lunes, 17 de noviembre de 2014

Hijos de Pasionaria: XXV aniversario de la muerte de Dolores Ibárruri*

David Arrabalí CamposMundo Obrero

“… querían insultarme a mí, llamándoos, hijos de Pasionaria, y no podrían haberme hecho honor más grande que considerarme vuestra madre…” -Dolores Ibárruri
Pasionaria era sobre todo valentía y honestidad, rasgos que la llevarían a convertirse en referente indispensable de las luchas en el siglo XX como dirigente comunista.
05_02_PasionariaLa oratoria de Pasionaria atrapaba a la gente del pueblo. Dolores hablaba y su palabra seducía. Manuel Vázquez Montalbán decía que estaba dotada de la verosimilitud, la palabra emparentada con la veracidad, porque te la creías por su simple estar. Hija de minero, esposa de minero, descubrió que podía convertirse en la voz natural de una clase muda y explotada.
Nació y creció en el foco de la agitación social más importante de la época, las cuencas mineras. Allí la vida de las mujeres era horrible, tuvo que enterrar a cuatro de sus seis hijos, no había medicinas ni médico, solo miseria para los obreros.
Dolores procuró estudiar para adquirir cultura, sacaba libros de la Casa del Pueblo y por las noches se ponía a estudiar. Así fue adquiriendo conciencia y enseñaba a las mujeres que no había que llorar, “hay que luchar”. En ese convencimiento, comenzó su vida y su lucha.
En esos primeros años, trabajó como bordadora, como sirvienta, conoció la pobreza, las luchas sociales y se convirtió en una militante. Pero la confirmación de Dolores Ibárruri, ya en el recién formado PCE, llegó tras la dictadura de Primo de Rivera, con el advenimiento de la II República.
Pasionaria era sobre todo valentía y honestidad, rasgos que la llevarían a convertirse en referente indispensable de las luchas en el siglo XX como dirigente comunista. Dolores se traslada a Madrid en 1931 para trabajar en Mundo Obrero, donde firma sus artículos como “Pasionaria”, accede al Comité Central del PCE, el partido la saca de la oscuridad.
Cuando José Díaz Ramos asciende a la Secretaría General del PCE, Dolores Ibárruri se consagra como dirigente del partido. Ambos encabezan el nuevo equipo de la dirección comunista, hacen un tándem comparable al de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, convirtiendo al PCE en un partido de masas con cada vez más influencia con lo que luego será la política del Frente Popular.
En esos años comienza a forjarse la leyenda de “La Pasionaria” entre los trabajadores, con la revolución social de Asturias de octubre de 1934. Dolores evacuó a muchos niños a Madrid, pero eso le costó muy caro. Los períodos de encarcelamiento de Dolores se sucedieron, estuvo presa en Langreo y Oviedo, su imagen social cobró fuerza cuando después comenzó a encabezar duras manifestaciones.
En las elecciones del 16 de febrero de 1936, Dolores salió elegida como diputada por Asturias, junto a otros 16 camaradas, en las Cortes republicanas. En Asturias fue ella quien encabezó la liberación de los presos que estaban en la cárcel de Oviedo tras haber participado en la revolución de Octubre del 34.
El enorme activismo de esta mujer durante la Guerra Civil, y especialmente sus intervenciones como cabeza visible de las Mujeres Antifascistas, la convirtieron en un mito de la revolución, la acompañan solidas intelectuales como Irene Falcón, inseparable compañera de Dolores durante 60 años.
El primer día de la sublevación fascista, Dolores se dirigió al pueblo por la radio, “hay que resistir al fascismo”, dijo a través de Unión Radio, seguido de un sonoro y rotundo “No pasarán, no pasarán, no pasarán”, y esas dos palabras se convirtieron en una bandera de lucha que ha llegado hasta nuestros días.
