martes, 8 de enero de 2013

NO ES SANCHO, ES ALDONZA QUIÉN GOBIERNA BARATARIA

Cospedal en el Palacio de Fuensalida

Los duques de Villahermosa andaban cansados de las ambiciones de Aldonza. Como buenos primos no tardaron en entenderse y buscarle destino a la inquieta urdidora que con tanto empeño habían educado. Aldonza empezaba a ser un problema y la Duquesa no soportaba que nadie brillara en la corte capitalina sin su permiso y el Duque también empezaba a cansarse de los protagonismos de su ahijada. 
Era pues oportuno buscarle alguna ocupación lejos de la corte que la tuviera entretenida a media jornada. ¡Dicho y hecho! Apenas unos minutos bastaron para mirar el mapa y buscarle destino. En las tierras del Guadiana había una Ínsula que, haciendo honor al río que le daba nombre, aparecía y desaparecía según convenía a los duques. Barataria se llamaba la ínsula y su gobernador vivía malos tiempos por lo generoso que había sido con algunos amigos. Las coplillas de ciego le acusaban de administrar mal las cuentas, de gastar por encima de los recursos de la ínsula y de invertir ingentes cantidades en obras poco provechosas para el pueblo.
Aldonza tuvo que superar algunas pruebas antes de ser nombrada gobernadora de Barataria. Había que competir en nobleza con el antiguo gobernador y para ello no dudo en modificar su apellido colocando un “de” que reforzara su clase. Que tendrá de mágico el Guadiana para hacer desaparecer ínsulas y “des” cuando la ocasión lo requiere. ¡Todo! Empezando por el propio río, que desaparece pocos kilómetros después de su nacimiento para resurgir de las profundidades en las proximidades de las misteriosas Tablas de Daimiel. Todo en este río es imaginario, hasta la Ínsula de la que Aldonza fue nombrada gobernadora es pura fantasía. Solo existe en la mente de los insulares, y no de todos, pues ha habido incluso exgobernadores que negaron y niegan su existencia en pro de un reino aún más imaginario, el reino de España.
Pero, volvamos a las pruebas que Aldonza tuvo que superar y dejemos para otro momento los extraños matrimonios pro-constitucionalista que forja la política española en su casta dominante. Los rigores del verano no asustaron a la aspirante y paseo su figura envuelta en negra mantilla siempre que tuvo ocasión; así se lo reconocen los vecinos de la capital. Le hacía falta una dosis de pragmatismo liberal y se apuntó a un cursillo intensivo en el Club Bilderberg, del que vino como alumna aventajada y ahora los duques miran con asombro el atrevimiento con que ofrece su Ínsula para experimentar hasta donde es capaz de soportar el dolor el pueblo llano.
Aquí en la Ínsula somos amantes de la tradición y tenemos nuestros héroes. Miramos de reojo a quien, viniendo de fuera, se proclama más insular que nosotros y huimos escaldados de quien pregona haz lo que yo diga y no lo que yo haga. Pero para lo importante somos muy facilones, será la falta de vitaminas, y se nos contenta con poquito. Bastó una pareja que nos recordara a Alonso y Sancho para caer rendidos a los pies de la Gobernadora. Leandro y Vicente se llaman realmente los susodichos, y el papel encomendado por Aldonza les viene al pelo.
Leandro es capaz de batallar con naves de libros que llevan la firma de su colega Marcial Marín para culpar al anterior gobierno de arruinar la Ínsula y tragar carros y carretas si ello agrada a su dama. Si hay que mentir se miente y si hay que vender se vende, aunque sea en subastas públicas. Sus batallas, como las del ilustre caballero loco, rayan el ridículo. Ni un solo vehículo vendido, los interinos pidiendo que le corten la lengua por mentiroso y Marcial Marín implorando que no enseñe más libros con su firma.
Vicente es más fácil de contentar. El pobre, como Sancho, nunca soñó ser la tercera autoridad de la Ínsula y ahí le tienen, presidente de las Cortes y con tanto ego que no le cabe en el cuerpo y le está a punto de explotar la barriga. Este es más Panza que Sancho. Su cargo, por inútil que parezca, cuesta a la Ínsula 82.000€ al año, lo que choca con los recortes con que Aldonza quiere cuadrar las cuentas. Merecerlos los merece tras compararnos con Grecia, acusar a todo quisqui de ladrón y ser el único que cree ciegamente en los milagros de su jefa.
Aldonza ha obrado el milagro en Barataria. En apenas un año ha incrementado la deuda en 3.000 millones y nadie se explica cómo ha podido ser. Recortó los presupuestos en todas las consejerías, prescindió de miles de interinos, suprimió servicios sociales básicos, paralizó obras e inversiones y adeuda cientos de millones a los ayuntamientos. El resultado de su gestión muestra datos espectaculares en el ámbito del desempleo con 37.000 nuevos parados en el último año, 63.000 afiliados menos a la Seguridad Social y la mayor mortandad de empresas que se recuerda.
Para el año que ahora comienza nos ha regalado un PICE que curará nuestros males. Lo ha presupuestado en 1784 millones de euros que tendrán que pagar los demás porque Barataria ha visto reducidos sus presupuestos de 2013 en un 10’25%. Lo ha estructurado en cuatro grandes ejes (Fomento, Agricultura, Turismo y Comercio) cuyos recursos descienden en cuantías que van del 38% en carreteras hasta el 75% en obras públicas. Sorprende que fije el empleo como principal objetivo y sin embargo recorte el presupuesto de políticas activas de empleo en un 37%. Del turismo no esperamos mucho dado su silencio ante el posible cierre de los paradores y del comercio esperamos menos aún tras su gris paso por la “Teletienda”.
Porque será que nuestra Aldonza me recuerda a la Reina Roja de Alicia en el país de las maravillas. Esta, como aquella es exigente con los demás y laxa con ella misma y ansia la permanencia en el trono por encima de todas las cosas. También, como a ella, le viene pequeño el gobierno de Barataria y aspira a metas más grandes. ¿Será por eso que la mandaron a provincias los duques de Villahermosa?

Plumaroja 

1 comentario:

  1. La defensora de los trabajadores, mientras la oposición desaparecida incapaz de proyectar un programa unitario de progreso que ponga fin a esta situación.

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