domingo, 10 de febrero de 2013

TELECATETOS

Plató de una televisión local

Nacieron al socaire de una legislación inexistente. Crecieron al amparo de vacíos legales y medrando sobre terrenos fangosos. Mostraron la peor de nuestras caras y terminaron creando escuela. Barreda las consagró en Castilla La Mancha con unas licencias faltas de criterio y más cercanas a ganar fidelidades que a facilitar la prestación de un servicio a la ciudadanía. Pocos meses después pagaron el regalo de las licencias con la traición y hoy subsisten sorteando a diario los requisitos contemplados en los pliegos de acceso a las licencias. Son, lo habéis acertado, las televisiones locales.
Cada una de aquellas experiencias mostraba la personalidad de sus promotores. Si el origen estaba en experiencias contraculturales participativas y democráticas mostraban resultados similares a la genial Tele K. Y si el origen estaba en un empresario de tres al cuarto, paleto y fanfarrón, el resultado es lo que todos conocemos por las tierras de La Mancha: Tele catetos.
Miremos con detalle sus contenidos para concluir que solo han servido para mostrar la peor de nuestras caras. La imagen de un pueblo chusco, gañan, pelín hortera y gustoso del chisme, el cotilleo y el grito como forma de argumentar. Si alguien pretendiera evaluar cómo somos en función de la programación de las televisiones locales se vería obligado a retrotraerse a la década de los 50 del siglo pasado. Así nos muestran cada día los brillantes programadores de contenidos en esas teles locales: llenos de caspa, vestidos de pana y con el pañuelo anudado sobre la cabeza o la boina encajada hasta las cejas.
Parece que en nuestros pueblos no hay actividad cultural, no se publican libros, ni se representan obras teatrales. Tampoco hay buenas noticias, salvo cuando toca la lotería que eso genera presuntamente mucha audiencia, solo acontecen sucesos y noticas groseras. La normalidad, el correcto funcionamiento de los servicios, que las personas sean agradables y educadas, la llegada de las cigüeñas o la floración de los almendros no son noticia y prefieren alarmarnos con la tragedia real o inventada, con la maledicencia o la información falaz contra personas o empresas que no se han sometido a las presiones utilizadas para captar clientes publicitarios.
Pero esto no es lo peor. Lo realmente grave es que han creado escuela en función de unas supuestas audiencias que ni ellos creen, porque la población real de Castilla La Mancha y los datos reales de consumo televisivo hacen matemáticamente imposibles las cifras de que presumen. En Castilla La Mancha somos líderes en consumo diario de televisión, pero también lo somos en consumo de las televisiones generalistas y no en contenidos locales.
La crudeza de estos datos ha llevado a TeleCospedal a rivalizar con las televisiones locales en la convicción de que la competencia con los dos grandes grupos generalistas está perdida. Así, ha optado por abandonar una programación de corte regional, orientada a generar identidad territorial, y sumarse al modelo cateto de las televisiones locales. Parece no importarle los fracasados estrenos que acompañan la gestión de Nacho Villa si logran mantenerse en ese escaso 5% al que le interesa ver como bailan una jota los octogenarios de un pueblo perdido o que proyectos ocupan a Loli Álvarez, Malena Gracia o cualquiera de los frikis que nos regalan las TDT locales.
Su apuesta para gourmets son realitys sobre novilleros, folklóricas, (digo yo que podrían unir ambos programas para facilitar el encuentro entre copleras y novilleros y hacer la competencia a Mujeres, Hombres y viceversa….), y para paladares exigentes un western con más caspa que el cine franquista. ¡Claro que, con tal oferta no hay quien se siente ante la pantalla! Los más jóvenes ocupan su tiempo en las redes sociales y en ver televisión a la carta, los de mediana edad nos repartimos entre un buen libro o el “intermedio” y los pensionistas se echan el sueñecito en el sofá con cualquier cosilla…, para dormir, cuanto más cutre sea la oferta antes se coge el sueño. Ese es su público, en clara regresión natural.
Concluyamos pues que ni las televisiones locales ni la TDT han servido para mejorar lo que teníamos antes. Todo lo contrario, solo han servido para rebajar los estándares de calidad hasta niveles infumables, para que los profesionales de antaño sean sustituidos por aficionados incapaces de escribir con sentido y dispuestos a cobrar una miseria, para llevar hasta la desaparición a decenas de medios escritos o radiofónicos con décadas de solera y que no han podido competir con la cutrez y el dumping. En el caso de RTVCM se vislumbra en el horizonte la solución según el modelo TeleMadrid o RTVV: el ERE extintivo para la inmensa mayoría de la plantilla y la externalización hacia empresarios amigos de los contenidos a emitir.
El gobierno tiene ante sí una oportunidad de oro con la reordenación de frecuencias para mejorar los servicios de telefonía móvil. Bueno sería que racionalizara una oferta que ha venido a empeorar lo anterior y dejara más espacio a los desarrollos futuros de la telefonía y las redes sociales ligadas a la fibra óptica y al satélite. Si se exige el cumplimiento de lo establecido en los pliegos con que se adjudicaron las licencias de TDT y TDT local quedará espacio libre y suficiente para mucho tiempo y quizá la profesión de periodista volverá a ser una profesión digna y bien considerada.
Plumaroja

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