viernes, 11 de noviembre de 2011

La Iglesia vota PP por memoria histórica


Félix Población || Periodista y escritor.
El pasado 21 de octubre pudimos leer en los periódicos, sin que la noticia llamara excesivamente la atención para levantar las correspondientes críticas en editoriales y artículos de fondo —sin duda por tratarse de una tradición afincada en la católica España, contra cuyo poder es inútil todo discurso, Sancho—, el programa electoral propuesto por los señores obispos para los comicios del próximo día 20 y que, como los mandamientos de la ley mosaica grabados a fuego según la tradición bíblica, consta de diez puntos.
Todos ellos coinciden en lo esencial, como no podría ser de otro modo en una elaboración gestada por los respetables monseñores, con los postulados que defiende el Partido Popular en las materias en que la iglesia católica pretende seguir imponiendo sus dogmas sobre el común de la ciudadanía, cual si el tiempo vigente fuera el de su imperio bajo la gobernación franquista, según ilustran las imágenes: reforma de la actual ley del aborto, derogación del matrimonio homosexual, eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, etcétera.
Es de observar el lenguaje utilizado por el portavoz de la obispalía, el muy rasurado Martínez Camino (véase vídeo), en aparente contraste con la apostura evangélica de sus predecesores. Destaca su jerga por la hipocresía que suele caracterizar a los de su laya —en su readaptación a la etapa democrática— cuando manifiestan no querer imponerse a los criterios del Estado ni sugerir una determinada opción partidista, si bien —pontifica acto seguido— «no es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos».
En ese sentido, como de seguro recordará la obispalía en pleno, es altamente ilustrativo el papel que la iglesia española jugó en el pasado franquista, legitimado por esa institución bajo el nombre de cruzada, y cuya crudelísima y dura represión contó con el apoyo de los respetables monseñores, reverdeciendo el papel que tuvo la Inquisición hasta los primeros decenios del siglo XIX, con el maestro de Ruzafa Cayetano Ripoll como última víctima.
Si ahora nuestros obispos llaman la atención sobre «el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural», deberían reconsiderar sus eminencias la de vidas segadas, quebrantadas y maltrechas que llevó aparejada la defensa y alabanza del régimen al que su institución tributó colaboración y pleitesía.
Dicen los prelados que consideran necesario «promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida», pero sus colegas, esos que levantan el brazo en las imágenes tantas veces vistas, contribuyeron al acabamiento violento de muchas vidas. Tampoco han hecho nada los respetables monseñores que les han sucedido a favor de que miles de esas víctimas, que siguen enterradas sin nombre en fosas y cunetas repartidas por todo el país, recuperen la dignidad y memoria que se les debe.
Todas esas víctimas defendieron en su día el régimen que proclamó la libertad de enseñanza a la que hoy apela el asaz rasurado Martínez Camino y contra la que siempre estuvo su iglesia, monopolizadora de la enseñanza durante siglos y mandataria soberana de la misma durante la dictadura presidida por Franco, caudillo de España por la gracia de Dios.
Publicado en Crónica Popular

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