viernes, 4 de enero de 2013

Condenados dos de los banqueros islandeses causantes de la crisis de 2008


El viernes 28 de diciembre de 2012, el  tribunal Landsdómur (tribunal especial) de Reikjavik condenó a dos banqueros islandeses a nueve meses de cárcel por haber autorizado préstamos fraudulentos que en 2008 hundieron a su banco, el Glitnir, y al conjunto del país en una crisis financiera inédita en el pequeño país del Atlántico norte.
03_islandia Larus Welding.
©Octavio Colis
Larus Welding, ex director ejecutivo de Glitnir, y su colaborador más próximo Gudmundur Hjaltason, tendrán que permanecer tres meses en la cárcel (para los otros seis meses el juez ha decidido dejar el cumplimiento en suspenso) por haber prestado 102 millones de euros a la empresa en quiebra Milestone, con el objetivo de reflotarla: “Al autorizar el préstamo fueron mucho más allá de sus competencias, llevando al banco a la ilegalidad”, dice la sentencia condenatoria. La fiscalía había pedido cinco años y medio para el primero y cinco para el segundo. En abril de 2012 la justicia declaró inocente al ex primer ministro islandés, Geir Haarde, tras procesarle por no haber hecho lo suficiente para impedir la bancarrota del sistema financiero, según una información publicada en el digitalNews.banques.com
Para evitar una quiebra generalizada del país, a finales de 2008 el gobierno islandés nacionalizó Glitnir de urgencia junto con  otros dos bancos, Kaupthing y Landsbanki, también al borde de la bancarrota. El primero en ir a la quiebra fue Glitnir, tras el hundimiento en Estados Unidos de Lehman Brothers, que provocó una práctica desaparición del crédito internacional en los mercados de todo el mundo. El rescate obligó al país a pedir ayuda financiera al FMI, a cambio de un severo plan de ajuste. Larus Welding fue arrestado hace un año por orden del fiscal especial que lleva las investigaciones en las causas de la crisis financiera.
Un informe parlamentario hecho público en la primavera de  2010 acusaba a los propietarios y dirigentes de los tres grandes bancos islandeses de haber “abusado de su posición, concediendo préstamos “inadecuados”. “Hipertrofiados, –se lee en un despacho del corresponsal de la Agencia France-Presse en la capital de la isla- los bancos islandeses, en el momento de la crisis poseían activos por un valor casi diez veces superior al del producto Interior Bruto (PIB) del país. Según el digital paradisfj.info, el préstamo supuso una pérdida de 53 millones de euros  para cada uno de los tres establecimientos bancarios.

El remedio islandés a la crisis

Prácticamente en quiebra tres años antes, Islandia experimentó en 2011 un crecimiento de cerca del 3%. ¿Qué ha hecho posible el milagro? ¿Podría ser un ejemplo para la amenazada “zona euro”? :“Los países de la zona euro ya no saben a qué santo encomendarse –escribía hace un año Sébastien Seibt en la página web del canal internacional de televisión France 24-; incluso el modelo alemán, considerado durante mucho tiempo como el ejemplo a seguir, comienza a ser criticado y atacado. El 17 de noviembre de 2011, el semanario popular alemánDer Spiegel recordaba que la deuda alemana (81% del PIB) es muy superior a la de España (69,4%). Y por su parte, los mercados sorprendieron a toda Europa, también en noviembre, prestando a Berlín solo tres de los seis mil millones de euros que había solicitado” (se refiere a una venta de deuda pública efectuada el 21 o 22 de ese mes).
Prácticamente en quiebra tres años antes, Islandia experimentó en 2011 un crecimiento de cerca del 3%
En opinión de ese comentarista, los países europeos estaban empezando a mirar hacia otro país y otro modelo: el de Islandia. “Ya en julio de 2011, el canal público británicoBBC se preguntaba si la isla atlántica podría ser un modelo económico para el resto de Europa; y a principios de noviembre, la publicación digital estadounidense Business Insider, especializada en finanzas, exponía 15 razones por las que Europa debería estudiar la forma en que Islandia ha recuperado el equilibrio tres años después de la crisis de 2008.
“La actual situación económica islandesa es muy seductora. El consumo interno y el regreso de la inversión privada están tirando del crecimiento hacia arriba”, decía en la televisión francesa David Carey, economista de la OCDE  y especialista en Islandia.
Cuando el sistema financiero islandés se hundió en 2008, todos y cada uno de los 320.000 habitantes de la isla sufrieron un  auténtico shock: cada día se anunciaban nuevas catástrofes. La economía entera se paró, no había dinero para mantenerla en funcionamiento. La sociedad islandesa estaba habituada a funcionar a crédito, lo que había mantenido el carácter emprendedor y aventurero de los islandeses. El consumo llevaba mucho tiempo en línea ascendente, facilitado por una inflación de dos cifras. Gran parte de los hogares había contratado créditos en divisas extranjeras para financiar la compra de la casa o el coche. Con la crisis, la moneda del país, la corona islandesa, se hundió pasando de 120 coronas por 1 euro a cerca de 200.
Un año antes, un estudio internacional (según Le Monde diplomatique) clasificaba a la población de la isla como “la más feliz” del planeta: “gran parte de su prosperidad se basaba en el crecimiento acelerado de tres bancos islandeses. Pequeñas sociedades del sector público hasta 1998, rápidamente se colocaron entre los trescientos bancos más importantes del mundo, sus activos pasaron del 100% del PIB en 2000 a casi el 800% en 2007; un nivel solo superado por Suiza”.
Cuando estalló la crisis, el gobierno de Reykjavik solicitó y obtuvo un préstamo de más de dos mil millones de euros al Fondo Monetario Internacional, a cambio de una cura de austeridad para sanear las cuentas. Los islandeses se sometieron a tres años de rigor. Muchos perdieron sus ahorros  y las empresas no podían soportar el peso de las deudas. Al mismo tiempo, el gobierno adoptó algunas medidas sociales para proteger a la población, entre otras la prolongación de las subvenciones los parados, de 3 a 4 años. Pero lo realmente específico en la gestión de la crisis islandesa ha sido el abandono del sector bancario. Al contrario de lo que ha ocurrido en el resto de Europa, donde la “salvación” de los bancos se ha considerado una prioridad, el gobierno islandés optó por negarse a reflotarlos y hacer recaer la mayor parte de las pérdidas sobre los accionistas –“mayoritariamente extranjeros”- y proteger al máximo a los depositantes.
Aunque,  en opinión de Carey y otros expertos, el modelo islandés resulta difícilmente  trasladable a los países de la zona euro, donde los bancos tienen un peso muy superior al de sus homólogos islandeses: “La quiebra de los establecimientos financieros islandeses no corría riesgo de contagio al resto de Europa  mientras que la quiebra de estandartes como el italiano UniCredit o el español Santander pondría en peligro todo el sistema financiero mundial, como ocurrió con la de Lehman Brothers”. Y eso sin contar con que Islandia disponía de dos recursos con los que no cuenta la zona euro: una moneda propia y un banco central que podía actuar como prestamista en último recurso.

