miércoles, 23 de julio de 2014

PEDRO SÁNCHEZ. Un secretario general de corte hollywoodense

Alba Peraleda
Alto, esbelto, atractivo, de andares seguros y desenvueltos, gesto cordial y cercano, verbo fácil, con la sonrisa de anuncio de dentífrico siempre en los labios, el nuevo secretario general del PSOE parece sacado de un película de Hollywood o de un spot publicitario de café espresso a lo George Clooney. El extraordinario ascenso de este diputado desconocido del gran público, que debe su escaño en el Congreso, no a haber sido elegido, sino a haber corrido la lista en la que figuraba, no deja de sorprender y de suscitar interrogantes. Su discurso no dice nada nuevo, es una sarta de lugares comunes, de obviedades: cambio, renovación, regeneración del PSOE, que repite de manera automática hasta quedar las palabras vacías de sentido para convertirse en meros eslóganes publicitarios, como el del café espreso: What else?
09_PrimariasPSOEEs indudable que este nuevo actor se ha aprendido bien de memoria su papel, y dice lo que cientos de militantes socialistas de buena fe están deseando oír. Habría que preguntarse quiénes lo han catapultado desde el anonimato hasta hacer de él en cuatro meses el elegido por el 49% de los militantes del PSOE que emitieron su voto. El designio de determinados grupos de poder dentro del PSOE de propulsarlo para impedir que saliera elegido su contrincante con más posibilidades, es decir, Eduardo Madina, se puso claramente de manifiesto con la actuación de la Presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que era la favorita de esos grupos.
Y no solo de éstos, sino también del propio ex rey Juan Carlos, uno de cuyos últimos actos antes de abdicar, fue el de invitar a Susana Díaz a la Zarzuela para pedirle que presentara su candidatura a la Secretaría General del PSOE. Curiosa intromisión, dicho sea de paso, de un monarca constitucional en los asuntos internos de un Partido político, pero revelador de las garantías de continuidad del sistema que ofrece Susana Díaz a la Corona y a los poderes constituidos.
La Presidenta de la Junta de Andalucía que tantos elogios recibió en su día como prometedor relevo generacional, aunque nunca fuese elegida en las urnas, sino nombrada a dedo por su antecesor en el cargo José Antonio Griñán, prefirió no arriesgar su carrera en la competición por el liderazgo en el Partido, y seguir siendo Presidenta de la Junta, pero se convirtió en el principal sostén de Pedro Sánchez. Gracias a ella, al decidido apoyo casi masivo de la poderosa Federación andaluza, pudo Pedro Sánchez salir elegido nuevo secretario general del PSOE. Veamos. Obtuvo el 48,63 % de los votos (56.409 votos), frente al 36,15 % (41.835 votos) de Eduardo Madina, y el 15,26% (17.506 votos) de José Antonio Pérez Tapias, pero es significativo que de los 16.000 votos emitidos en Andalucía, 12.000 fueran para Pedro Sánchez, es decir, más del 61%. Estas cifras lo dicen todo.
Madina no ofrecía al poderoso sector de la “socialdemocracia neoliberal”, suficientes garantías. Lo veían demasiado tímido, poco decidido, inseguro, incapaz quizá de hacer que el PSOE siguiera desempeñando el papel de segundo eje sobre el que se asienta el sistema bipartidista imperante en España desde 1982. En cambio, Pedro Sánchez sí ofrece garantías en este sentido. No había más que ver la marcada satisfacción con que algunos políticos del PP y su portavoz Francisco Marhuenda acogieron la noticia de la elección de Pedro Sánchez. Ya podían respirar tranquilos.
Si para muchos militantes del PSOE, Madina representó en algún momento una esperanza de cambio, la verdad es que su discurso no decía nada nuevo, se diluía en vaguedades, nunca se pronunció abiertamente sobre determinadas cuestiones y con frecuencia resultaba ambiguo. Pero su mayor defecto era que carecía de tan poderosos padrinos como los de Pedro Sánchez. Aunque dentro del PSOE sigue habiendo militantes de base genuinamente de izquierdas como, como las Juventudes Socialistas, la mayoría se ha acostumbrado a que sus dirigentes ocupen el poder con todos los beneficios, prebendas y ventajas que ello comporta. Los militantes verdaderamente de izquierda, no de boquilla, son los que votaron a José Antonio Pérez Tapias, o bien optaron por no votar a nadie.
Próximo a Miguel Sebastián, asesor económico de Rodríguez Zapatero y, posteriormente, ministro de Industria, Turismo y Comercio en el Gobierno presidido por este último, así como a José Blanco, el famoso “Pepiño”, principal responsable del “Tamayazo” que hizo perder al PSOE la Comunidad de Madrid, no es difícil adivinar el modelo de PSOE de Pedro Sánchez: un partido de Gobierno, de alternancia con el PP, que asegure la estabilidad y continuidad del sistema capitalista neoliberal y de la Banca.
La única esperanza de una posible regeneración en profundidad del PSOE, de un PSOE que volviera a recuperar los valores de la izquierda de sus fundadores podría haber estado en José Antonio Pérez Tapias, pero no salió elegido. ¿Sintomático? ¿Podrá algún día el PSOE regenerarse y recuperar sus valores de izquierda? Si Pablo Iglesias Posse, diputado a Cortes en 1910 gracias a la Conjunción republicano-socialista, uno de cuyos principales objetivos era la instauración de la República, levantara hoy la cabeza, se le caería el alma a los pies al ver el grado de complicidad del PSOE con la derecha y el gran capital en detrimento de los intereses de los trabajadores. ¿No debería, para ser consecuente, suprimir de sus siglas la “S” de “Socialista” y la “O” de “Obrero”?

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