Pasionaria se volcó en el Frente durante la Guerra Civil. Era una mujer muy sensible, allí conoció a Francisco Antón, y se enamoró, por lo que sufrió el machismo y el ataque de propios y ajenos. Pero la guerra se perdió y Dolores tuvo que abandonar el país, partiendo al exilio en Francia y luego en Moscú.
05_03_PasionariaEn la Unión Soviética, Dolores sufre uno de los golpes más duros de su vida. Su hijo, Rubén Ruiz Ibárruri, que había ido al frente a luchar contra los nazis, cayó muerto en combate en la batalla de Stalingrado. Cuando Dolores se enteró, bajo la cabeza y dejó caer unas lágrimas; ese dolor le acompañó toda su vida.
En 1942 muere José Díaz, y la Internacional Comunista la propone para Secretaria General, pero había otras personas que pretendían serlo, como Jesus Hernández, que a falta de argumentos políticos emprendió una dura campaña machista contra Dolores por su relación con Francisco Antón.
Dolores Ibárruri es elegida Secretaria General del PCE, cargo que ocupa hasta 1960. En esa época, Pasionaria es ya, sin duda, una de las figuras más importantes del movimiento comunista internacional. En el VI Congreso, Dolores Ibárruri es promovida como Presidenta del partido.
Tras la muerte del general Franco y el final de la dictadura militar, Dolores regresa después de 38 largos años de forzado exilio. El recibimiento es apoteósico, de las endebles escaleras del avión desciende una mujer, Dolores Ibárruri, que cuenta ya con 80 años, pero que aun conserva una energía excepcional.
Es elegida de nuevo diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas, presidiendo junto a Rafael Alberti la mesa de edad de la primera sesión de las Cortes.
El prestigio de esta comunista encendió la imaginación de una multitud de poetas, como Rafael Alberti, Antonio Machado o Miguel Hernández. Pero la guerra se perdió y Dolores tuvo que abandonar el país, partiendo al exilio en Francia y posteriormente en Moscú. Tras la muerte de José Díaz, Dolores Ibárruri es elegida Secretaria General del PCE, cargo que ocupa hasta 1960. En esa época, Dolores Ibárruri es ya, sin duda, una de las figuras más importantes del movimiento comunista internacional. En el VI Congreso, Santiago Carrillo es elegido Secretario General del PCE, al tiempo que Dolores Ibárruri es promovida como Presidenta del partido.
¡Sí! ¡Sí! ¡Dolores a Madrid!
Los más veteranos recuerdan aún el mitin que probablemente más gente haya congregado en un acto político, y ella fue la protagonista. En ese mitin miles de españoles se reunieron para homenajear al máximo símbolo del comunismo español, Dolores Ibárruri, y utilizaron al mismo tiempo este vals de aniversario dentro de la danza más amplia y aún entonces problemática de conquistar la legalidad. Manuel Vázquez Montalbán recuerda que el fervor de los aplausos y la emoción de los lagrimales se exteriorizaba con una emotividad colectiva treinta y ocho años contenida, una necesidad de reconocer a Dolores y al reconocerla darnos a nosotros mismos identidad, recuperar lo que durante tanto tiempo habíamos ocultado o proclamado en la soledad de las células y las comisarías.
El PCE había protagonizado un largo e implacable combate contra la dictadura, no el único, pero sí el más constante y el más reprimido por el franquismo. Desde 1939 hasta la semana santa de 1977, transcurrieron treinta y ocho años de clandestinidad, durante los cuales el partido hizo cuanto pudo y supo por crear una esperanza de cambio democrático.
Tras la muerte del general Franco y el final de la dictadura militar, Dolores regresa después de 38 largos años de forzado exilio. El recibimiento es apoteósico, de las endebles escaleras del avión desciende una mujer, Dolores Ibárruri, que cuenta ya con 80 años, pero que aún conserva una energía excepcional. Dolores es un símbolo, es mucho más que un mito. Es elegida de nuevo diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas, presidiendo la primera sesión de las cortes junto a Rafael Alberti, este hecho disgustó a muchos y nos alegró a todos nosotros o a nuestros padres. Las expectativas del PCE, sin embargo, se quedaron lejos de los veinte escaños que finalmente obtuvimos.
