viernes, 17 de octubre de 2014

INDIGNADOS SI, PERO IMPLICADOS EN LA RENERACIÓN

“Jamás desesperes, aun estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante”- Miguel de Unamuno.
En mis noches de insomnio acechan las tinieblas intentando nublarme la conciencia. Es tentador arrebujarse en un ovillo, como el feto que un día fuiste, autista a los estímulos malignos que estos días te sirven en sus portadas los “regeneradores” medios de comunicación. Los privados por acción y los públicos por omisión. Raciones diarias de casquería y putrefacción para las tres comidas te invitan a esperar a que escampen los negros nubarrones, una verdadera ciclogénesis explosiva de desvergüenza y vileza, para asomar las orejas.
Las siete plagas de Egipto son una insignificancia si las comparamos con lo que nuestro pueblo viene padeciendo estos últimos años. Desempleo, corrupción, exclusión, abandono, quebranto de las libertades democráticas, saqueo sistemático de los recursos públicos y, para que no falte de nada, una peste moderna gestionada por unas elites pijicasposas con la cualificación de un macaco homicida. Al final, por mucho que insistiera el Borbón emérito, se demuestra que la justicia no es igual para todos. ¡Ni de coña!
La vara de medir (o delictómetro) se inclina a favorecer a los villanos de guante blanco y corazón negro de avaricia. Los de las tarjetas negras, que bien podrían protagonizar Torrente 6, aprovecharon el cargo para darse la gran vida a costa de estafar a los honrados ciudadanos. Los mismos que argumentan que un “preferentista” jubilado sabía perfectamente que estaba firmando un contrato con el diablo, dicen ahora ignorar que lo de la tarjeta negra olía a cuerno quemado. Una práctica común, mantienen muchos, un sobresueldo para gastar en opíparas comidas en sus propios restaurantes, en clubes de alterne o en lencería fina para sus “señoras”. Mucha, mucha lencería.
Es verdad que ha habido ceses y unas cuantas dimisiones, aunque ninguna de los “consentidores” o de quienes tuvieron tan buen tino al proponerlos como consejer@s. Alguna en diferido. Como la de Arturo Fernández que piensa esperar, con un par de bemoles, a dejar confeccionado el código ético de la CEOE antes de darse el piro. Nadie mejor que el para proponer un código ético. Pero más ruido que pólvora si lo comparamos con la dureza con la que la justicia pretende castigar a los 14 imputados del 15-M o a integrantes de piquetes informativos.
A estos cachorros revolucionarios se les acusa por pequeños actos de vandalismo que no ocasionaron graves daños. No digo que no debieran sancionarse si son demostrados. Pero resulta chocante que un chaval de dieciséis años, sin antecedentes, acabe con sus huesos en la cárcel por quemar un contenedor, o un cajero, mientras los ladrones trajeados, bien comidos (presumo que también bien follados), a golpe de tarjeta negra puedan reventar un banco desde dentro sin llegar a pisar una comisaría.
Es verdad que hay muchas nubes negras, como las tarjetas, empañando la alegría de estas tierras. Pero no es menos cierto que un agua limpia y fecunda mana de los oscuros cúmulos de mierda. Agua del 15-M, las mareas, Stop-Desahucios, movimientos sociales y solidarios… Agua clara que reclama transparencia y limpieza. Agua brava que no podrán contener celdas ni diques en forma de leyes mordaza. Pese al enladrillado cielo de basura, cada vez hay más gente que fluye y confluye como el agua. Tanta porquería, bien merece un tsunami por respuesta. ¡Que las urnas sean la manguera de la regeneración está en nuestras manos!

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