martes, 18 de febrero de 2014

CARTA AL MINISTRO DE INTERIOR

Señor ministro del Interior, me dirijo a usted porque como ciudadano me estoy hartando de ciertas directrices que irradian de su ministerio, como esa ley de inseguridad ciudadana, también llamada la ley mordaza, que nos quiere hacer a la medida para que no protestemos, y para que nos salga muy caro hacerlo, que espero no se llegue a aprobar nunca y que sea tumbada por atentar contra los derechos de expresión y manifestación por el Parlamento Europeo.

Jorge Fernández Diaz (Vizcarra)
Pero no es ése el motivo principal de mi queja, señor ministro, que también, sino unas imágenes vergonzosas que yo, y millones de ciudadanos de este país y del extranjero, hemos visto sobre un presunto, para mí claro, maltrato a emigrantes subsaharianos sin nombre, sin papeles, pero tan humanos como usted y yo, que trataban de arribar a la tierra prometida y la pisaron. De la Guardia Civil, tengo que confesarle,  que mi opinión ha cambiado en los últimos años, que de ser un cuerpo policial al que le tenía pavor, como media España, ya no se lo tenía, incluso, le digo, había mejorado ostensiblemente la imagen que tengo por alguna foto, conmovedora, de guardias civiles prestando ayuda humanitaria a esos subsaharianos que llegan a nuestras fronteras exhaustos, tras haberlo perdido todo en su larga marcha por el desierto, y están a punto de perder la vida en el mar, o puntuales actuaciones heroicas de miembros de la Benemérita de las que los medios de comunicación se hacen eco. Pero esa imagen positiva de la Guardia Civil, en donde hay grandeza humana, señor ministro, se ha vuelto a torcer, y tendrá usted que pedir responsabilidades por ello, quizá al director general del cuerpo, o al delegado de gobierno de Ceuta, para saber quién dio esa orden salvaje de disparar pelotas de goma contra ciudadanos del mundo que trataban de alcanzar la costa a nado y no lo consiguieron, o quizá debe de ser usted mismo, señor ministro, el que presente la dimisión por dignidad democrática, cosa que no ha hecho ninguno de sus compañeros de gabinete, así es que no espero que lo haga usted para dar buen ejemplo. Habrá de investigar si esos trece o catorce ahogados, cifra provisional que puede ir creciendo, lo fueron por no saber nadar o porque alguno de ellos fue alcanzado por una pelota de goma que dispararon los guardias civiles desde una patrullera como hemos visto en imágenes, pues los fogonazos y los estampidos son muy claros; habrá de investigar quién dio la orden para disparar pelotas de goma cuando ningún miembro de la Benemérita que esperaba en la playa corría peligro, o si esa actuación desproporcionada de las fuerzas del orden es el protocolo habitual que se sigue contra los emigrantes que tratan de alcanzar a nado nuestras costas salvando la valla de Ceuta.
Le confieso mi simpatía personal por esos seres humanos oscuros, humillados, vejados y anónimos que luchan por tener un futuro digno en nuestro país y que, con los ojos cerrados, los cambiaba por la gentuza, y usted sabe de quién hablo, que en este país nos ha estado esquilmando a todos y no entra en la cárcel, que es el lugar en donde les corresponde por delincuentes, o cuando entran lo hacen a cuerpo de rey esperando salir a la mayor brevedad posible para hacerse con el botín guardado en algunos de los numerosísimos paraísos fiscales que permitimos que existan para que esos rufianes de cuello blanco proliferen. Quizá debiera destinar esas dotaciones de guardia civiles y policías nacionales que tiene para reprimir las protestas o impedir que los emigrantes pasen nuestras fronteras, a perseguir los delitos económicos de los ingenieros financieros que nos están causando un daño insoportable a nuestro país. Le recuerdo además, señor ministro, que le hemos delegado el uso de la violencia y debe administrarla de forma cuidadosa y escrupulosa, no generando más mal del que trata de evitar, pero que su actuación debe de estar al servicio de la nación, y no vemos en esa vergonzosa actuación en la valla de Ceuta de días pasados nada que nos proteja porque no nos sentimos amenazados en ningún momento. También, si me lo permite, y eso le ruego que lo haga llegar a los números de la Guardia Civil que custodian nuestras fronteras, que si sus mandos les ordenan una conducta punible, como disparar pelotas de goma a emigrantes desarmados que tratan de llegar a la orilla, que lo único que hacen es nadar para mantenerse a flote, tienen el deber moral de desobedecer en conciencia. Quizá, señor ministro, si una cadena de desobediencias se hubiera producido en el transcurso de la historia de la humanidad desde tiempos muy remotos, no estaríamos ahora así y la de guerras y muertos que nos habríamos ahorrado.

José Luis Muñoz.

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