La Pasionaria nunca abandonó su actividad política, participando, por ejemplo en la manifestación de solidaridad con las Madres de la Plaza de Mayo.
Nos dejó el 12 de noviembre de 1994
Dolores, como comunista de profundas convicciones, fue una militante hasta el final de sus días. Nos dejó un 12 de noviembre de 1989 en Madrid, a los 94 años de edad. La enterramos en el recinto civil del Cementerio de La Almudena, junto a Pablo Iglesias.
El entierro de Dolores fue el primer acto político al que asistí en mi vida. Allí, otro grande, Julio Anguita, pronunció las siguientes palabras, dirigiéndose a Pasionaria en segunda persona:
“Dicen, Dolores, que has muerto. Qué tontería. Pervives en cada uno de los que te quieren y ¡Son tantos! En cada imagen de la humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia, en cada voz de rotundidad sonora. Tu imagen, tus gestos, tu palabra, tu voz (…).
Tú has hecho desde tu partido algo extraordinario: trascenderlo, superarlo. Tú, comunista ejemplar, eres de todos: de los que han levantado el puño y de los que se han santiguado. Acabas de explicarnos una lección política: se es más comunista en la medida en que se es más para el pueblo. El partido no se organiza para él, sino para los demás. Y éste, tu partido, está sobrecogido y alborozado. Sobrecogido por la grandeza de tu lección que nos remueve hasta el fondo. Alborozado porque se siente confirmado en su apuesta (…)
Ante tí, presidenta, recogemos tu último discurso. Con la pasión del corazón que tú, Pasionaria, pusiste en la causa de la emancipación humana. Con la serenidad ordenada del pensamiento y la reflexión. El PCE, tu PCE, se ratifica y apuesta por todo lo que ha dado sentido a tu vida de luchadora. Seremos la fuerza política comunista que estos momentos están demandando. Mujer, cuánto has hecho por tus compañeras. Mujer, qué ejemplo para mujeres y hombres. Mujer, qué roca llena de ternura. Mujer, qué fragancia de firmeza. Dolores, ha sido muy largo y muy duro tu combate. Entorna los ojos y sueña en tu pueblo. Duerme, compañera Ibárruri. Reposa, camarada Pasionaria. Descansa, presidenta. Sueña dulcemente, madre Dolores”.
Pasionaria, una leyenda que se podía tocar
Felipe Alcaraz. Textos de Marcos Ana, J.L.Centella y Julio Anguita. Ilustraciones Joaquín López.Atrapasueños
05_01_PasionariaFelipe Alcaraz, escritor y político andaluz, en su libro Pasionaria, una leyenda que se puede tocar, resume la historia de Dolores Ibárruri, pensado principalmente en acercar a los jóvenes la figura de la histórica líder del comunismo español, “fundamental para conocer la lucha por la democracia”.
El propio Felipe Alcaraz afirma acerca de su nuevo libro que “El grito de Dolores ‘No pasarán’ no ha caducado. El fascismo es una forma de capitalismo de excepción, y en esas estamos. La ultraexplotación exige el fin de la libertad y extender la política del miedo a través de la cohesión penal. Todo se está dando. El huevo de la serpiente está en un grado de incubación creciente”.
El autor considera que aquel “No pasarán” es la expresión más viva de la existencia de una izquierda constituyente y transformadora” y que aunque “pasaron militarmente en el 39″ no lo hicieron en el plano cultural e ideológico. “Hablamos de derrota, sí, pero no de rendición, no de sumisión. La sumisión es ser derrotados y asumir los valores del adversario, parecerse a ellos, terminar siendo ellos”.
En el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Dolores Ibárruri, este histórico del Partido Comunista, hace con este libro un merecido homenaje a La Pasionaria, una leyenda, sí, pero tan real que se puede tocar, en referencia a lo que Felipe Alcaraz destacó como una luchadora por el pueblo pero integrada en él.
