domingo, 20 de enero de 2013

EL FALSO PROBLEMA DEL PARO Y LAS PENSIONES. EL EJEMPLO ISLANDÉS



17_gregorio
Después de haber tratado de patentizar en mis anteriores artículos que el paro y la inseguridad, con la que estamos contemplando tanto el futuro de nuestros mayores como las expectativas de nuestra descendencia, están fundamentadas en la naturaleza del modelo de producción y de distribución de todas las economías capitalistas, me veo obligado a decirle a los que pretenden seguir poniendo parches a un sistema podrido que ¡es la distribución de las rentas, estúpidos, es la distribución de las rentas lo que es preciso modificar! ¿Qué inconfesable programa estáis defendiendo cuando pretendéis seguir enganchados en la noria? ¿No sois conscientes de que los privilegios que estáis protegiendo son los mismos que llevaron al pueblo a tomar la Bastilla?
A pesar de las críticas que se le están haciendo, parece que una nueva asociación está tratando de emerger. Una nueva asociación que, aunque en el futuro tenga que estar constituida con nombres y apellidos, en el presente, y a la espera de la respuesta que pueda encontrar en la ciudadanía, considera que debe conformarse de una manera impersonal y al mismo tiempo representativa del repudio con el que la sociedad está rechazando a esta casta de pseudo-economistas y políticos. No creo que sea factible llegar a materializar lo que hayan contemplado como principios programáticos. Sin un sistema que controle las tendencias subjetivas de sus integrados, todo proyecto se corrompe. Como expreso en la obra “¿Es posible otra economía de mercado?”, sólo con la participación de un modelo cibernético es posible mediatizar a la bestia que llevamos dentro. Para limar las asperezas que hemos de soportar en el modelo que estamos padeciendo actualmente, sólo podemos recurrir a métodos como los que señalé anteriores artículos 
Pero volvamos a los orígenes que me llevaron a analizar este falso problema del paro y las pensiones  y, al hacerlo, constatemos que, si es cierto que, según la ley Okun  (y según el sentido común), debe de existir una relación directa entre el PIB y el empleo, ¿cómo es que mientras que el porcentaje del primero se ha venido incrementado el del segundo ha estado descendiendo?
Al objeto de analizar esta paradoja propongo que observemos aquel valor de uso que tanto Adam Smith como Ricardo y Marx consideraron como una categoría exclusivamente conceptual, una valoración que contemplaron exclusivamente como un requisito para que el trabajo humano pudiera convertirse en una mercancía. Con lo cual a éste sólo podía conferírsele un valor cualitativo.
Es cierto que, observado desde una posición subjetivamente objetiva, este valor ha de ser contemplado como algo cualitativo, algo incontable, pero no es menos cierto que, desde la posición de aquél que como requisito ha de utilizarlo para materializar la labor que en él está representada, tiene que ser cuantificable. Como al amor o al odio hemos de conferirle una categoría cualitativa pero es en función de la utilización con la que lo practiquemos (que es en realidad lo que más allá de disquisiciones filosóficas le da sentido a aquella cualificación) donde nos es dable medir lo que verdaderamente está representando. En este contexto,  lo que está requiriendo una labor para convertirse en mercancía tiene necesariamente que ser cuantitativo. Tiene que estar representando el valor de las fuerzas del trabajo que es preciso invertir en su consecución.  Y esto no sólo porque nos ha de servir como un elemento para analizar lo que es la plusvalía, sino porque en función de lo que ha de representar constituye un factor fundamental con el que compararlo con el valor de cambio.
Es como consecuencia de la manera en la que fue conceptuado por lo que Böhn Bawerk, aprovechando la anfibología con la que se podía interpretar este término, afirmó que los precios de las mercancías no están determinados de manera absoluta por su valor en el mercado sino principalmente por su valor de uso, es decir, por una valoración estrictamente cualitativa. Con lo cual, al considerar que en el proceso escalonado que en el tiempo necesita la materialización de cualquier producto o servicio, la compra de mano de obra constituye un intercambio de bienes actuales por bienes futuros, al no considerar como cuantificable el valor de uso, implícitamente descalifica el valor representado que en su materialización había que concederle a las fuerzas del trabajo, para conferirle especial relevancia a su teoría de la formación de capital en su famoso esquema de los anillos. Es en función de este razonamiento adicional por lo que este economista argumentó que el capital, como producto, es utilizado para transformar factores de producción no productivos, como la tierra y el trabajo.
El valor de uso, como representatividad del trabajo necesario en toda creación, nada tiene que ver con esa concepción con la que la contempla la Escuela Austriaca. Este valor constituye un atributo que, como capacitación y como realización, inalienablemente pertenece a aquéllos que con su ejercicio conforman la materialización de las riquezas. Y si estas riquezas constituyen el capital, antes que el Capital y todo el ejército de explotadores que lo hacen posible, y se apropian de él, están aquéllos (incluidos los empresarios que con su trabajo contribuyen a su consecución) que, insertos en la conformación de los anillos con los que este autor nos mostró gráficamente como se desarrolla la formación de capital, hacen posible que el capital se consolide como un bien cualitativo. Como un bien que para serlo tiene que estar equitativa y consecuentemente cuantitativamente distribuido.
No es de extrañar que, como consecuencia de esta manera de teorizar sobre la naturaleza del proceso económico, tanto entre los seguidores de esta escuela como en la de los Chicago Boys se haya llegado a discurrir que el fundamento que, según ellos, constituye y favorece la acumulación (y, consecuentemente, el desarrollo marginal de todas ellas) debe primar sobre los que sólo pueden ser calificados como factores de producción. En este contexto es totalmente consecuente que  cavilen que, para alcanzar la necesaria competitividad -imprescindible en cualquier economía-, los niveles de paro y la seguridad de las pensiones son factores exógenos a su buen funcionamiento, y como tales deben se considerados.
Si estos intérpretes del Capitalismo consideran que es el tiempo y los capitales los elementos necesarios que hacen posible lo que ellos denominan como consecuciones, somos nosotros los que les hemos de forzar a que asuman que el tiempo y ese valor de uso, que es patrimonio de los que nada tienen, también podemos ser nosotros los que los utilicemos.
Cuando los mayas predijeron que el fin del mundo coincidiría con el fin del 2012, lo que quizás pretendieron decirnos fue que iba a concluir una era robos, de injusticias y de desigualdades. Como avance a este periplo vemos como en Islandia se ha resuelto actuar con los que han provocado su crisis económica, arrestando a los banqueros que la provocaron. Dando prioridad a las necesidades de la población, en lugar de procurársela a los dioses del mercado. Islandia desde luego resulta estar un poco lejos, sobre todo cuando vemos que en España no sólo no se encarcela a los ladrones y se les obliga a que devuelvan lo robado, sino que incluso se les recoloca en puestos en los que puedan seguir mangoneando. Pero Islandia es un ejemplo y si nosotros consideramos que, debido a que geográficamente se encuentra un poco lejos, lo que tengamos necesidad de solventar resolutivamente se encuentra aún más lejos, les vamos a proporcionar una profunda decepción a los mayas.
de Gregorio

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