lunes, 5 de febrero de 2018

CARTA ERÓTICO-AMOROSA DE HENRY MILLER A ANAÏS NIN

Portada del libro
Carta extraída del libro 'Cartas de Amor y Erotismo de Grandes Personajes'

Henry Miller se enfrentó a la hipócrita sociedad de su época con sus afiladas obras Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio. Cuando vivía en París, ya cuarentón, convertido en todo un experto en el arte de vivir de gorra, Anaïs Nin fue una de sus amantes formando un triángulo amoroso con el escritor y su segunda esposa, June Mansfield.
El primer encuentro entre Miller y Nin tiene lugar en 1931. Anaïs tenía entonces 28 años, Miller 40. Los detalles de ese primer encuentro quedarán recogidos por la propia Anaïs en sus diarios íntimos, posteriormente publicados en diferentes volúmenes. La pareja habla durante horas sobre literatura, filosofía y psicología. Se seducen, se hacen amantes. Miller le descubre la bohemia parisina del Montparnasse, el libertinaje imperante del período de entreguerras que ella desconocía.
En 1932, June Mansfield viaja por segunda vez a París. Llegados a este punto, encontramos versiones contrapuestas respecto a lo que sucedió durante esta nueva visita de Mansfield a su esposo. Unos apuntan que fue Anaïs Nin quien se habría obsesionado compulsivamente con la esposa del escritor, otros señalan que fue al contrario. En cualquier caso, lo que es indudablemente cierto es que las dos mujeres se involucran en una relación paralela a la que Anaïs mantiene con Henry Miller.

Queridísima Anaïs
Terriblemente, terriblemente vivo, afligido, absolutamente consciente de que te necesito. He de verte, te veo brillante y maravillosa y al mismo tiempo le he escrito a June y me siento desgarrado, pero tú lo entenderás, debes entenderlo. Anaïs, no te apartes de mí. Me envuelves como una llama brillante. Anaïs, por Dios, si supieras lo que siento en este momento. Quiero conocerte mejor. Te quiero. Te quise cuando viniste a sentarte en mi cama -esa segunda tarde fue toda como una cálida neblina- y de nuevo oigo cómo pronuncias mi nombre, con ese extraño acento tuyo.
Ilustración del libro
Despiertas en mí tal mezcla de sentimientos que no sé cómo acercarme a ti. Ven a mí, aproxímate a mí, será de lo más hermoso, te lo prometo. No sabes cuánto me gusta tu franqueza, es casi humildad. Sería incapaz de oponerme a ella. Esta noche he pensado que debería estar casado con una mujer como tú. ¿O es que el amor, al principio inspira siempre esos pensamientos? No temo que quieras herirme. Veo que tú también posees fuerza, de distinto orden, más escurridiza. No, no te romperás. Dije muchas tonterías sobre tu fragilidad. Siempre he sentido un poco de vergüenza, pero la última vez menos. Acabará desapareciendo toda. Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reír siempre. Te lo mereces. He pensado en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir “aquí vine con Anaïs”, “aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos”.
¡Ay!, ¡verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo; pero Anaïs, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué húmeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.
Pienso que si he de pasar todo el fin de semana sin verte, resultará intolerable. Si es preciso, iré a Versalles el domingo, lo que sea, pero he de verte. No temas tratarme con frialdad. Me bastará con estar cerca de ti, con mirarte admirado. Te quiero, eso es todo.
Henry

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