Alcaraz añadió que se trata de un libro para refrescar la memoria sobre esta figura histórica para generaciones actuales que no la conocieron y para los que se le ha olvidado. El libro incluye un prólogo de Marcos Ana y textos de Julio Anguita, como la oración laica en el entierro de La Pasionaria. También contiene un epílogo del secretario general del Partido Comunista de España, José Luis Centella y actividades como si de un libro de texto se tratara.
*Artículos publicados en MUNDO OBRERO.
“Una pasionaria para Dolores”
Rafael Alberti
¿Quién no la mira? Es la entraña
del pueblo cántabro y minera.
Tan hermosa como si uniera
tierra y cielo en toda España.
¿Quién no la escucha? De los llanos
sube su voz hasta las cumbres,
y son los hombres más hermanos
y más altas las muchedumbres.
¿Quién no la sigue? Nunca el viento
dio una bandera más pasión
ni ardió más grande un corazón
al par de un mismo pensamiento.
¿Quién no la quiere? No es la hermana,
la novia ni la compañera
Es algo más: la clase obrera,
madre del sol de la mañana.
“Pasionaria”
Miguel Hernández
Pasionaria
Moriré como el pájaro: cantando,
penetrado de pluma y entereza,
sobre la duradera claridad de las cosas.
Cantando ha de cogerme el hoyo blando,
tendida el alma, vuelta la cabeza
hacia las hermosuras más hermosas.
Una mujer que es una estepa sola
habitada de aceros y criaturas,
sube de espuma y atraviesa de ola
por este municipio de hermosuras.
Dan ganas de besar los pies y la sonrisa
a esta herida española,
y aquel gesto que lleva de nación enlutada,
y aquella tierra que de pronto pisa
como si contuviera la tierra en la pisada.
Fuego la enciende, fuego la alimenta:
fuego que crece, quema y apasiona
desde el almendro en flor de su osamenta.
A sus pies, la ceniza más helada se encona.
Vasca de generosos yacimientos:
encina, piedra, vida, hierba noble,
naciste para dar dirección a los vientos,
naciste para ser esposa de algún roble.
Sólo los montes pueden sostenerte
grabada estás en tronco sensitivo,
esculpida en el sol de los viñedos.
El minero descubre por oírte y por verte
las sordas galerías del mineral cautivo,
y a través de la tierra les lleva hasta tus dedos.
Tus dedos y tus uñas fulgen como carbones,
amenazando fuego hasta a los astros
porque en mitad de la palabra pones
una sangre que deja fósforo entre sus rastros.
Claman tus brazos que hacen hasta espuma
al chocar contra el viento:
se desbordan tu pecho y tus arterias
porque tanta maleza se consuma,
porque tanto tormento,
porque tantas miserias.
Los herreros te cantan al son de la herrería,
Pasionaria el pastor escribe en la cayada
y el pescador a besos te dibuja en las velas.
Oscuro el mediodía,
la mujer redimida y agrandada,
naufragadas y heridas las gacelas
se reconocen al fulgor que envía
tu voz incandescente, manantial de candelas.
Quemando con el fuego de la cal abrasada,
hablando con la boca de los pozos mineros,
mujer, España, madre en infinito,
eres capaz de producir luceros,
eres capaz de arder de un solo grito.
Pierden maldad y sombra tigres y carceleros.
Por tu voz habla España la de las cordilleras,
la de los brazos pobres y explotados,
crecen los héroes llenos de palmeras
y mueren saludándote pilotos y soldados.
Oyéndo rebatir como cubierta
de meridianos, yunques y cigarras,
el varón español sale a su puerta
a sufrir recorriendo llanuras de guitarras.
Ardiendo quedarás enardecida
sobre el arco nublado del olvido,
sobre el tiempo que teme sobrepasar tu vida
y toca como un ciego, bajo un puente
de ceño envejecido,
un violín lastimado e impotente.
