jueves, 15 de noviembre de 2012

EL CÓMPLICE SILENCIO EN LA TRAGEDIA DEL MADRID-ARENA

Avalancha que originó las cuatro víctimas mortales en el Madrid-Arena

El secretismo se hace seña de identidad cuando una tragedia se cobra víctimas, como sucede siempre en Italia con la mafia. Nadie sabe, nadie habla, todos callan y guardan el silencio cómplice de los corderos. Pero los que hemos organizado eventos y conciertos sí que sabemos con total seguridad que hay muchas personas que conocen a ciencia cierta lo que allí ocurrió. Lo que sucedió antes y después de la estúpida masacre que se ha llevado por delante a cuatro jóvenes mujeres. Muchos son los que están al cabo de la calle de esos detalles que resultan fundamentales a la hora de valorar una tragedia como la de Madrid Arena, que tan de cerca ha tocado a la compañera de mi vida. Yo les acuso si siguen callando.
De los responsables auténticos, dejando de lado asquerosas cortinas de humo del tal Sostres o de la Botella y del Fiscal General, que me parecen tan deleznables como torticeras, lo sabemos casi todo. Desde el empresario Miguel Ángel Flores, con más de cincuenta expedientes por irregularidades en Space y Macumba, discotecas que regenta, a la larga lista de políticos del PP que han hecho la vista gorda ante los tejemanejes de este fulano, como Antonio de Guindos, concejal de Seguridad del Ayuntamiento, hermano del Ministro de Economía, Pedro Calvo, presidente de la empresa pública Madrid Espacios y Congresos, propietaria del Madrid Arena, el vicealcalde Miguel Ángel Villanueva, que mintió al desmentir su amistad con el empresario, o Emilio Monteagudo, inspector jefe de la Policía Municipal de Madrid, por no hablar de los responsables locales de Protección Civil. Todos, con la alcaldesa a la cabeza, se lavarán las manos, todos se irán de rositas, ninguno guardará en su alma el menor atisbo de dolor ni vergüenza ni traza alguna de reconocimiento de su responsabilidad. Pero no olvidarán, eso seguro, la misa matinal del domingo.
No era de ellos de quien quería escribir hoy, sino de los otros. De los ciudadanos de a pie que tanta información manejan y tanto callan. De los que estaban en taquilla y saben con exactitud meridiana cuántas entradas se vendieron y guardan ominoso silencio. De los que sumaron uno a uno cada moneda y cada billete y, manejando los datos exactos de los más de 630.000 euros que Flores habrá ingresado de esta sangrienta operación, los esconden a la opinión pública. De los que saben que los ingresos de esta fiesta debían haber sido inferiores a los 260.000 euros sobre el papel y no lo dicen. De las secretarias que guardarán el secreto de qué autoridades estaban en el ajo. De los de seguridad que recibieron las órdenes de no tener las puertas de emergencia operativas pero no lo manifiestan. De los camareros, los del guardarropas, las enfermeras, los médicos, los de los servicios, las de la limpieza, los disc-jockeys que gritaban “ya somos 15.000” para animar aún más aquel cotarro…
De todos los que, guardando cobarde silencio, se constituirán en cómplices necesarios de esta tragedia y participarán en el lavado de cara de los autores y beneficiarios materiales de esta desvergüenza. A ellos me quiero dirigir para intentar que comprendan qué necesario es su testimonio público y cuánto precisa la sociedad de su valor y firmeza, de su solidaridad con los que han sufrido en la carne muerta de sus familiares y amigos las consecuencias de una tragedia debida, una vez más, a la implacable ambición de unos pocos y al infame colegueo de los poderosos con sus políticos de jardín. La ignominia de esta tragedia radica en la ‘omertá’ que ampara a todos sus responsables. Si vosotros no hacéis la luz, solo nos quedará humillar un poco más la cabeza. Todavía os esperamos.
Crónica Popular

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