sábado, 6 de octubre de 2012

UE: "O JUGAMOS CON LAS MISMAS CARTAS O SALIMOS DEL EURO"

La salida del Euro es una opción que cada día cuenta con mas apoyos

Una vez puestas de relieve, en entradas anteriores, las razones que impulsan a los países del norte de la Eurozona a mantener una política económica que está hundiendo en la miseria a los ubicados en el sur, es necesario analizar las causas por las que unos se encuentran en una situación privilegiada y otros en una de desvalimiento. Y para hacerlo, nada hay más palmario que lo que, desde hace ya bastante tiempo, viene ocurriendo en nuestra propia casa.
Siendo conscientes de que las diferencias que en esta piel de toro nos están determinando están fundamentadas en la disparidad estructural que la industria y el comercio desarrollan en las distintas partes de España, hemos de preguntarnos si son física o mentalmente disímiles los que nacieron en el Norte o en el Sur. Y si no lo son -y aquí no cabe argüir que estas supuestas disimilitudes están enraizadas en la cultura de la pandereta ya que si en otros sectores de la misma son menos dados a este tipo de folklore, su carencia no les ha permitido un mayor desarrollo. Aquéllos que emigraron hacía el Norte desde regiones en las que proliferaban el cereal o los olivos demostraron que eran tan aptos, trabajadores y eficientes como los que les acogieron y ofrecieron un trabajo-, ¿a quiénes tenemos que imputarle la concurrencia de esta supuestas diferencias? ¿No habrá que achacárselo a los intereses subjetivos de los que a través de la acumulación constituyen el sector capitalista? ¿No será que, en la defensa de sus intereses, aquellos “señoritos” (ante los cuales los obreros descubrían sus cabezas) transfirieron sus riquezas a ese Norte al objeto de perpetuar en “su” Sur unos salarios de alpargatas? Y si todo esto es cierto y aquéllos que detentaron el capital optaron por transvasarlo a otros lugares (tanto por una asumida propensión aristocrática que necesariamente se había de manifestar en una incompetencia para utilizarlo de una manera productiva, como para mantener sometido al sector laboral), ¿no es asimismo cierto que con estos trasvases, y los subsecuentes procesos migratorios, se generaron unas estructuras económicas que fueron el origen de las disparidades existentes entre las partes que conforman aquella piel de toro? Y si esto es así, ¿cómo es que los que se han enriquecido a través de la participación del resto de esa piel están creyendo que lo que han conseguido está constituyendo un ente que ha de ser en si mismo considerado como algo diferente? Es más, ¿cómo es posible que los mismos que con su trabajo participaron en la industrialización de ese Norte, en cierta forma nieguen la representatividad de unas raíces que fueron las que les llevaron a tener que emigrar de aquel Sur?¿No será que en la defensa de intereses locales se ha propiciado la emergencia de una casta política que apoyándose en estas componendas ha posibilitado un adoctrinamiento con el que justificar lo que nos han vendido como diferencias?
En España, los problemas a los que estamos asistiendo son en cierta forma similares a los que se están produciendo entre los países del norte de la Unión y los más meridionales. En España, la mayor parte de los empresarios no han sido más que distribuidores de productos y servicios. Exceptuando grandes empresas que por los beneficios fiscales que les concede este país tienen sus matrices en España y llevan a cabo la mayor parte de sus actividades en el exterior, lo que el resto está llevando a cabo podemos constatarlo si observamos lo que ocurre en los mal llamados polígonos industriales. Para entrar en una unión que se nos dijo era europea hemos tenido que desmantelar tanto el sector primario como una gran parte del secundario. Sólo nos han permitido mantener el terciario; es decir, el de los servicios. Con lo cual, aquellos productos con un mayor valor añadido no sólo tenemos que importarlos, tenemos que adquirirlos en el Norte.
Incentivado por la mayor resolución emprendedora de los empresarios más septentrionales, al igual que en España, ha tenido lugar un desplazamiento hacia esa zona, tanto de capitales como de mano de obra. Y ahora, a esas zonas de Europa que han sido expoliadas en función del comportamiento criminal, tanto de sus clases pudientes como de los políticos que nos han desgobernado, las denominan, los del Norte, PIGS. Una connotación que pronunciada por alguien que procedía de otra comunidad que históricamente tenía que considerarla como su mayor (y que en cierta forma se encontraba deprimida por el paro), en el fondo está relacionada con aquello de que los habitantes de otras regiones menos desarrolladas se hallaban en la misma situación porque se pasaban todo el día en el bar.
Sin profundizar en las causas que nos han llevado a este estado, un obrero alemán, un finlandés o un sueco, justifican las medidas que están llevando a cabo sus gobiernos en función de un adoctrinamiento que, si a corto plazo está fundamentado en el interés, a largo plazo genera una concienciación de clase a la que le debemos millones de muertos. Es aquello de que, tanto moral como éticamente, todos somos iguales, si bien es cierto que en la práctica muchos son más iguales que otros.
Ante esta realidad, ¿es comprensible que nos empecinemos en compartir un espacio común en el que la identidad, la producción y la distribución, brillando por su ausencia, son totalmente incompatibles con ese compartir al que nos aferramos? Y si esto no es compatible, ¿de qué manera podemos superarlo? Porque si es indubitable que la unión hace la fuerza, ¿no sería lo mejor deshacernos de estos fundamentalistas que no ven más allá de la distancia que les separa de sus platos?

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