martes, 4 de febrero de 2014

Carlos París, el valioso legado de un intelectual comprometido

Rodrigo Vázquez de Prada

Periodista. Co Director de Crónica Popular
Acababa de terminar su último libro, “La época de la mentira”, sobre el que había hablado para Crónica Popular en una espléndida entrevista de la periodista y escritora Enriqueta de la Cruz. Y hace algunas semanas firmó su postrer manifiesto, el titulado “Intelectuales por la III República”, suscrito junto a más de una treintena de escritores, filósofos, historiadores y periodistas, y cuya presentación pública tendría que haber presidido el 18 de febrero, en su querido Ateneo de Madrid.
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© Joan Picornell
Ya no lo podrá hacer. Pero su legado y su rica personalidad estará presente con fuerza cuando esta reivindicación democrática hurtada al pueblo español desde 1939 vuelva a plantearse en el salón de actos del Ateneo de Madrid. Carlos París Amador (Bilbao, 1925- Madrid, 2014), catedrático, filósofo, escritor, intelectual comprometido hasta el final de sus días, se nos ha ido el viernes, día 31 de enero, dejando tras de sí una valiosa herencia en el Ateneo madrileño, que presidió durante cinco mandatos (la primera entre 1997 y 2001) al frente de la candidatura de la Convergencia para la Estabilidad Democrática, que, sin duda, sabrá garantizar y llevar a buen término su programa. Sin que por un momento flaquearan sus fuerzas, Carlos París resistió con firmeza los embates lanzados desde el Gobierno del PP que, en una nueva versión del asalto a la razón, intentó ahogar la voz crítica de una institución que presidiera también quien fuera jefe de Gobierno primero y después presidente de la II República española, Manuel Azaña. Había sido elegido por primera vez presidente del Ateneo en 1997, fue reelegido en 2009 y en 2013 renovó su mandato nuevamente. Y murió ejerciendo la presidencia de la docta casa, como el catedrático, jefe de Gobierno y presidente del Congreso de los Diputados, Segismundo Moret, cuyo centenario se conmemoró el pasado año.
Tenía 88 años pero mantuvo una extraordinaria lucidez y una gran capacidad de trabajo hasta sus últimos momentos. Considerado uno de los grandes pensadores españoles de nuestro tiempo, Carlos París dedicó su vida a la Universidad, a la difusión del conocimiento y a la lucha permanente y sin bajar la guardia por una sociedad socialista. Esa triple proyección de su trabajo intelectual y político la supo combinar con admirable rigor desde las diversas tribunas en las que ejerció su magisterio. Desde su cátedra de Filosofía, la primera en la Universidad de Santiago de Compostela que obtuvo cuando contaba tan solo 25 años, y la última la de la Universidad Autónoma de Madrid, cuyo departamento de filosofía creó y dirigió hasta su jubilación en 1992. A través de las páginas de su amplia producción filosófica y literaria, que abarca más de una veintena de obras, incluidas sus Memorias. Con sus numerosos artículos, publicados en medios de comunicación que acogieron los potentes aldabonazos que lanzaba para quebrar lo que el profesor Vicente Romano denomina la conformación de la mentalidad sumisa. Y, en fin, desde el Ateneo madrileño al que, feliz y pensativo, le encaminaban sus pasos todos los días desde la casa de la cercana calle de Magdalena que compartió con su compañera, la abogada, escritora, periodista y feminista Lidia Falcón, a cuyo homenaje contribuyó también en 2010, con motivo de su 75 aniversario.
En todas estas tribunas dejó testimonio de su condición de intelectual comprometido, de verdadero revolucionario, militante durante muchos años del Partido Comunista de España y solidario con los movimientos de liberación del Tercer Mundo. Un dato este último que merece la pena no olvidar en tiempos en los que el internacionalismo y la solidaridad pretenden ser sustituidos por el nacionalismo de cartera y la insolidaridad con las clases y los pueblos oprimidos. Carlos París, que planteó siempre su convicción internacionalista y su creencia de que “solamente cabe una acción colectiva que no se puede quedar en un solo país”, mantuvo en alto y en todo momento su apoyo y solidaridad con la Revolución popular sandinista de Nicaragua y fue presidente, de 1985 a 1995, de la Asociación Rubén Darío de Amistad Hispano- Nicaragüense. Y, al frente del Ateneo, presidió los actos en los que, en enero de 2011, intervino el intelectual nicaragüense Carlos Fonseca Terán, secretario adjunto de Relaciones Internacionales del FSLN, y, en octubre de 2013, participó Jacinto Suárez Espinosa, Secretario Internacional del Frente Sandinista, al que, en conversación celebrada en el llamado Salón Azaña, recordaba su primera visita a la Nicaragua sandinista y su emoción al contemplar cómo una un soldado montaba guardia ante una humilde escuela,, porque “la cultura tiene que estar protegida”.
