miércoles, 26 de febrero de 2014

Ucrania: reflexiones apresuradas sobre un final abierto

Mercedes Arancibia

Periodista
Escribo estas reflexiones en voz alta en las últimas horas de la tarde del sábado, 22 de febrero de 2014, mientras en la Plaza de la Independencia (Maïdan Nézalejnosti)  y sus alrededores decenas de miles de ciudadanos de Kiev lloran al más de un centenar de muertos –algunos de los cuales están de cuerpo presente, encerrados en las cajas depositadas sobre el pavimento- que, crucemos los dedos, son las últimas víctimas de la sangrienta represión orquestada por la dictadura de Vikto Yanukovitch, destituido por el Parlamento hace unas horas y huido no se sabe ciencia cierta donde, y mientras esos mismos miles de ciudadanos esperan la llegada de Julia Timochenko, protagonista de la “revolución naranja” de 2004 junto a Viktor Iouchtchenko (partidoNuestra Ucrania) primer presidente democrático de una Ucrania liberada de la órbita soviética tras sufrir un envenenamiento que estuvo a punto de acabar con su vida y que con toda probabilidad hay que anotar en las hazañas de los servicios secretos rusos.
Miles de ciudadanos de Kiev lloran al más de un centenar de muertos
Miles de ciudadanos de Kiev lloran al más de un centenar de muertos. Atributtion: Jeroen Akkermans
Timochenko –en libertad también por decisión de ese Parlamento que está intentando terminar lo más rápidamente posible con el inmediato pasado de represión y dictadura, a base de leyes aprobadas una tras otra y acompañada de fuertes aplausos de los diputados-, igual que el presidente destituido pertenece a la “oligarquía” ucraniana (en los países que formaron parte de la URSS se denomina oligarcas a todos esos nuevos ricos, riquísimos, con fortunas que se cuentan en cientos o miles de millones de euros) y llevaba un año encarcelada por corrupción; lo que no quita para que su detención y encarcelamiento se viviera en el país como una represalia de los nuevos gobernantes contra los antiguos, y los ucranianos la hayan visto todos estos años como una prisionera política. Con la llegada a la plaza, a primeras horas de la noche del sábado, de la ex primera ministra, una mujer con mucha carga simbólica aunque detestada por al menos la mitad de la población, terminará en Ucrania una jornada carga de emociones profundas que puede significar un giro copernicano en la política, interna y externa, del país.
La guerra de las tres derechas
Mientras, en la calle una parte de la ciudadanía ucraniana se enfrenta al Estado, como muy bien apunta un artículo –bastante enrevesado, por cierto- publicado esta semana en el digital mexicano Desinformémonos (*), el conflicto latente en Ucrania en los últimos meses no ha sido en ningún momento un enfrentamiento entre izquierda y derecha sino un enfrentamiento, que por momentos ha tenido visos de guerra civil, sobre todo en las últimas 72 horas, entre tres derechas: “La del último gobierno de Yanukovitch, capitalista, neoliberal, que defiende los intereses de los propios oligarcas gobernantes y de los poderosos grupos económicos rusos” que tienen enormes intereses en el país; la derecha llamada “pro-occidental (aunque, como apuntaba el participante en un debate en el canal cultural franco-alemán ARTE, “más que pro-europeos son anti-Putin”), que ya estuvo en el poder, que ya destruyó la economía, que está en oposición y que provocó las primeras protestas” cuando Yanukovitch se negó a firmar el convenio bilateral con la Unión Europea. Y, la tercera en cuestión, una “ultraderecha, mucho más radical que las anteriores, que aparece como seguidora del grupo fascista Svoboda” y que confunde mucho a la población, que ve algunas de sus “hazañas” como las de los auténticos luchadores contra el régimen de privilegios y corrupción de Yanukovitch, hasta el punto de que un periodista ucraniano comparó el rol de la ultraderecha con el papel desempeñado por los integristas musulmanes en las distintas primaveras árabes” que, con desigual resultado, recorrieron una parte de Oriente Medio en 2011 y 2012.
“La tragedia de Ucrania  -escribe José Antonio Sacaluga en el digital Nueva Tribuna (**)- es que a un régimen corrompido por los intereses y un autoritarismo trasnochado no se le enfrenta una oposición sólida, inteligente y equilibrada, sino un ramillete de partidos liderados por dirigentes ambiciosos, mediocres o extremistas. El líder más popular es el antiguo boxeador Vitali Klitschko, residente largos años en Alemania (…) cuyo partido (denominado UDAR, siglas en ucraniano de Punch, la bolsa de entrenamiento de los boxeadores) obtuvo un 14% de los votos en las elecciones legislativas. Su programa es exiguo, centrado casi exclusivamente en el combate contra la corrupción, sin entrar en detalles. Ha hecho del acuerdo con la UE su bandera, aunque los diplomáticos europeos reconocen en privado que carece de capacidad para dirigir el país, y menos en estas circunstancias. La otra fuerza emergente es SvobodaLibertad en eslavo. Una denominación engañosa para una formación claramente xenófoba y ultranacionalista. Obtuvo 10% en las elecciones legislativas. Su líder, Oleh Tyahnybok, emplea un lenguaje antisemita apenas disimulado y gusta de inflamadas proclamas nacionalistas que resultan ofensivas para la mitad oriental del país, rusoparlante y tan ucraniana como la occidental. Finalmente, la formación más experimentada es la congregada en la plataforma patrialiderada por Yulia  Timochenko(…)”.
Lo mismo que en las primaveras árabes, o en el movimiento del 15-M y las distintas mareas que llevan meses inundando las calles y plazas de las ciudades españolas, los auténticos héroes de las protestas no hay “que buscarlos en los partidos (…) sino en sectores cívicos bienintencionados pero escasamente articulados: estudiantes y profesores universitarios, activistas de los derechos humanos, periodistas defensores de la transparencia…”

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