domingo, 14 de octubre de 2012

El Nobel de la paz y el humor negro de los noruegos



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  • marancibia
chiste-nobel-baudayMercedes Arancibia
Después de un atracón de autobombo, por la parte que nos toca, sobre la atribución del Nobel de la Paz (humor negro, por otra parte practicado con frecuencia por el jurado noruego) a la Unión Europea –pregunta pertinente: ¿a la entelequia UE propiamente dicha? ¿a sus instituciones? ¿a sus representantes políticos? ¿a sus pueblos dolientes, descontentos, arrasados por una crisis generada por bancos y mercados que los políticos han ignorado hasta que ya no era posible seguir disimulando? ¿a sus ciudadanos reducidos a la miseria, condenados a renunciar a todo y empujados, en muchos casos ya, al suicidio?-, y mientras “nuestros representantes democráticos” se entretienen las próximas semanas decidiendo quien se tiene que encargar el frac (y digo frac porque seguro que es hombre) para acudir a recoger el cheque en diciembre, en el Ayuntamiento de Oslo, ha llegado la hora de enfrentarse a la verdad.
La Unión Europea, que es un caos burocrático y una madrastra desalmada, no se merece ni el Nobel de la Paz ni nada. Un premio para la UE no puede ser más que una constatación de lo mal que va todo en el mundo que nos ha tocado en suerte (blanco, occidental, ensimismado) y de lo erráticas que son las decisiones de ese jurado noruego que ya ha distinguido a personajes tan poco de fiar como Henry Kissinger (Secretario de Estado EEUU durante la guerra de Vietnam), el Dalai Lama (que de no vivir en el exilio sería un estupendo señor feudal, con sus siervos y sus vasallajes), el egipcio Sadat y el israelí Beguin (firmantes de una paz después de destrozar dos países en una guerra cruel), las Fuerzas de Paz de la ONU (que son unos soldados que llevan un casco azul y, cuando les dejan las manos libres, a veces cometen exacciones y violaciones en los países que están protegiendo de sus propios demonios, o de los demonios vecinos) y Barack Obama (al que se lo dieron antes de que evidenciara su impotencia para abandonar Irak y Afganistán en paz), por citar solo unos cuantos muy notorios, porque 112 años de premio han dado para mucho.
Como ya hemos escuchado suficientes felicitaciones, enhorabuenas, y nos hemos subido a suficientes carros, ha llegado el momento de decir por qué no; por qué la UE no se merece ningún premio, por qué muchos de sus ciudadanos lo perciben incluso como una burla que llega del exuberante (copioso, opíparo) norte del norte, por qué un continente (dejémoslo en medio) donde los gobernantes de los países se ignoran, envidian o putean, según los casos; donde los mediocres políticos de derecha y de izquierda se acusan sin tregua, se envidian y desprecian, según los casos; donde se retroalimentan unos a otros, siempre al acecho de declaraciones para responder y justificar el sueldo, y donde la solidaridad no es más que una palabra con la que se llenan la boca desde las instituciones, más bien de derechas, no merece ninguna recompensa, y mucho menos un premio de la paz. Me lo expliquen: ¿de qué paz estamos hablando? Porque yo no conozco a nadie que no se sienta humillado por los últimos años de política comunitaria, que no odie a unos cuantos “pacificadores”, que no sienta deseos de venganza cuando aparecen en la pantalla de su salón.
No soy objetiva, creo que es un premio no solo inmerecido sino al límite del ridículo y busco opiniones que me reafirme en mis certezas (de las otras ya he escuchado bastantes). Y las busco en un país cercano, Francia, al que las cosas todavía le van pasablemente bien.
“Desde la revolución industrial, todo el proyecto intelectual y político europeo – dice Gilles Ravenaud, profesor conferenciante de Economía en el Instituto de Estudios Europeos, en la página del digital Mediapart- ha consistido en hacer compatibles capitalismo y democracia… mediante la creación de instituciones tales como lo sindicatos, la seguridad social, las leyes y reglas colectivas que el capitalismo soportable, e incluso provechoso…Ese es el proyecto que la UE intenta demoler metódicamente, con su obsesión por la competencia libre y su ausencia total de referencia a los derechos sociales y la felicidad de la europeos… Esa es la contribución de la UE a la democracia en los estados europeos… Y luego, evidentemente, está la guerra de Bosnia-Herzegovina. Es por lo menos osado atribuir el Premio Nobel de la paz a una institución que ha dejado que se perpetrara en su suelo”.