Carlos París habló siempre alto y claro, como repiten como loritos quienes no hacen ni lo uno ni lo otro. Y su voz no logró silenciarla ni la persecución ejercida contra él por la dictadura franquista, que lo destituyó como jefe del departamento de filosofía de la Universidad Autónoma, clausurado por la persecución inquisitorial del ministro de Educación Julio Rodríguez, ni las políticas neoliberales y represivas aplicadas por el Gobierno del Partido Popular en los últimos años, que, denegando las líneas de financiación establecidas para el Ateneo, pretendió ahogar o, dicho en otras palabras, laminar, lisa y llanamente, a una institución que fue siempre, desde su creación en 1835, una auténtica vanguardia del pensamiento crítico y libre.
Presidente de la Sociedad Española de Filosofía, a Carlos París se debe una gran labor de renovación de los estudios de esta disciplina así como las primeras reflexiones desarrolladas en España en torno a la filosofía de la ciencia y de la técnica. Su reflexión sobre todo ello, plasmada en obras como Ciencia, conocimiento, ser (1957), Mundo técnico y existencia auténtica (1958) y Crítica de la civilización nuclear (1984), enlaza de alguna manera con los trabajos de otro gran filósofo también desaparecido, Francisco Fernández Buey, empeñado en el engarce entre las dos culturas, la humanística y la experimental, que, a su juicio, debían confluir no ya en una tercera cultura, sino en una cultura sólida y no sólo teórica, tal como plantea en su obra póstuma, “Para la tercera cultura”, editada por El Viejo Topo en fechas recientes.
Junto a las obras anteriormente mencionadas, en su amplia producción teórica destacan otras como su primer libro, Física y Filosofía, editado en 1952 y prologado por el prestigioso matemático Julio Rey Pastor (1888-1962), Unamuno. Estructura de su mundo intelectual (1968), Hombre y Naturaleza (1970), Filosofía, Ciencia, Sociedad (1972), La Universidad española actual. Posibilidades y frustraciones (1974), La lucha de clases (1977), El rapto de la cultura (1978), La función del pensamiento en nuestra época de crisis (1983), Ciencias, tecnología y transformación social (1992) y El animal cultural. Biología y cultura en la realidad humana (1994), así como Ética radical, los abismos de la actual civilización (2012).Carlos París desarrolló también con éxito su potente personalidad intelectual como escritor. Es autor de la novela Bajo constelaciones burlonas (1981), de los relatos integrados en La máquina speculatrix. Cuatro sarcasmos sobre el mundo actual (1989), del ensayo Fantasía y razón. Don Quijote, Odiseo y Fausto (2001). y de su libro de recuerdos titulado Memorias sobre medio siglo, de la Contrarreforma a Internet (2006).
Pero, además, proyectó en los últimos años su atinada reflexión desde la presidencia del Ateneo ejerciendo como una obligación más de su función de intelectual comprometido con los valores de su ética radical, como tituló su penúltimo libro. Todavía hoy resuenan en quienes escuchamos con tanta admiración como respeto su apoyo decidido y resuelto al movimiento feminista y su denuncia de quienes desde posiciones posmodernas proponen la legalización de la prostitución, porque, como sentenció en la presentación de un número monográfico sobre esta cuestión de la revista “Nuestra Bandera”, “ni la aceptación de la prostitución constituye una novedad modernizadora ni se sitúa en el terreno de las ideologías progresistas”, mientras que “ la lucha por la abolición de la prostitución, una superviviente forma de esclavitud, es una parte de la lucha por una sociedad justa y solidaria, en la que se de la igualdad entre hombres y mujeres”. Y en sus escritos y declaraciones se encuentra su disección de la época de la mentira, porque, a su juicio, “la mentira no es ya una noticia engañosa, sino que constituye el cuerpo mismo de nuestra civilización actual”, su abierta crítica a quienes, erróneamente, difunden un rechazo hacia la política y hacia los partidos políticos, porque ese planteamiento también es “otra maniobra del poder” y su advertencia de que, “sin una organización política la pura protesta, y más aún si es sectorial, no es capaz de cambiar las cosas…”
Todas ellas constituyen un valioso legado. El pensamiento y la voz de Carlos París fue en estos años un auténtico y necesario faro que contribuyó poderosamente a la clarificación ante las nuevas generaciones de las .grandes cuestiones todavía no resueltas y que continúan poniendo sobre el tapete de nuestros días la disyuntiva de socialismo o barbarie.
La capilla ardiente está instalada en el Salón de Actos del Ateneo de Madrid hasta el lunes 3 desde las 11.00 horas hasta las 20.00 horas. Las exequias se realizarán el día 3 a las 18.00 horas.

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