miércoles, 16 de noviembre de 2011

Los toros en España: desmontando mitos


Marcel Félix de San Andrés || Puertollano.
Periodista.
Con una asistencia media que ronda los 3.000 espectadores por festejo, salvo el poder de convocatoria de José Tomás, los ingresos por taquilla de una corrida de toros no dan para atender los gastos. Los apenas 120.000 € de recaudación en una buena tarde cubren con dificultades el precio de las reses y a menudo ni siquiera llegan para el cache de los primeros espadas. El saldo negativo supera los 30.000 € por festejo, solo la televisión y los ayuntamientos mantienen una fiesta cuyas cifras no cuadran…
Malos tiempos para la lírica, gloriosa y mítica canción de Golpes Bajos que ilustra a la perfección la realidad actual de los toros. Prohibidos en Cataluña merced al triunfo de la ILP promovida por grupos antitaurinos, en el resto de España las cosas no les van mucho mejor debido a la crisis. Sin embargo, en términos relativos sus festejos son los que más espectadores atraen. Y, por tanto, mayor recaudación.
La recaudación es casi mil veces superior a la del cine
Los datos, quizás sorprendentes dado el ambiente antitaurino general que parece dominar actualmente en nuestro país, proceden de la Sociedad General de Autores de España (SGAE), que los ha publicado en el resumen correspondiente a asistencia a espectáculos públicos. Así, los toros se convierten en el primer acontecimiento cultural al ingresar en taquilla una media de 132.024 euros por corridas y novilladas con y sin picadores. Lo que significa que esta recaudación es casi mil veces superior a la del cine y 43 veces a la del teatro, teniendo en cuenta la cifra de espectadores que asiste a cada función.
Así, en los 3.295 festejos taurinos celebrados en España durante 2009 hubo una asistencia de 10.461.000 espectadores, con un promedio de 3.175 por festejo. Y ello a pesar de unos precios de las entradas muy superiores al resto de eventos culturales. En el caso de los toros, el importe medio de una entrada ascendió a 41,58 €, mientras que los precios del cine y el teatro fueron 6,13 € y 12,86 €, respectivamente.
En términos absolutos, los festejos taurinos ingresan anualmente en taquilla 435 millones de euros, por lo que representan el segundo acontecimiento cultural en España en términos de recaudación, sólo superados por el cine que ingresó 678,3 millones de euros, siempre según el Anuario SGAE 2010.
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Concentración antitaurina frente a la plaza de toros de Puertollano. ©París Félix.
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Dudosa rentabilidad económica
Una primera impresión sobre los anteriores datos podría ofrecer una imagen engañosa sobre la rentabilidad de los festejos taurinos. Las cifras no cuadran y en ello tiene que mucho que ver el caché de los toreros, cuyos contratos son uno de los secretos mejor guardados. Este año, según fuentes del sector, José Tomás ha llegado a cobrar 200.000 euros en plazas de segunda y 400.000 en plazas de primera. El Juli, según las mismas fuentes, no torea en Sevilla o Madrid por menos de 150.000 euros. El siguiente es Enrique Ponce, que por tarde cobra 120.000 euros. Entre los «caros» están Fran Rivera, cuyo caché oscila entre 21.000 y 90.000 euros, Jesulín que cobra 36.000 euros, Finito de Córdoba que cobra 24.000 euros por tarde y Cayetano Rivera Ordóñez que anda en cotizaciones similares.
El precio del ganado, aunque oscila mucho, representa el otro coste importante del festejo. Desde los casi 170.000 euros que pagan en San Isidro hasta los 4.800 que cuesta una corrida de una vacada sin prestigio para una plaza de pueblo, hay una amplia gama intermedia. Las corridas de figuras suelen situarse en los 72.000 euros, aproximadamente. Los añojos, novillos de un año, se venden en 900 euros cada uno; los erales, de dos años, en 1.200; mientras que una novillada completa de utreros para festejos picados oscila entre 900 y 24.000 euros, en los casos de ganaderías muy solicitadas.
Pagadas con los impuestos.
Una corrida tipo en plaza de segunda exige una inversión cercana a los 150.000 € para atender el precio de las reses y el cache de los espadas. No se incluyen los costes propios de la plaza de toros: areneros, mulilleros y otro personal. Si la tarde es buena se podrán recaudar 100.000 euros. ¿De dónde sale el resto? De las arcas municipales o de las televisiones autonómicas. La cuestión es hasta cuándo se podrá seguir así. Todo indica que no por mucho tiempo.
Origen del toro de lidia y evolución de las ganaderías
toros00_torosNovillos pastando en la dehesa. ©Félix Paris.