Tu cincelada fuerza lucirá eternamente,
fogosamente plena de destellos.
Y aquel que de la cárcel fue mordido
terminará su llanto en tus cabellos.
“La Pasionaria”
Nicolás Guillén
Una paloma me dijo que volando sobre España
salir oyó esta canción del pecho de una guitarra.
Corre donde está Dolores, Paloma dile,
dile tú que yo te he dicho que España vive,
que el Manzanares sangriento, Paloma dile,
entre recuerdos de pólvora Dolores dice.
Que el mar deshecho en la playa, Paloma dile,
y el largo viento errabundo, los dos la siguen.
Uno con su voz de espumas, Paloma dile,
otro cargado de rosas y de jazmines
que desde el llano a la sierra, Paloma dile,
pecho y pecho el pueblo junta y el tiempo mide.
Que al pie del árbol caído, Paloma dile,
otro árbol crece y su tronco, de verde viste.
Que en sótanos y desvanes, Paloma dile,
en subterráneos y minas, pozos y aljibes.
En el fondo de la tierra, Paloma dile,
cerca de los manantiales y las raíces
un guerrillero sin sueño, Paloma dile,
un guerrillero sin sueño carga su rifle.
Extracto del prólogo de Manuel Vázquez Montalbán a las Memorias de Pasionaria 1939-1977
“Dolores Ibárruri, que ha aportado sentido de coexistencia y reconciliación crítica al movimiento obrero, a la expansión del comunismo hacia los cuatro puntos cardinales del mundo, es ante todo lenguaje. La Dolores de sus comienzos combativos era una mujer del pueblo que convertía la realidad de su condición obrera en conciencia de clase y estaba dotada para decirlo con palabras y acciones que fueran entendidas por el pueblo. Así de simple y así de difícil. Dolores siempre ha estado dotada de algo que nos preocupa y fascina especialmente a los escritores y cineastas: la verosimilitud, palabra emparentada con veracidad.
A Dolores te la crees por su simple estar y por eso es ante todo una creencia popular de los que presenciaron su arrojo en las luchas sociales de la preguerra, su papel de símbolo moral durante la guerra civil y su posterior gravitación sobre la dramática historia del Partido Comunista de España. Incluso ahora, en tiempos de división y crisis, Dolores Ibárruri sigue siendo un punto de referencia que no se atreve a atacar ninguna de las partes de lo que fue aquel partido comunista capaz de plantarle cara a la dictadura y de contribuir a la reorganización de la conciencia democrática española, de contribuir a la reconstrucción de la razón. Todavía Dolores podría ser sustancia de amalgama para una cada vez más necesaria reunificación de los comunistas de España.
En ocasiones he empleado palabras como mito o símbolo aplicadas a la persona histórica de Dolores y he encontrado en las filas comunistas cierta resistencia a aceptarlas, porque les parece que son palabras que implican irrealidad. Y no es eso. El mito es una suprarrealidad que siempre se basa en una apoyatura real y el símbolo es una cúpula lingüística que alberga múltiples significados. Sería inexplicable Dolores sin comprender que viene de una clase social condenada a priori a la mudez. El pueblo acepta a sus líderes naturales cuando tienen una visión de conjunto de lo que les pasa y de lo que hay que hacer para que la realidad se transforme, y éste es el caso de aquella hija de minero, esposa de minero, católica y carlista en sus orígenes y que de pronto un buen día descubrió que podía convertirse en la voz natural de esa clase muda y explotada.
Le bastó sufrir la realidad para saber verla y poder explicarla en un ejercicio modélico de formación de una conciencia de clase. Éste es el misterio original del nacimiento de Dolores como símbolo, al que hay que añadir la magia de su voz, una presencia de mujer del pueblo fuerte y alta para su tiempo y una gran capacidad de sentir como los demás, por encima del en ocasiones inevitable grado de cinismo político”.

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