viernes, 26 de abril de 2013

ANDALUCÍA EN EL RETROVISOR O EN EL HORIZONTE

Gobierno conjunto PSOE-IU en Andalucía

Tras unos meses de predicar, el cambio del PSOE empieza a dar trigo. Me refiero naturalmente a los acuerdos primero en Andalucía y después extendidos a toda España respecto a la iniciativa de IU Andalucía de proceder a expropiaciones temporales de viviendas propiedad de bancos o inmobiliarias para atender a desahuciados. Pero, como se verá, no es solo eso.
Respecto a la expropiación temporal de viviendas, tras unos primeros compases en que el PP y sus voceros amenazaron con lecturas anticonstitucionales, la rápida intervención desde el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía primero y desde el propio Consejo General del poder Judicial mostraron que la brecha abierta entre la sociedad y la derecha es muy profunda. Tanto que el propio PP y sus agentes mediáticos ya miran hacia otro lado.
Cuidado: esa medida ha salido sin apoyo económico, sin dinero en el presupuesto. Ya hay antecedentes en Andalucía de políticas de vivienda en alquiler de la Junta que, por la misma razón, han sido una estafa tanto a los ciudadanos que nos las creímos como para las PYMES que montaron unas agencias inmobiliarias que tuvieron que cerrar. Por ello, urge que lo que parece ahora mismo un globo muy bonito no se pinche, es decir, que se le dé una dotación económica y sepamos de qué estamos hablando.
Por el contrario, la asignación, también en Andalucía, de cien millones de euros para garantizar unos mínimos apoyos a quienes ya carecen de todo, para que puedan comer, es trigo, no son palabras. Y ahí es donde encuentro que el cambio del PSOE empieza a tomar cuerpo, de ahí este artículo.
Por ahora son prédicas otros cambios en materias sensibles, como el anuncio de modificar el Concordato con la Iglesia Católica, generosamente financiada por el Estado por decisiones, entre otros, del gobierno Zapatero. Y también suenan bien las recientes resoluciones sobre fiscalidad, en las que empiezan a escucharse propuestas que tratan de corregir el abismo que separa a los trabajadores del resto de la sociedad, empresarios y profesionales, quienes eluden el pago cada año de una cifra del orden de los 72.000 millones de euros según los cálculos de los inspectores de Hacienda. Un dinero que, si se recaudara, nos evitaría los recortes y permitiría jugar un papel anticíclico al Estado al tiempo que disminuye el déficit.
Como bien decía Cayo Lara, y ha reconocido desde la tribuna de oradores del Congreso el propio Rubalcaba en este y otros capítulos, bien podrían haber practicado estas políticas cuando tenían el BOE. Pero bienvenidos al club social. Adiós, ojalá que para siempre, al club neoliberal del que forman parte desde el inicio de la transición. Recordemos a Miguel Boyer, a Carlos Solchaga, a Pedro Solbes. Y tengamos presente donde está ahora Felipe González: combatiendo Doñana desde Iberdrola. Era el presidente del patronato de ese reducto natural que se ve ahora rodeado de la actividad gasística de la empresa de la que cobra para poderse hacer una mansión principesca en Marruecos.
Sigo opinando que los partidos en España atesoran demasiado poder y que una nueva Constitución ha de arrebatárselo para dárselo al pueblo, de forma que decida directamente para evitar intermediarios, desvío de dinero público e ineficacia. Como en Suiza, donde cada semestre se va a las urnas a decidir los asuntos importantes. Pero mientras llega ese día, prefiero ver a los partidos de izquierda merecer ese nombre. Y actuar juntos, como ya hacen desde hace décadas CC.OO. y UGT. No es que así se arreglen todos los problemas, como nos recuerdan los ERE andaluces, donde todavía los sindicatos no han empezado a dar trigo tampoco, pero al menos no se crean otros derivados de la mera lucha por el poder.
Plumaroja

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