un conjunto de datos que convertían a cárceles como la de Valdenocceda en centros de exterminio. Eso sí, con la colaboración de la iglesia católica, en la que se empleaba con las mayores energías y a cuya práctica de castigo y extorsión denominaba “catequizar”.
Los autores dedican un capítulo a las organizaciones políticas que fueron reconstruidas dentro del penal por sus militantes presos: comunistas, socialistas, anarquistas. Recorren sus vivencias, terriblemente duras, sus esperanzas, sus luchas por la supervivencia, el paso de presos por Valdenoceda para luego ser trasladados a otras prisiones, las historias de los que, sin saber que pasaba, “desaparecían”, el recuerdo de los familiares, la vigilancia sobre el universo carcelario, las prohibiciones, y las cartas que los presos estaban obligados a escribir al director de la cárcel, un documento que nos acerca el dictado fascista bajo el que se ha vivido en el Estado español, tal como Antonio Ferres narra en su novela “Los vencidos”.
valde_orquestaOrquesta de presos del penal de Valdenoceda durante 1941
El repaso a los nombres de los presos y su circunstancia por medio de las fichas quizás puede hacernos cansada la lectura. Pero tal relación es un homenaje a los demócratas perseguidos por el fascismo, a los republicanos cuyo legado de libertad, justicia e igualdad vamos recuperando.
En el prólogo, Gonzalo Santonja hace una afirmación que los autores contradicen con sus propias palabras y con lo que exponen. Santonja afirma que fue la guerra civil española fue una guerra “cainita”. Y nada más lejos de la realidad histórica. Historiadores y juristas de dentro y fuera del Estado español, incluyendo las instituciones de Derechos Humanos, la califican de genocidio sobre el pueblo español y los crímenes franquistas están denominados como crímenes de lesa Humanidad.
Publicado en Crónica Popular

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