sábado, 3 de febrero de 2018

MANTA DE CUADROS, PAC Y TODO TERRENO

Pastor y su rebaño de ovejas
La mayoría de las imágenes que aparecen en los medios sobre el pastoreo de ganado en sistemas extensivos muestran la figura de un hombre mayor, a punto de jubilarse, soltero, sin afeitar y ataviado con esa manta de cuadros blancos y pardos que hemos visto en tantas fotografías.
En realidad, hoy en día, son muy pocos los pastores que encajan en esta imagen, primero porque son pocos en total, porque la mayoría de estas personas mayores ya se han retirado y porque, los que quedan, utilizan más el goretex y las botas de monte que la manta de cuadros y se desplazan más en vehículo que a pie.
Soledad, aislamiento, falta de relaciones sociales, soltería, envejecimiento, trabajo diario y continuo, sin días libres…, este es el corolario que se repite una y otra vez para dar cuenta de la vida de los pastores en el campo, y estas son las razones que los apologetas de esa iconografía aducen para explicar la desaparición progresiva de la ganadería extensiva y la falta de relevo generacional. Pero, como ocurre en otras ocasiones, las imágenes esconden más que revelan y confunden más que aclaran, de modo que vamos a internarnos en la parte trasera de la fotografía.
En primer lugar, la mayoría de la ganadería en España es estabulada, es decir, los animales permanecen todo el año en la cuadra y, los que salen, es para tomar el sol, ya que el alimento lo reciben en el pesebre, no en el campo. En esta situación, los pastores, que a sí mismos se llaman ganaderos, se pasan el tiempo consultando el precio de los piensos, calculando el gasto en alimentación, negociando con proveedores y clientes y haciendo números. Desde los modelos integrados, en los que el ganadero es un apéndice de la empresa suministradora del pienso, hasta otras opciones más flexibles, lo cierto es que la gestión de la explotación es una parte fundamental de su trabajo.
En segundo lugar, la mayoría del ganado que está en el campo, sobre todo el ganado vacuno de carne, percibe ayudas de la UE, la llamada PAC que viene a suponer entre el 40 y el 60% del total de los ingresos brutos en este tipo de explotaciones.
Esos fondos se perciben en función de una serie de “derechos”, los cuales están asociados al aprovechamiento del pasto en unas determinadas zonas. En el caso de los pastos comunales, los ayuntamientos distribuyen esos “derechos” de acuerdo con lógicas que casi siempre atienden a intereses partidistas, familiares o de otra índole, y no al efecto del pastoreo sobre el territorio y la vegetación. Así que, ¿quién lo iba a decir?, los ayuntamientos se han convertido en poco menos que los señores feudales de los pastizales, los alcaldes “dan o quitan derechos”, empadronan o no a los candidatos a utilizarlos y utilizan la asignación de “derechos” como una herramienta para ventilar cualquier asunto.
Pero, no solo los ayuntamientos, desde hace unos años, las autoridades comunitarias, al alimón con el Ministerio de Agricultura y las Comunidades Autónomas, han puesto en marcha un sistema denominado CAP, Coeficiente de Admisibilidad de Pastos, es decir un sistema de cálculo que autoriza la concesión de derechos de pasto a determinadas zonas y excluye a otras.
Así, el matorral, el bosque denso o diseminado, las zonas de elevada pendiente, las que no están cubiertas de vegetación, son excluidas de los derechos a recibir ayuda comunitaria. De modo que ya tenemos la tormenta perfecta, cuando hasta hace unos años los ayuntamientos buscaban ganado para mantener el territorio y aprovechar el pasto, ahora, los mismos se dedican a asignar los derechos de PAC cual si fuera el más preciado resorte de poder con el que cuentan.
Como muestra de esta situación, a lo largo de los últimos cuatro años, el 60% de los pastos en España han desaparecido a efectos de Pago Único de la PAC, que, como se ha dicho, es la principal fuente de ingresos para un ganadero extensivo de carne. Así, cuando veamos un pastor en el campo, lo primero que tendríamos que saber para conocer su situación es si tiene “PAC” o no, ya que este es un dato crucial para entender por qué algunos tienen todo terrenos y otros C15 o por qué unos tienen piso en la capital, e incluso, viven ahí, y otros, por el contrario, se ven obligados a vivir en caravanas, porque, la verdad es que en el mundo del pastoreo, como los demás, hay pastores aristócratas, con “derechos” y pueblo llano, con ganado y sin “derechos”.
A fin de controlar el desarrollo del matorral, los ayuntamientos reciben fondos para el desbroce o el repaso, lo que se lleva a cabo con maquinaria pesada. Dada la tendencia de la naturaleza a seguir su curso y el papel del matorral como fase previa a los procesos de bosquización, a los pocos años de eliminar el matorral, este, con insistencia y denuedo, vuelve a ocupar la parcela de manera tan densa o más que anteriormente.
Como, además, las autoridades comunitarias consideran que todo lo que no sea hierba verde y bien visible, no puede recibir “derechos de PAC” por las razones expuestas, los ayuntamientos se afanan en aumentar cada año el número de hectáreas desbrozadas para contener aquello a lo que la naturaleza no parece dar tregua. Se crean grandes oportunidades para las empresas desbrozadoras, dando lugar a una paradoja de gran contenido conceptual. Ya que, por un lado, hacen falta más pastos para recibir los consabidos “derechos” y esto genera conflictos entre los ganaderos asentados y los nuevos ganaderos que no disponen de “PAC”. Y, por otro, aquellas cabras y ovejas, que, precisamente fueron eliminadas de las áreas repobladas en los años sesenta y setenta, por su capacidad para comerse los brotes de los pinos recién plantados, son ahora sustituidas por grandes máquinas desbrozadoras que, como demuestran los hechos, son menos eficaces que ellas para eliminar el matorral.
Se cambia así a las cabras y ovejas por máquinas, la diferencia es que las primeras podrían dar beneficios económicos y sociales y las segundas, solo ocasionan gasto. Valga para comprobarlo la consulta del presupuesto de las Comunidades Autónomas destinado a desbroces mecánicos, que, a su vez, son cofinanciados por la UE dentro de su paquete de ayudas ambientales. Es decir, pagar los sueldos de los tractoristas, destrozar taludes y caminos, eliminar arbustos y pequeños árboles y gastar gasoil a tutiplén, es un servicio que con fondos públicos y en favor del Medio Ambiente, nos proporcionan las autoridades… ¡para que digan que el absurdo no es un género de plena actualidad en lo que al manejo de fondos públicos se refiere!
Si no fuera por el injustificable dispendio que esto supone, esto, es decir, el absurdo, podría quedar aquí. Si no fuera porque este sistema está haciendo desaparecer prácticas ganaderas de gran valor ecológico y económico, porque los grandes incendios progresan cada año causando enormes pérdidas, porque la desaparición del ganado supone una merma de la biodiversidad y de la resiliencia de los ecosistemas y los hace más frágiles… si no fuera por todo esto, tendría su gracia, pero no la tiene en absoluto.
Y más aún, si no fuera porque en este contexto, los jóvenes sin antecedentes familiares en el sector, los pastores de cabras y ovejas, las personas que provienen de otros ámbitos lo tienen prácticamente imposible para incorporarse y desarrollar su actividad en igualdad de condiciones que el resto.
Para acabar y para empezar, más nos valdría desterrar esas imágenes que tanto contenido gráfico llevan incorporado y empezar a establecer con rigor y datos, que los hay, el corolario de causas y consecuencias a fin de entender lo que sucede y poner en marcha medidas para cambiarlo.

Ramiro Palacios

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