viernes, 9 de noviembre de 2012

¿ES VIABLE LA ACTUAL EUROPA PARA LA IZQUIERDA?

Europa se desmorona a causa de las políticas de austeridad

 La izquierda, dicho así genéricamente, ha mantenido una posición con respecto a la integración europea que se puede caracterizar por una falta de proyecto propio desde el inicio, y por haberse dejado arrastrar a una construcción perversa desde el punto de vista de los intereses y del modelo de sociedad que debía defender. En el caso de nuestro país esto es sobradamente evidente. Ni una vez estallada la crisis y puesto en peligro todo el andamiaje del Estado de Bienestar alcanzado se han presentado alternativas solventes. Cabría resumir que la izquierda no ha propuesto otro proyecto que defender una “salida progresista a la crisis”, sin conexión con la cruda realidad por la que el PSOE tuvo que renunciar en mayo de 2010, sin duda sin quererlo, a la orientación de su política.
No hay que detenerse en resaltar las contradicciones y secuelas de la política de ajuste. Saltan a la vista, son evidentes y completamente inútiles para resolver los problemas pendientes.
Pero la izquierda, aún rechazando y oponiéndose con determinación a todas las medidas regresivas, de tanta gravedad y repercusión social, no se ha librado de la contradicción de no condenar el marco institucional -la unión monetaria y sus carencias- que las hace posibles y necesarias. Ha vivido en el mundo de los justos, denunciando las políticas de derechas pero sin comprometerse a atacar el fondo de la cuestión, que no es otro que poner en tela de juicio la Europa construida.
A lo sumo, para enmascarar la incoherencia de su posición, no ha dejado de reclamar cambios en la UE en el sentido de corregir sus insuficiencias y de postular una profundización social y política de la unión económica y monetaria, pero todas las propuestas están inmaduras en su elaboración y son chocantes en la situación real de Europa. La mirada solidaria e internacionalista de la izquierda no puede confundirse con apoyar una construcción de Europa que, desde sus inicios y sobre todo a partir de la implantación del euro, ha estado dominada por los intereses de la burguesía y la ideología neoliberal. No es posible transformar la naturaleza de lo construido si no es por un cambio radical, revolucionario si se quiere, que no es posible globalmente con la relación de fuerzas existente entre las clases y la dispersión política de Europa en tantos sentidos.
Mientras, la realidad aprieta cada vez más. En el caso español llegó el momento del “rescate”, un hecho que cambia cualitativamente las relaciones con la UE y que deja a la izquierda sin coartada para seguir respaldando la Europa de Maastricht y denunciando sus secuelas.
Hay que admitir que todas las entregas de soberanía consumadas para cumplir con Europa eran cesiones realizadas desde la propia soberanía de cada Estado. Pero, al solicitar nuestro país ser rescatado por la UE, significa que renuncia a su soberanía y se somete a los dictados de las instituciones europeas. Por eso la discusión, y el desenlace que ha tenido, sobre si la UE ofertaba ayuda o era el gobierno español el que debía pasar por el trance humillante de pedir el rescate. Al final, el ministro de Economía, De Guindos, tuvo que escribir: “Tengo el honor de dirigirme a Usted, en nombre del Gobierno de España, para solicitar formalmente asistencia financiera para la recapitalización de las entidades financieras españolas que así lo requieran”. Desde ese momento, nuestro país está sometido, rescatado, intervenido, tutelado, cautivo…., como queramos llamar a una situación insólita, degradante en extremo, que resalta el fiasco de una política y el fracaso de un gobierno, y que marca otro hito en la historia de nuestro país.

Ya no se puede mirar para otro lado

No se puede ocultar la gravedad de lo ocurrido, al margen de que el primer acto del rescate se dirija a salvar el sistema financiero. Cuando en los momentos de alta tensión, como en mayo de 2010 o agosto de 2011, el presidente Rodríguez Zapatero decía que estábamos al borde del abismo, se refería a los riesgos de tener que ser rescatados. El gobierno del PSOE, frente al cúmulo de desastres de su gestión, oponía el triunfo de haber evitado el rescate del país. Y lo que más temía el nuevo gobierno del PP era tener que ser rescatado, y de ahí la voluntad de impedirlo, aplicando una política de extrema crudeza adelantándose incluso a los deseos de los poderes económicos europeos, y de intentar manipular a la opinión pública convirtiendo un rotundo fracaso en una exitosa misión. Nuestro país ya no es soberano y toda la degradación de la democracia que han implicado las continuas cesiones de soberanía a las instancias europeas y el sometimiento a los mercados ha cobrado un nuevo significado con la petición condicionada de ayuda a esas instituciones. Se trata de un primer acto de este drama colectivo, pero vendrán los siguientes si la izquierda no logra evitarlos.
La ruptura democrática debe recuperar la soberanía económica
La sociedad española está ya al albur de lo que se decida en Europa. Y no cabe que la izquierda se engañe. Grecia y Portugal están a la vista, y se tiene ya acumulada suficiente experiencia sobre las políticas ultrareaccionarias que imponen los poderes económicos, cuyas secuelas son desoladoras socialmente e inútiles económicamente. La nueva situación obliga a cambiar la naturaleza del debate en la izquierda sobre las relaciones con Europa.
Ya no cabe, como se ha hecho hasta ahora con bastante ingenuidad, apostar por seguir en el euro y al mismo tiempo pretender el rechazo de las medidas regresivas de todo orden impuestas por el gobierno, porque este es ya una marioneta, actúa ahora sólo como delegado de las instancias europeas, como simple ejecutor de lo que se disponga en Bruselas o Berlín. Ahora las opciones son distintas: someterse resignadamente a lo que dispongan los poderes económicos europeos o declararse en rebeldía, rechazar los falsos rescates, no aceptar la intervención y romper con la unión monetaria cualesquiera que sean las consecuencias.
Se acabó una etapa para la izquierda. Se acabó huir de la realidad y proponer salidas progresistas a la crisis mientras el país se hunde con los ajustes y los recortes económicos. Se acabó poder mirar para otro lado mientras se destrozan los derechos sociales y la barbarie se implanta como la normalidad. Se acabó denunciar, sin ir al fondo de las causas, la ruina a la que se arrastra al país y el sufrimiento sin esperanza al que se somete a nuestra sociedad.
El proceso constituyente que tenemos que impulsar y conquistar no puede asentarse sobre una realidad ficticia, sino que debe admitir la crudeza de la situación y reconocer la imposibilidad, por ausencia de correlación de fuerzas, de que en el contexto de la unión monetaria los problemas económicos sociales y económicos de nuestro país tengan solución. La ruptura democrática que se intenta promover tiene como exigencia ineludible conquistar la soberanía económica, ninguno de cuyos instrumentos y resortes está en manos del pueblo soberano.
Plumaroja

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