jueves, 10 de enero de 2013

SANGRADORES

¿Es legítimo que las rentas del trabajo tributen m´sa que las rentas de l capital?

El florecimiento cultural y científico acumulado durante siglos se fue al traste con el avance de los reinos cristianos. Reyes fundamentados en dudosos derechos hereditarios imponían su santa voluntad con el apoyo de la iglesia, a la que contentaban aportando cuantiosas sumas para sus cruzadas. Aquellas aportaciones nunca salieron de las arcas de reyezuelos y nobles, salieron siempre del sangrado a que se sometía al pueblo llano.
Pero el sangrado, amén del expolio, tenía y tiene otras aplicaciones. La medicina fundamentada en el estudio del cuerpo, la aplicación de precisas técnicas quirúrgicas y remedios herbales dio paso a la fundamentada en la voluntad divina, los clericales rezos y la expulsión del mal a través del sangrado. Eran tiempos oscuros llenos de suciedad y podredumbre, de abusos nobiliarios y derechos de pernada, de levas e impuestos para abastecer las ambiciones totalitarias de la casta dominante. El único consuelo del pueblo era que el tirano enfermara, generalmente la vida se le escapaba del cuerpo al ritmo con que el matasanos aplicaba el sangrado. La enfermedad de aquellos tiempos también diferenciaba entre ricos y pobres, los primeros morían débiles y faltos de alimentos y los segundos morían orondos y enfermos de gota.
Objetivamente nada o poco ha cambiado con el paso de los siglos. Hoy, sin ir más lejos, se nos han vuelto a pegar kilos y kilos de mugre. La roña se ha llevado por delante la inteligencia y el hambre se ha llevado los derechos. En apenas un segundo hemos vuelto al blanco y negro, a informarnos con el nodo, a las recetas de los sangradores. El enfermo, o sea España, tiene cada día menos pulso y los matasanos oficiales siguen recetando sangrías en lugar de antibióticos y vitaminas. Legiones de eruditos formados en colegios religiosos se golpean el pecho al tiempo que nos sacan otro litro de sangre en forma de recortes y/o privatizaciones. Afirman que sienten dolor al vernos sufrir, repitiendo una y otra vez la letanía: sabemos que es doloroso pero no queda otro remedio. Pero, si otros médicos cuestionan el diagnóstico y recetan un tratamiento alternativo son condenados a muerte por herejes.
Hace apenas dos años se nos echó encima la noche de los tiempos, nos pilló a todos desprevenidos. No la vieron llegar ni quienes tanto la anhelaban. Hasta ellos muestran hoy claros síntomas de arrepentimiento. Desde entonces la salud se nos escapa a chorros y la juventud se marcha con cada nueva sangría. El enfermo envejece con cada ERE, con cada derecho amputado, con cada servicio público privatizado… y la dolencia nos acerca hacia lo irreversible. Pronto no habrá vuelta atrás y seremos lo que ellos quieren: un Estado fallido en el que domina la ley del más fuerte, la ley de los poderosos.
La receta que aplican con tanto entusiasmo los sangradores no busca sanar al enfermo, sino debilitarlo. Pretenden minimizar su resistencia y que la sanación dependa de la voluntad divina, como en la Edad Media. Realmente, lo único que quieren de nosotros es sangre y vísceras con las que mantener vivos sus ajados cuerpos y, con otro año de sangrado constante, seremos incapaces de oponer resistencia.
Plumaroja

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