El toro de lidia es una creación reciente, fruto de la cuidadosa labor llevada a cabo por ganaderos a lo largo de la historia. El proceso a través del cual se ha ido configurando la empresa ganadera, tal y como la conocemos hoy, ha pasado por diversas etapas: una primera etapa, de proveedores ocasionales de toros para festejos taurinos —desde el siglo XV—, al margen de los circuitos comerciales, que está relacionada con los privilegios que disfrutaban ciertos estamentos e instituciones, y que da lugar a la cría de toros en los lugares próximos a las localidades donde se celebraban los festejos; y una segunda etapa, de vinculación de la ganadería de lidia a las explotaciones agrarias —a partir de finales del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII—, que coincide en el tiempo con la institucionalización de las temporadas taurinas y con el levantamiento de plazas de toros, lo que aumenta la demanda y el precio de estos —que se multiplicó por cinco entre 1730 y 1800—, contribuyendo a que la cría de toros se convirtiera en una actividad rentable para los propietarios de ganadería vacuna.
El desarrollo del transporte de los toros en cajones por ferrocarril fue clave para configurar un mercado nacional del toro de lidia, pues posibilitó la mayor especialización geográfica de la cría de toros de lidia, que tiende a concentrarse en un reducido número de provincias, solamente once, y cerca de las dos terceras partes se localizaban en sólo tres provincias: Sevilla, Salamanca y Madrid. Así, la profesionalización de la cría de toros de lidia coincide en el tiempo con la aparición de una nueva clase de ganaderos, vinculada a la burguesía rural, que comienza a entender la cría de toros como un negocio para aumentar sus beneficios, pero ninguno lo hizo como gran propietario de tierras, lo que hace pensar que utilizaban las tierras comunales perfeccionando las técnicas de selección de animales reproductores y comenzando a diferenciar entre ganadería brava y mansa.
El último paso del proceso de profesionalización de ganaderos de toros de lidia fue la creación de una asociación patronal que defendiera sus intereses; esto tiene lugar en el año 1905 con la fundación de la U.C.T.L.
La importancia de la PAC en la producción del ganado de lidia
La explotación del ganado de lidia ha sufrido cambios sustanciales en las últimas décadas, evolucionando desde los sistemas de explotación tradicionales, heredados de padres a hijos, hacia los sistemas de producción que se benefician de las técnicas más modernas. La paradoja del cambio es que este tipo de ganaderías suelen ser, con cierta frecuencia, económicamente deficitarias cuando se consideran la totalidad de sus costes económicos reales, en especial el coste de oportunidad de los capitales invertidos y la retribución de la mano de obra propia. Entre los factores de producción destacan el ganado de lidia propiamente dicho, así como la tierra y sus recursos naturales; esta última de importancia relevante, pues la ganadería de lidia precisa de gran superficie per cápita, entre 1 y 6 hectáreas por animal.
Dentro del capítulo de los costes, habría que distinguir entre los relativos al capital fijo y los del capital circulante. Del conjunto de todos ellos, distintos especialistas destacan la excesiva influencia de los costes de oportunidad del capital invertido, que se debe, fundamentalmente, al gran valor que en la actualidad tiene el entorno medioambiental en el que se cría y se desarrolla la raza de lidia. La otra cara del análisis de rentabilidad son los ingresos; el ingreso principal procede de la venta de animales de lidia, del orden de la mitad, y de las subvenciones de la Política Agrícola Común (PAC), ya que la venta de animales de desecho sólo supone ingresos marginales.
Si se establece la diferencia entre los ingresos brutos y los costes totales de la producción, se puede decir que la rentabilidad económica de la ganadería de lidia, en principio, sería negativa; o, en el mejor de los casos, nula si se incluyen las subvenciones que recibe este tipo de producción, aunque en muchos casos el hecho de no considerar como tales los costes de gerencia y los costes de oportunidad del capital invertido, podría dar lugar a una ficticia rentabilidad contable de la explotación.
El ganado de lidia no dispone de ningún sistema de apoyo específico dentro de la PAC, pero, como es natural, está incluido en las disposiciones de la OMC vigentes para la carne de vacuno. Desde la década de los noventa, la política de apoyo a la agricultura ha ido evolucionando desde un sistema basado en la intervención (vía precios y protección del exterior) hacia otro de ayudas directas (bien por hectárea de cultivo o bien por cabeza de ganado). En este sentido, la regulación actualmente vigente nace con la Agenda 2000, que se basó en la reducción de los precios de mercado, compensando parcialmente a los productores con sustanciales incrementos de las primas por medio de los siguientes instrumentos: prima por vaca nodriza, prima especial por bovino macho, prima al sacrificio de bovinos y un pago por extensificación de 100 euros por cabeza.
En definitiva, existía un complejo sistema de primas del que, en su mayoría, se han beneficiado las explotaciones de vacuno de lidia por su carácter de sistemas extensivos de producción y en ciclo cerrado, y que, en su conjunto, han supuesto una parte significativa de los ingresos percibidos por dichas explotaciones: de un orden del 40%, en media, según los cálculos del propio sector.