La crisis también ha afectado al mapa político

Cuando todavía no se ha cumplido cinco años de la tragedia, el crecimiento islandés “se mantiene en el 3%, el índice de paro ha bajado hasta el 7%, la deuda de los hogares se ha contraído y la balanza comercial es positiva”, de acuerdo con un análisis publicado en febrero de 2012 en el diario Le Point. La crisis también ha tenido efectos sobre el panorama político islandés. Interrogado por este periódico, Michel Sallé, doctor en Ciencias Políticas también especializado en Islandia, opina que “la crisis ha conmocionado el paisaje político nacional: la izquierda es ahora mayoritaria en la Asamblea y han emergido muchos partidos. Un humorista fundó a finales de 2009 el “Mejor Partido” y después resultó elegido alcalde de  Reykjavik.  Recientemente se han creado tres partidos nuevos, lo que demuestra la desorientación de la gente y lo decepcionada que se siente por la mayoría política a pesar de que está sacando al país de la crisis en mejores condiciones que las previstas. Al mismo tiempo, y para desconcierto de los analistas, el conservador Partido de la Independencia, que estaba en el poder en el momento de la crisis, ha recuperado sus posiciones. Resulta bastante difícil de entender».
Al contrario de lo ocurrido en el resto de Europa, donde la “salvación” de los bancos se ha considerado una prioridad, el gobierno islandés optó por negarse a reflotarlos y hacer recaer la mayor parte de las pérdidas sobre los accionistas –“mayoritariamente extranjeros”- y proteger al máximo a los depositantes
En un artículo publicado en Le Monde diplomatique en mayo de 2011, titulado “Un laboratorio liberal devastado por la crisis: Cuando el pueblo islandés vota contra los banqueros”, Silla Sigurgeirsdóttir (Directora de conferencias de políticas públicas de la Universidad de Islandia) y Robert Wade (Profesor de economía política de la London School of Economics)  revisaban y actualizaban otro estudio publicado en la  New Left Review, n° 65, Londres, septiembre-octubre 2010, que comenzaba así: “En Estados Unidos, los republicanos batallan para amputar el presupuesto federal ; en Portugal, las autoridades negocian soberanía contra plan de salvación; en Grecia, la perspectiva de una reestructuración de la deuda refuerza la austeridad. Bajo la presión de los especuladores, los gobiernos han optado por la impotencia. Consultados en referéndum, los islandeses sugieren otra vía. Hacer que la factura de la crisis la paguen quienes la han provocado.
“Pequeña isla, grandes preguntas: ¿Los ciudadanos deben pagar la locura de los banqueros? ¿Existe una institución ligada a la soberanía popular capaz de oponer su legitimidad a la supremacía de las finanzas? Esos eran los retos del referéndum organizado el 10 de abril de 2011 en Islandia. Por segunda vez, aquel día el gobierno preguntaba a la población: ¿acepta usted devolver los depósitos que  particulares británicos y holandeses tenían en Icesave (otro banco)? Y, por segunda vez, la mayoría (60% de votantes) de los habitantes de la isla asolada por la crisis respondían “no”…
“… Al día siguiente del referéndum islandés, el editorialista del muy liberal Financial Times se felicitaba de que fuera « posible situar a los ciudadanos por delante de los bancos » (13 de abril 2011)…  Si el caso de Islandia empieza a ser considerado “de manual” es porque le país ofrece un ejemplo químicamente puro de las dinámicas que, en el transcurso de los años 1990 y 2000 permitieron que intereses privados dictaran reglamentaciones públicas que han conducido al inflamiento de la esfera financiera, a que ésta se quede fuera del resto de la economía y finalmente a su implosión”.
Mercedes Arancibia || Periodista.

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