martes, 11 de noviembre de 2014

FUNDIR Y SU TRANSITIVO.

Jesús de Nazaret
Antonio Rodriguez Rubio
(Ser crisol).
Se ha tenido por cierto que neandertales y cromañones no se mezclaron, que no podían dejar descendencia porque eran incompatibles. He leído recientemente un artículo que cuestiona esta aseveración. Lo que parece cierto, es que todos provenimos de una cepa común: los simios.
Cuando fundimos personas de distintas procedencias, el resultado es enriquecedor. Unimos la diversidad. El tan manido: crisol de culturas, nos sale a cuenta. La endogamia, crea seres monstruosos o termina por extinguir la especie. Carlos II de España llamado: el hechizado, era tonto de remate; la endogamia de los Austria.
Ha avanzado tanto la ciencia que hasta es posible que las portadoras de Rh- puedan concebir de portadores Rh+.  
La iconografía cristiana, nos ha mostrado a un Jesús de Nazaret blanco como la leche, hasta rubio. Cosa imposible en un judío de su época. Con esto se ha querido imponer una raza sobre el resto. La iglesia católica dijo al principio que los negros no tenían alma y, cuando la tuvieron, esta fue: ¡blanca!
Durante el nazismo, se utilizó con profusión la preeminencia de la raza aria. Pero esto no fue un invento alemán; se dio a finales del XIX en Suecia.
Dentro de este solar llamado España, hubo un tiempo en que había que probar que se era “cristiano viejo” o “castellano viejo”. A los conversos les estaba vedado acceder a determinados cargos.
Un abrazo bien dado, realiza una fusión entre las personas que lo dan, sea este de amistad o de pasión sexual. Sin embargo, los besos sexuales y los de amistad, son totalmente distintos. La costumbre de dar la mano, nació de señal de que en ella no se portaban armas. El abrazo, es total.
Fundirse; crear lazos.
Cuando caminamos por una calle céntrica de una gran ciudad, vemos infinidad de rostros y en muchas ocasiones de distinta fisionomía o color de piel. No es fundirse, en todo caso, es diluirse. Cada cual va acompañado de sus propias soledades. Fundirse es compartir; abrazar al diferente.
Mujer masai
Tuve un amigo negro (senegalés que decía llamarse Paco) y cuando nos veíamos nos abrazábamos. El senegalés con sus dos metros de estatura, se tenía que agachar para el abrazo. Ignoro dónde estará, era un sin papeles que se dedicaba al top-manta (y yo un policía que le avisaba si corría peligro). Sergio era un senegalés afincado en Alhama de Murcia y se dedicaba a la venta ambulante (perfectamente documentado). Un domingo cuando regresaba del mercadillo semanal del Puerto de Mazarrón, murió en un accidente de tráfico. Sergio era muy respetado por blancos y negros; además de una belleza exquisita. Sergio me honró con su amistad.
El desprecio al diferente, va contranatura.

No estrechamos la mano a los diferentes porque vamos armados; armados de maldad y desprecio. Pero el que de verdad es despreciable, es el racista. El racista suele ser un don nadie en su comunidad que se siente superior al diferente. Hitler que masacró a judíos, gitanos y todo aquel que le contradijera, era un ser amargado que fue un simple cabo en la Primera Gran Guerra. 

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