Cuando pienso que en este país ya no caben más escándalos, el poder político y empresarial que padecemos da otro giro de tuerca en su espiral de desfachatez y latrocinio. No va más, señores. Aquí da la impresión de que nos roba hasta el Tato. Dirigentes de la patronal, mandatarios políticos u “honorables” sagas familiares como las de los Pujol actúan como auténticas bandas organizadas saqueando el patrimonio público. El entramado corrupto tiene que tener largos tentáculos para que se produzcan situaciones tan kafkianas como que Jordi Pujol junior recibiera de Hacienda una devolución por el triple de los ingresos de su empresa. Prueben ustedes, mindundis como yo, a escaquear un euro al fisco. Toda la furia tributaria recaería sobre nuestras defraudadoras testas. Otra modalidad de la indecencia son las “mordidas” que algunos responsables políticos o de la administración contemplan como suplemento a sus honorarios. La privatización para realizar tareas que pueden ser...