En Politis, Claude-Marie Vaudrot, un veterano del periodismo que en sus más de cincuenta años en la profesión ha escrito en publicaciones de derecha, de izquierda e incluso de extrema izquierda, empieza diciendo que hay días que el periodista se pregunta si el mundo no está cabeza abajo y qué ha podido impulsar a los jurados del Nobel a ponerse en ridículo “al tiempo que insultan a las decenas de millones de europeos que no tienen trabajo, o a los rumanos perseguidos de un país a otro…Tiemblo –termina su argumentación- ante la idea de las batallas homéricas que van a librar ahora políticos y jerarcas para conseguir figurar en la foto noruega”.
A nadie se le había escapado –escribe Vicent Giret en Libération, periódico considerado de izquierda en Francia – “que los jurados del premio Nobel practican de buena gana una ironía del “destiempo”, una curiosa relación con el mundo…pero hace falta un descaro colosal para conceder el Nobel de la Paz a la Unión Europea…confrontada a una crisis que la sobrepasa y alimentada por tensiones centrífugas desiguales” que parecen llevarla al declive…Los jurados han premiado a un gran enfermo, minado por la depresión y la austeridad, por la austeridad y la parálisis de sus órganos vitales”.
Algunas voces aseguran que los elogios llegados junto con el premio, desde Oslo, suenan como el epitafio que muchos esperan; otras hablan de cinismo o de fascinación por la decadencia. La de Martin Schulz, el socialista presidente del Parlamento Europeo llega envuelta en aires apocalípticos desde Viena: “ No podemos vivir en una unión donde en un país la gente es muy rica y en otro hasta los profesores universitarios tienen que buscar en la basura para encontrar algo que comer”.
Según Pierre Haski, fundador y director de Rue 89 (hoy en manos del grupo Le Nouvel Observateur), el premio – desconcertante- llega justo en el momento en la UE duda más que nunca de su modelo, o al menos de su capacidad para salvarlo y reinventarlo: “La UE ha conseguido perfectamente el objetivo número uno de sus padres fundadores, hacer imposible la guerra entre sus miembros…, pero hasta ahora ha fracasado en su ambición, nunca claramente expresada, de transformarse en una potencia que cuente en la cacofonía del “concierto de naciones”. A los ojos de sus ciudadanos, se ha transformado en una monstruosidad burocrática ilegible desde el punto de vista democrático...”.
Jean-Luc Mélenchon, fundador y presidente del Parti de Gauche, eurodiputado y excandidato a la presidencia francesa, dice que habría que dar el “premio del humor negro” al comité que ha decidido premiar a una Unión “que ha garantizado la paz a los mercados financieros, los especuladores y los beneficios bancarios…igual podrían haberle dado el Nobel de Literatura por la calidad literaria de sus tratados”. “¿Qué hace la UE para ayudar a Chipre, frente a la ocupación ilegal del norte de la isla por Turquía?, añade Pierre Laurent, secretario nacional del Partido Comunista francés, experiodista director de L’Humanité. “ ¿La Agencia europea para la gestión y la cooperación en las fonteras exteriores (frontex) y los muros de la Europa fortaleza respetan los derechos humanos?...la competencia, la austeridad y las confiscaciones de soberanía –que hoy pone de manifiesto el tratado presupuestario- conducen a nuevas divisiones de los pueblos, a su empobrecimiento y desesperación”.
“Broma del mal gusto” (Yohann Duval, quien se define como militante republicano en los blogs deNouvel Observateur) ; “el premio corre el peligro de reforzar a Bruselas en su opciones de austeridad y confiscación de la soberanía, cuando lo que Europa necesita más es una refundación para volver a encontrar el espíritu de paz y solidaridad…Algunos premios permanecen en la historia y otros caen en el olvido; ese será sin duda el caso del premio de 2012” (Xavier Häpe, consejero en comunicación canadiense)…
Me paro aquí. No olvidemos que los noruegos, ciudadanos del país escandinavo donde reside el Comité del Premio Nobel de la Paz, se han negado en dos ocasiones, mediante sendos referendos en 1972 y 1994, a ingresar en la UE. Situada en cabeza del índice de desarrollo humano establecido por la ONU, Noruega ha prosperado fuera de la Unión Europea. Más de tres noruegos de cada cuatro siguen diciendo No a la entrada en la UE, según los últimos sondeos (Fuente: France 24, canal internacional de información continua).

1 comentario:

  1. Me imagino que dedicas mucho tiempo para producir tu pagina que
    es muy informativa. Felicidades, el trabajo siempre se recompenza.

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