La reforma de la PAC en el año 2003 aprobó la introducción del pago único, totalmente desconectado de la producción, y que sustituyó a la mayoría de los pagos directos concedidos anteriormente. Este pago único quedaba vinculado, exclusivamente, a que los ganaderos mantuvieran en buenas condiciones la superficie que deben poseer para percibir dichos pagos: la denominada «condicionalidad». Así, una explotación de ganado de lidia seguía beneficiándose de las primas a las vacas nodrizas en las mismas condiciones, y al sacrificio de animales en una cuantía próxima al 40% de los niveles anteriores, pasando el resto a un pago único, para el que no era necesario mantener animales, sino tan solo una superficie equivalente al número de hectáreas declaradas en su momento: número de derechos; además, se podían transmitir esos derechos, e incluso, si se disponía de la superficie necesaria para hacerlos efectivos, adquirir más derechos de pago en el mercado libre.
toros00_peligroLa cría del toro de lidia es peligrosa… sobre todo para el bolsillo. ©Félix Paris.
Las nuevas ganaderías: el territorio de los nuevos ricos
¿Por qué si la actividad no es rentable aparecen cada día nuevos ganaderos en España? Una explicación de este fenómeno ajeno a lo económico podría ser que la condición de ganadero de lidia ha gozado de un prestigio y de un estatus social que lo hacen atractivo para los nuevos ricos, al darles acceso a los círculos sociales de la aristocracia y de las altas finanzas, lo que, a su vez, les permite invertir en otros sectores y diversificar. Esta puede ser la causa fundamental del aumento de las explotaciones de ganado de lidia en España.
La inversión en una ganadería brava es importante. Los pilares básicos que sostienen una ganadería son el hierro distintivo, la mano de obra especializada, las reses y la finca. Dependiendo siempre de las zonas de España y de la propia condición de la dehesa —en Madrid o en Extremadura, de regadío o secano, de vega o sierra, cálidas o frías, con agua o sin ella—, el precio medio de hectárea apta para ganado de lidia ronda los 6.000 euros, y cada vaca necesita un par de hectáreas.
Más cómodo es comprar o arrendar una finca con sus instalaciones preparadas para el ganado bravo. Una finca ganadera tendrá, además del cortijo y de la casa del mayoral, una plaza de tientas, corrales, caballerizas, cercados, comederos y pozos de agua. Una finca así no es fácil comprarla por menos de 3 millones de euros, dependiendo siempre de su extensión y localización. Luego, evidentemente, habrá que llenarla de ganado y atender los gastos de su cuidado.
Las asociaciones ganaderas: pagar para entrar
Si después de los datos anteriores se persiste en el empeño, el nuevo ganadero deberá asociarse a cualquiera de las cuatro asociaciones ganaderas existentes en nuestro país, todas con los mismos derechos para lidiar ganado bravo en cualquier plaza de toros, aunque no todas son iguales en importancia y tradición. En tres de ellas obligan a tener el mínimo de reses, 25 vacas y un semental, que exige el MARM y en todas, cercados perfectamente cerrados y habilitados, para facilitar el manejo y evitar posibles accidentes.
Lo que varía es el precio de los hierros, marcas únicas y distintivas que les permiten ser ganaderos de toros de lidia. En la Unión de Criadores de Toros de Lidia el precio medio de venta de hierros se sitúa en 90.000 euros, y no los hay de nueva creación excepto los denominados aspirantes y para los asociados, que tendrán derecho a otros hierros, siempre que cumplan diversos requisitos de antigüedad, repartos y herencias familiares. Se puede ingresar también sacando un hierro de aspirante, que cuesta 48.081 euros y que pasará a ser titular una vez supere ciertas pruebas de lidia en plazas importantes. También se puede entrar a prueba con un hierro de otra asociación, operación que tiene un coste de 54.091 euros y que exige las mismas pruebas que en el caso anterior. Para pertenecer a la UCTL se exige un mínimo de 50 vacas y dos sementales. En la Unión están inscritas la mayoría de las ganaderías que lidian en las principales plazas y ferias.
En la Asociación de Ganaderías de Lidia, la segunda en importancia, el hierro nuevo cuesta 12.020 euros. Menos exigentes son la Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas donde cada hierro nuevo cuesta 2.404 euros, que serán la mitad si en esa misma agrupación ya se posee otro y en Ganaderos de Lidia Unidos donde un hierro nuevo cuesta 1.803 euros.
Publicado en Crónica Popular

2 comentarios:

  1. yo dudo de la democracia de muchos,lo unico que hay que hacer es no ir a los toros pero dejar alas personas que como ami me gustan tanto Hay muchas decisiones y leyes que se han aprobado y para mi son tremendas pero no por eso estoy dando la tabarra,y a ustedes si no le gustan no vayan,pero dejenos a los que nos gustan

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  2. estoy de acuerdo contigo en que la decision de ir a los toros es personal y así debe ser... la cuestión es si los aficionados son capaces de mantener economicamente la fiesta y si las instituciones deben sostenerla economicamente

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