domingo, 19 de agosto de 2012

Pussy Riot: camino del Gulag arropadas por la solidaridad internacional


RU-Pussy-Riot-juicio
Al Gulag por una canción, titula a toda página el diario francés Libération en su portada del 18 de agosto de 2012. Se refiere, evidentemente, a la condena de dos años en un campo penitenciario que les ha caído encima a las tres chicas del grupo musical punk Pussy Riot por rogar, cantando, que la Virgen María hiciera el milagro de “echar a Putin” del poder.
Gulag, titula simplemente su editorial François Sergent, quien recuerda a Pasolini mencionando hasta que punto la mirada de la víctima retrata al verdugo; y de verdugos y censuras Pasolini sabía un rato. “A pesar de la gravedad de la condena a dos años de gulag por una canción –escribe -, las tres jóvenes sonrientes continúan desafiando a Vladimir Putin, el hombre de los ojos fríos y la sonrisa escasa”, y rememora una de las primeras declaraciones de la líder del grupo,Nadejda Tolokonnikova, durante el juicio: “No hay tribunal, es una ilusion”.
Las han condenado, pero el poder ha perdido al batalla mediática y estética”, asegura en el digital Rue 89 Joël Bastenaire, exagregado cultural en la embajada francesa de Moscú, y después en Georgia, productor musical y especialista del punk ruso, quien define a las tres jóvenes como “ideólogas”: “En el grupo ha habido hasta nueve personas. Ellas son las que piensan, las que escriben los textos. Están relacionadas con todo el mundillo del arte contemporáneo ruso. Especialmente Nadejda, se la ve en todas partes, es la compañera de Peotr Versilov, uno de los fundadores del grupo Voina, que en ruso quiere decir “guerra”; se trata de un grupo que lleva a cabo acciones, que organiza performances contra el Estado policial. Han tenido problemas con la Iglesia, y luego con la policía, a partir del año 2007, cuando hicieron una exposición muy sonada en Moscú que se llamaba “Atención, religión”.
El caso de las Pussy Riot no ha representado ninguna novedad en Rusia; puede incluso decirse que existe una tradición de protestar a través del arte. Entre 1983 y 1990 aparecieron artistas de todo tipo, haciendo cosas análogas: personas no especialmente dotadas para la música pero que la utilizaban para manifestar su oposición, que hacían lo que se llamaba “anti-musica” y era sobre todo ideología. “Las Pussy Riot proceden de una actividad extremista, hasta ahora mal vista socialmente –continúa Bastenaire-. Se dieron a conocer con un happening en la Plaza Roja, en el invierno de 2011, que dispersó la policía. Y ahí quedó todo. Luego cantaron una canción delante de la cárcel principal de Moscú y a partir de entonces se convirtieron en un apoyo para la oposición que se manifiesta los días 31 de cada mes en las calles de Moscú”.
Ahora ya no están mal vistas, ahora se han convertido en víctimas del régimen al que denunciaban. Ahora les apoyan también los disidentes y la intelectualidad más “seria”. Los viejos rockeros de los años 80 se han unido para la operación “El album blanco”, en el que 170 grupos dedican cerca de 200 temas a las Pussy Riot. Ahora los intelectuales europeos firman peticiones contra Putin pidiendo la libertad de las chicas.
En París, en la explanada del Centro Pompidou, a las pocas horas de conocerse la sentencia, cientos de personas acudieron el viernes 17 de agosto de 2012 a una concentración solidaria. También estaban las asociaciones de defensa de los derechos humanos, como Amnistía Internacional (AI), la Federación Anarquista, el Nuevo Partido Anticapitalista y los jóvenes ecologistas. Una decena de mujeres llevaban pasamontañas como los que se pusieron lasPussy Riot el pasado 21 de febrero, en la Catedral del Cristo Salvador de Moscú, para pedir el milagro de la desaparición de Putin. "Nunca seremos demasiados para defender la libertad de expresión”, dijo Stepan Oberreit, director de la sección francesa de AI al canal internacional de información continua France 24.
En las últimas semanas les habían llovido encima las muestras de solidaridad de figuras consagradas de la música: de Madonna a Yoko Ono, de Sting a los Sex Pistols… de políticas, como la ministra francesa de Cultura, Aurelie Filippetti. Ahora, camino del gulag, a las Pussy Riotles llega el apoyo de las muchas voces demócratas que se han alzado, indignadas, de Bruselas a Washington, desde Obama a la señora Merkel, para quien la condena es “desmesurada” y no está “en armonía con los valores europeos de Estado de derecho y democracia, que Rusia está obligada a respetar en tanto que miembro del Consejo de Europa”.
Mercedes Arancibia 
 

1 comentario:

  1. riverajaro@hotmail.es10 de octubre de 2012, 10:49

    El poder siempre aplasta a aquellos que les resultan molestos, como si fueras moscas molestas. Fue casi siempre así, lo sigue siendo y lo seguirá siendo en el futuro. Claro que los molestos tampoco vamos a dejar de ser molestos nunca, y cuando no estemos nosotros, vendrán otros a ocupar nuestros lugares.

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